Nos despertamos, nos duchamos, desayunamos, vamos a trabajar, comemos, volvemos a trabajar, volvemos a casa, charlamos un poco con nuestros seres queridos, hacemos tareas varias, vemos la televisión o hacemos deporte, cenamos, dormimos… y volver a empezar. Una gran cantidad de personas se sentirá identificada con esta sucesión de acciones, siendo en realidad su rutina diaria o casi diaria. Muchos de ellos habrán suspirado con cierto aburrimiento.

Y es que la rutina es monótona, siendo para muchos algo aburrido o limitado y generando el deseo de introducir alguna que otra variación. Pero la pregunta es… ¿cómo hacerlo?, ¿Cómo salir de la rutina?

Salir de la rutina implica llevar a cabo acciones diferentes de las que hacemos normalmente, algo que dicho así puede ser fácil, pero en realidad tiene cierta complejidad. Es por ello que en este artículo vamos a ver diferentes pautas para introducir cambios en nuestro día a día y salir de nuestra rutina.

 

 

1. Identifica tu rutina
El primer paso para ser capaz de salir de la rutina es reconocer que esta existe, y ser capaz de identificarla. Si consideras que tienes una vida muy rutinaria deberías tener en cuenta qué es lo que haces en el día a día y que se repite de forma continuada.

 

2. Valora que hace de ella que sea desagradable
Una vez identificada la rutina que seguimos es necesario valorar qué de todo ello nos desagrada, nos produce rechazo o nos hace sentir estancados. Puede ser útil hacer un autorregistro o un horario de nuestro día a día en que valoremos además qué nos hace sentir cada actuación.

 

3. Plantéate qué cambios quieres
¿Qué quiero conseguir?, ¿Qué tan alejado estoy de ello?, ¿Qué puedo hacer para acercarme? Estas tres preguntas son fundamentales. Se trata de plantearse qué es lo que se quiere y qué aspectos de la rutina nos acercan y cuales nos alejan. También hay que valorar que estamos dispuestos a hacer para cambiar. En ocasiones puede ser necesario romper por completo con los esquemas previos (por ejemplo, cambiar un trabajo que no nos satisface o cesar una relación que no nos llena).

 

4. Come y duerme adecuadamente
La alimentación y el sueño son algunos de los elementos que menos se suelen tener en cuenta y que sin embargo son de los que más importancia tienen a la hora de explicar nuestro bienestar. Ello también influye en la percepción de la vida como rutinaria. Es importante que el comer y el dormir sean actos en que estemos centrados en lo que hacemos y que lo hagamos bien: dormir suficientemente y comer de manera equilibrada es imprescindible para mantener nuestra salud tanto física como mental.

 

 

5. Separa espacios
Una de las cosas que puede hacer que veamos nuestro día a día como rutinario es el hecho de que lo hacemos todo en cualquier momento y lugar. No es infrecuente que espacios y acciones se entremezclen, siendo difícil separar los distintos momentos y resultando sencillo que aparezca una sensación de continuidad de la que nos cuesta desconectar. Debemos separar espacios y momentos, teniendo cada cosa su momento y su lugar y generando una ruptura entre las distintas tareas: no trabajes estirado en la cama o en el mismo sitio donde comas.

 

6. ¿Qué te gusta o deseas?
Uno de los aspectos que nos va a permitir cambiar nuestra rutina pasa por empezar a valorar elementos que no practicamos en nuestra rutina y que sin embargo nos gustaría implementar. Pregúntate cuáles son tus hobbies o qué llama tu atención. Tal vez nos guste hacer ganchillo, escalar en un rocódromo o ir a la ópera. El ocio es importante, y a menudo no aprovechamos los momentos que tenemos libres. Es importante generar momentos en que podamos cultivar nuestros gustos.

 

7. Ponte nuevas metas
Quizás una de las formas más importantes y que mayor cambio puede llegar a generar es la idea de formarse una meta u objetivo, algo en lo que podamos centrarnos y que nos resulte altamente motivador.
Dichas metas pueden ser prácticamente cualquier cosa, pero la cuestión es que sean algo alejado de nuestra actividad cotidiana. Por ejemplo, aprender a tocar un instrumento, hablar un idioma, estudiar una carrera, bajar de peso, hacer un viaje o voluntariado o realizar deporte pueden ser metas algo distintas de lo habitual. Es incluso posible que la meta sea cambiar de trabajo o encontrar pareja. Eso sí, tienen que ser metas realistas.

 

 

8. Genera pequeños pasos intermedios para llegar a la nueva meta
Nuestras metas originales pueden ser complejas de llevar a cabo si el objetivo es muy ambicioso. Sin embargo, ello no quiere decir que no debamos intentarlo. Deberemos establecer pequeñas metas intermedias que nos permitan acercarnos poco a poco al objetivo final, siendo estas metas también algo estimulante por sí mismas.

 

9. Comprométete y persevera con el cambio
Está muy bien hacer planes, pero de nada sirven si no existe un compromiso firme a llevarlos a cabo. Tenemos que tener en cuenta que pueden aparecer dificultades y obstáculos, pero deberemos ser capaces de ser resolutivos y afrontar que un cambio requiere un esfuerzo.

 

 

 

Leave a comment