La idea común es que las emociones son algo que nos sucede. Esto no es cierto. Las emociones son una fuente interna de energía, influencia e información. En sí mismas no son ni buenas ni malas. Lo que vale es lo que hagamos con la información y la energía que ellas producen. Aprender a distinguir sus sentimientos más hondos de los otros estímulos e informes que lo bombardean todo el día es un requisito fundamental de su desarrollo personal como líder o como empleado. Cuando uno tiene conciencia de sus estados emocionales, gana una valiosa flexibilidad de respuesta.
Una emoción es un impulso que nos invita a actuar. Una emoción prepara al organismo para una clase de respuesta. En esencia, todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado. la raíz de la palabra emoción es motere, el verbo latino “mover” además del prefijo “e” que implica “alejarse”, lo que sugiere que en toda emoción hay implícita una tendencia a actuar.
Las cuatro emociones primarias, presentes desde el nacimiento, y las cuatro secundarias, que afloran en los primeros meses del niño y se transforman en sentimientos, forman las ocho emociones básicas.

El poder de las emociones
Apenas tenemos unos meses de vida, adquirimos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Algunos animales comparten con nosotros esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, porque usamos símbolos, signos y significados.
Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.
Las cuatro emociones primarias, presentes desde el nacimiento, y las cuatro secundarias, que afloran en los primeros meses del niño y se transforman en sentimientos, forman las ocho emociones básicas.

Las cuatro primarias
Son respuestas automáticas innatas. Aparecen con gran rapidez porque se procesan en la amígdala, no hay que pensarlas.

Cólera
Es la respuesta emocional frente a la frustración (y, en adultos, frente a la amenaza intencionada). También es la reacción frente al dolor, que avisa de un daño que se debe reparar. Focaliza la atención en los obstáculos que impiden conseguir lo deseado.

Alegría
Favorece la recepción e interpretación positiva de los estímulos, aumenta la energía, el disfrute, el aprendizaje y, a más edad, la creatividad y la empatía. Su expresión es la risa. Otros nombres: felicidad, alivio, apetito, deseo, ilusión, satisfacción, impulso, orgullo, placer, valor.

Tristeza
La reacción emocional frente a una pérdida. Disminuye la energía, la actividad, el apetito y las ganas de vivir. Su expresión básica es el llanto. Despierta la compasión de los demás. Otros nombres: pena, soledad, decepción, desaliento, autocompasión.

Miedo
Reacción a una amenaza inesperada (en bebés, a estímulos muy intensos o la sensación de pérdida del sustento, el “abismo visual”). Focaliza la atención en lo temido, no deja pensar. Otros nombres: ansiedad, inseguridad, desconfianza, timidez, preocupación.

Las cuatro secundarias
También están presentes en el recién nacido, pero se desarrollan más a partir de los 2 meses. Muy pronto, estas emociones se transforman en sentimientos.

Sorpresa
Reacción emocional breve que causa algo imprevisto o extraño. Concentra la atención para procesar informaciones novedosas. Otros nombres: asombro, interés, curiosidad, exploración, descubrimiento.

Vergüenza
Es una emoción y un sentimiento de reproche contra sí mismo por algo que ha hecho y que sabe que está mal. O por una limitación, real o figurada, que le desvaloriza y le hace temer la burla. Otros nombres: culpa, inseguridad, timidez, ridículo, mortificación, remordimiento.

Amor
La emoción más poderosa, sobre todo cuando se combina con la alegría. Favorece todos los procesos cognitivos, la empatía, la comunicación y el bienestar. Otros nombres: aceptación, afinidad, confianza, amabilidad, dedicación, deseo, atracción, pasión, autoestima, admiración.

Aversión
Como emoción, también se llama asco: la respuesta de escape o de rechazo a algo desagradable (protege de lo potencialmente dañino). Como sentimiento, es el odio: la aversión a algo o a alguien, que provoca displacer y que conduce a la ira o a la tristeza. Otros nombres: repulsión, desdén, desprecio, celos, envidia.

 

 

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