El ritmo de vida que llevamos nos ha convencido que estar constantemente ocupados e ir de prisa, es lo que les da valor y sentido a nuestras vidas y a la de nuestros hijos. Sin embargo, te contamos por qué debemos criar despacio y cuáles son las ventajas de hacerlo.

Beneficios de criar despacio

Parece obligado que los niños estén sujetos a apretadas agendas para aprender, para desarrollarse, para socializar; apenas nacen y ya estamos planeando distintas actividades para ellos; crecen un poco y vamos llenando su tiempo de clases, eventos y, nosotros mismos estamos igual, apurándonos de un lugar a otro sin tomarnos el tiempo siquiera para pensar en consciencia qué es lo que realmente queremos hacer o, dejar de hacer.

 

Ese mismo tren de vida nos ha enfocado por años en el afuera, en las expectativas ajenas, sobre nuestra persona y sobre nuestro desempeño y el de nuestros hijos. Nos ha hecho creer que todos “debemos pertenecer para ser felices”, y bajo esa forma de vida, hacemos lo que la mayoría hace, es decir; elegimos ciertas conductas, ciertos espacios para convivir y hasta cierta apariencia y esperamos que nuestros hijos hagan lo propio.

 

Debemos empezar a criar despacio y dejar de competir. ¿Competimos?, ¡por supuesto que sí! “mi hijo ya gatea”, “el mío habla dos idiomas a los cinco años”, etc., y así vamos criando de prisa, pensando que los momentos de cargar, de arrullar, de enseñar a caminar, de quitar el pañal, de las tardes de jugar o de ir y venir de la escuela y de las actividades vespertinas será para siempre.

 

Nos ahogamos en mil vasos de agua porque apenas tenemos tiempo para nosotros, hasta que un día todo se para, se pausa y baja la velocidad, es obligado para todos y nos toca de manera inminente, aprender a hacer las cosas de manera distinta y por fin, nos guste o no: criar despacio.

 

Un buen día, de manera casi utópica la vida cambia y se nos exige la pausa: una cuarentena inesperada nos hace quedarnos en casa para estar saludables y seguros, pero también nos lleva a convivir y conectarnos con nuestros hijos fuera de ritmo y estamos en el camino de hacerlo.

 

Para este tiempo te sugerimos ceder, bajar la velocidad y ojalá, aprender a disfrutar, criar despacio. A todas las personas tener certeza nos da calma y nos hace sentir seguros. Es fácil confundir la certeza con la prisa y con la agenda cargada de actividades, cuando a veces lo que corresponde es simplemente saber y sentir que todo va a estar bien.

 

Hablamos de bajar la velocidad al educar, al formar, significa conectar y poner atención de manera presente a las personas que son nuestros hijos, identificar quiénes son (no sólo qué color les gusta o cuál es su superhéroe favorito), sino saber sus intereses y miedos, sus deseos y sueños, la misión que tienen en la vida, sin importar qué edad tienen.

 

Criar despacio es valorar lo que sí tenemos aun cuando tenemos que restringir mucha de nuestra forma de vida, es poner atención a lo importante, como el tiempo que pasamos en familia, como las conversaciones de valor que tenemos con nuestros hijos y los recuerdos o experiencias que estamos construyendo con ellos día a día. Los niños cuando crecen no recuerdan a cuántas clases asistían en la semana después de la escuela, pero sí recuerdan si tenían tiempo para jugar o no.

 

Se trata justo de poder relacionarnos con nuestros hijos de manera directa, sin intermediarios: escuelas, familia extendida, abuelos, clases extraescolares, amigos, trabajo, y tardes llenas de cosas que hacer. Hoy tenemos la oportunidad de sólo ser y de sólo estar. Estaría increíble que lo podamos agradecer y disfrutar.

 

No es sencillo, no va a ser fácil cambiar los patrones aprendidos, pero es importante estar atentos a los cambios que nos está exigiendo la vida, si hoy aprovechamos este tiempo, este espacio de estar juntos, de estar en familia como normalmente no podemos, algo importante va a cambiar en nosotros y en el mundo. Es un buen momento para disfrutar de bajar la velocidad y reconocer que estar cerca y estar en familia es maravilloso, que si tenemos el privilegio o la necesidad de vivirlo, igual es para estar sanos y seguros.

 

De criar despacio podemos aprender mucho y podemos aprender todos, elegir en calma lo que día a día va a ser nuestra prioridad: que no serán ni la casa limpia, ni las mil tareas escolares cumplidas, sino crear una sensación real de seguridad en casa, de amor, de certeza para cuando la normalidad se instale de nuevo y que maravilloso será si cambiamos para bien y todos nos convertimos en una mejor versión de nosotros mismos.

 

Recordemos que los niños necesitan muy poco para estar bien y para sentirse felices, que habrá de nuevo tiempo para todo, pero que este tiempo es un regalo para reconocernos en la mejor versión posible como padres. Las rutinas siempre sumarán estabilidad a los hogares, pero no te enfoques en cumplir todo como si fuera una imposición, se aprende más de la vida que de la escuela.

 

Ten calma y establece rutinas especiales para este tiempo especial, ser más relajados nos va a dar calma y podremos recordar este tiempo como el momento en que valoramos todo y en el que estuvimos juntos y tranquilos, que el hogar sea un oasis y no una cárcel y que los nuestros sean una bendición.

 

Ríndete a la pausa, baja el ritmo, cría despacio y ten paciencia. Hay muchos regalos detrás de tantos cambios, abre los ojos y el corazón para que puedas reconocerlos

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