La modificación de conducta no se consigue a través de la violencia. Todos los padres y profesores deben tener claro que la violencia no tiene cabida en la educación. La violencia como medida disciplinaria es inútil, pues sólo perjudica el desarrollo del pequeño. La modificación de conducta sólo se consigue a través de reglas que ayuden a los niños a conocerse mejor, entender qué es lo que se espera de ellos, y lo que pueden o no hacer.
Consiste en implementar técnicas y estrategias psicológicas dirigidas a mejorar el comportamiento de los niños, ayudar a que desarrollen todo su potencial, manejen la frustración, se adapten a los cambios y seleccionen conductas útiles para lograr sus metas y objetivos.

Técnicas de modificación de conducta
Cuando se trata de modificar conductas en niños, son muchos los padres que se sienten perdidos. A continuación, técnicas útiles de modificación de conducta que se pueden aplicar en casa o en la escuela para conseguir que los niños controlen o corrijan comportamientos antisociales.

1. Técnica de “tiempo fuera”
La primera técnica es muy sencilla y de fácil aplicación. El “tiempo fuera” puede aplicarse para modificar muchas conductas. La esencia de esta técnica consiste en apartar al niño a un sitio que carezca de estímulos positivos para él/ella, un lugar donde no tenga juegos o compañía con la que pueda entretenerse. No se trata de buscarle un sitio hostil, sino un lugar que le resulte aburrido. Debemos conseguir que esté en ese sitio que no le gusta durante un periodo de tiempo.

Pongamos un ejemplo, un niño lleva mucho tiempo viendo la tele, su padre decide apagar el televisor, y es entonces cuando el pequeño hace una gran rabieta. ¿Cómo podemos gestionar la situación? Para aplicar correctamente la técnica de “tiempo fuera” debemos retirar al pequeño a un lugar que resulte poco gratificante. Lo haremos inmediatamente después de que aparezca la conducta indeseable. Sin discutir con él, de forma pausada y tranquila, explicándole detalladamente que cuando corrija su conducta, nosotros estaremos ahí para jugar con él, o realizar una actividad gratificante y divertida.

Esta técnica es muy sencilla, pero tiene un factor muy importante que se debe considerar, y es el tiempo que el niño debe de estar en la situación de “tiempo fuera”. El tiempo debe ser proporcional a la edad del niño, por lo tanto, a cada año que tenga el niño se le sumará un minuto, lo que viene a ser, en niños de cinco años, cinco minutos en “tiempo fuera”. Este dato es muy importante ya que, si no se realiza de esta manera, la técnica puede ser aversiva para el niño y por lo tanto puede no tener los beneficios que deseamos. La edad en el desarrollo del niño juega un gran papel en la conducta del pequeño.

 

2. Técnica de “extinción”
Otra técnica importante, pero que no se suele aplicar correctamente es la “extinción”. Consiste en suprimir las recompensas que el pequeño espera conseguir con su conducta. La mayor parte de nosotros presta atención a las transgresiones, es algo que nos resulta difícil de ignorar, y los pequeños lo saben y lo utilizan en su beneficio. Si nuestro hijo nos contesta mal consigue nuestra atención: emprendemos una discusión, intentamos dar explicaciones, hacerle entrar en razón y convencerle… La técnica de extinción consiste en eliminar todo aquello que refuerza la conducta indeseada del pequeño.

Por ejemplo, un niño que esté haciendo chantaje emocional a su madre para no ir al colegio con comentarios del tipo “me llevas a la escuela para librarte de mí”, “¿es que no quieres que pase tiempo contigo?”, etc. En esta ocasión, aplicaríamos la técnica de extinción de conductas, sustituyendo esos comentarios por algo gratificante. Una práctica adecuada, sería, por ejemplo, preguntar al pequeño sobre sus dibujos animados favoritos, ignorando el comentario que el niño había hecho anteriormente. Hacer como si no le hubiéramos escuchado y quisiéramos iniciar una conversación con él.

En la “extinción” es muy importante que siempre aparezca un sustituto gratificante ya que, si esta técnica se lleva a cabo sin ser acompañada por un estímulo positivo, puede que el pequeño se sienta ignorado, repercutiendo negativamente en sus emociones. Esta técnica no se debe utilizar ante conductas peligrosas.

 

3. Técnica de “modelamiento”
Otra técnica muy útil, a la par que práctica y que se puede aplicar en diversas áreas, es el “modelamiento”. Consiste en imitar a la otra persona haciendo exactamente lo mismo que ha hecho ella. Aquí las neuronas espejo cobran gran importancia.

Un ejemplo útil en el que podemos utilizar esta técnica es a la hora de enseñar al niño una nueva habilidad, como puede ser poner la mesa. Primero la madre o el padre debe realizar la tarea explicando cada paso que da, desde poner el mantel hasta sentarse a esperar la comida. Para ello, debe explicárselo al niño de la manera más didáctica posible para que preste atención.

Por ejemplo, un niño que le gustan los dibujos animados sobre superhéroes se puede imaginar que cada elemento que coloca en la mesa (vasos, cubiertos, servilletas…) es un superhéroe que va a reunirse a la base (la mesa) con el resto e amigos. Los padres deben de ponerle el mismo ímpetu que pondría el niño para que así sea más entretenido. Una vez el padre o madre que ha realizado el modelamiento debe recoger todo lo que había puesto y dejarle al niño que él lo repita ahora sin ayuda.

Si el pequeño se equivocará en algo es bueno no reprenderle y esperar a ver si a la siguiente vez consigue acordarse de lo que anteriormente no había hecho bien.

 

4. Técnica de “economía de fichas”
La “economía de fichas” es otra técnica que puede ser muy divertida para padres y niños. Se trata de establecer un sistema de recompensas en el cuál, para obtener un premio (comida favorita, juguete, excursión, juegos mentales, etc.) deberá desarrollar determinadas conductas deseadas (los deberes, ordenar su habitación, lavarse los dientes, ayudar a poner la mesa…).

Un ejemplo útil, cada vez que el pequeño realiza la conducta deseada se le entregará inmediatamente un reforzador (fichas, puntos) el niño irá recogiendo estas recompensas hasta llegar al número que hemos determinado, momento en el que le entregaremos el premio final. Lo importante de esta estrategia para modificar la conducta, es que el niño se dé cuenta de que obtiene muchos más beneficios y privilegios cuando se comporta de forma adecuada.

Es importante que contemos con una pizarra o cartulina que esté visible para todos los miembros de la familia, donde se pueda ver el estado de los puntos obtenidos semanalmente. Debemos fijar y pactar de antemano los premios que entregaremos. Deben ser recompensas claras y que resulten realmente atractivas para el niño, y deben aparecer reflejadas en la pizarra.

Cada vez que entreguemos una ficha o punto, debemos acompañarlo de comentarios positivos “Estoy muy contento porque te has esforzado”.

Además, en esta técnica se puede incorporar la pérdida de puntos cuando el niño no cumple con el objetivo que tenía establecido. De esta forma se controla muy bien que el niño cumpla con sus obligaciones y no sea castigado con nada aversivo cuando no lo haga. Este sistema es muy útil en los colegios y en la mayoría de ellos se aplica, pero tiene mucha eficacia también en casa.

 

5. Técnica de “intención paradójica”
Es una técnica con muy buenos resultados, pero resulta compleja, ya que se trata de pedirle al niño que haga aquello que justamente nosotros queremos evitar.

Por ejemplo, cuando un niño desobedece continuamente la orden de recoger sus juguetes y siempre se niega sistemáticamente a ordenar. El niño cada día entra en una dinámica de provocación. Qué sucedería si un día los padres le dijeran: Hoy no quiero que recojas, quiero que no hagas absolutamente nada.

La primera sensación que le vendrá al niño a la cabeza será satisfactoria porque no tiene que esforzarse en hacer lo que no le gusta hacer. Sin embargo, en ese momento los padres deben de ingeniar alguna actividad divertida con el resto de los hijos, o entre sí. Como cocinar una receta divertida, contar cuentos, reírse mucho. El niño querrá participar, sin embargo, los padres deben decirle que no, que siga sin hacer nada, que era lo que él quería.

 

Esta técnica tiene varias limitaciones y debe valorarse antes la idoneidad del perfil del niño, ya que puede causar la acción contraria y por ello no resultar del todo útil.

Si después de aplicar estas técnicas de modificación de conducta, el niño sigue sin responder correctamente, siempre se puede acudir a especialistas para que realicen una exploración neuropsicológica completa y puedan descartar cualquier tipo de desorden neurológico.

El bienestar y desarrollo conductual en la infancia, depende de los padres y educadores. Los niños no responden como los adultos, por lo que siempre debe adaptarse todas las modificaciones de conducta a lo que ellos necesiten.
Como dijo Jean Jacques Rousseau: “La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”.

 

 

 

 

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