Una de las cosas como padres que más queremos para nuestros hijos es que crezcan con una autoestima fuerte y sana, que les ayude a afrontar el día a día con optimismo y creyendo en ellos mismos. Para ello les dejamos a continuación 10 pautas para mejorar esa autoestima y reforzar la personalidad de tu hijo:

 

Ponle límites: ya sea un niño pequeño como adolescente, los niños necesitas tener límites, saber hasta dónde pueden llegar con nosotros, necesitan horarios. Esto les generará seguridad porque sabrán que existen límites en tu familia, en el coche, en la casa… Si no pusiéramos límites fijos inconscientemente nuestro hijo no sabría dónde ubicarse, esta- ría perdido sin saber lo que puede y lo que no puede hacer. Ejemplos: saber que en la mesa no se juega, que a las 8 hay que estar en la cama, que pegar está mal, que a papá y a mamá no se les grita, etc.

 

Critica la conducta pero no la persona: como padres, tenemos que decir a nuestros hijos lo que está mal de sus acciones, pero tenemos que intentar evitar caer en la facilidad de hablar mal de ellos. Siempre será mejor referirnos a que él hizo una conducta mala, a decirle que él es malo. Ejemplo: si mi hijo se ha portado mal en casa de sus abuelos porque ha hablado mal a su abuela siempre será mejor decirle “esa forma de hablar a la abuela está mal” que “eres muy mal hablado y eso no se le hace a la abuela”. Como ves, en la primera hablamos de lo que ha hecho, de su comportamiento, mientras que en el segundo ejemplo hablamos de cómo es él, afectando por tanto en este último a su autoestima.

 

Establece metas para tu hijo: irse marcando pequeños retos  y consiguiéndolos es  una  de las causas de la felicidad. Si le proponemos pequeños retos como juegos y él los logra, se sentirá mucho más capaz  y más valioso, además de estos otros aspectos positivos:

 

Motivación: el pequeño empezará a pensar en conseguirlo y se motivará por dentro.

 

Organización: empezará a pensar qué tiene que hacer para lograrlo y así empezará a estructurar su mente y su tiempo para ello. Te sorprenda que llegue un día y te diga que no te acompaña al súper porque se queda en casa preparando lo que quiere conseguir.

 

Superación: si se encuentra algún obstáculo por el camino desarrollará su creatividad para superarlo. Esto también le hará salir de su zona de confort y descubriendo otros aspectos de su personalidad que le ayudarán a ir avanzando, que quizás, pensaba que no tenía.

 

Gestionar sus emociones: desde pequeñitos, si hablamos con ellos de lo que sienten e intentamos entre todos ir averiguando lo qué siente y de qué manera lo hace, les iremos enseñando a ser más inteligentes emocionales. Identificar sus emociones y saber qué significan le ayudará una barbaridad a lo largo de toda su vida. Ejemplo: si notamos a nuestro hijo nervioso o agitado podemos sentarnos con él y preguntarle que qué es lo que siente, a lo que él podría decirnos que siente un remolino en la barriga o un bicho que le sube por dentro de su cuerpo. Podríamos también preguntarle si se da cuenta de que está diferente a cuando está tranquilo y entre los dos averiguar por qué y qué necesita para volver a un estado de calma. También puede ser efectivo esto cuando hayan pasado una rabieta, hablar con ellos sobre qué sintieron antes, durante y después de la misma, para hacerles más conscientes de qué es lo que sienten cuando se van a enfadar, así la próxima vez podrán detectarlo y quizás ponerle freno.

 

No compares: especialmente en hermanos que se llevan pocos años o en gemelos y mellizos, comparar a tu hijo con hermanos suyos o amigos le hará sentirse peor ya que le estamos diciendo que hay otra persona (que además él quiere) que lo hace mejor. Si esto se produce frecuentemente puede pasar que nuestro hijo acabe cogiendo manía a la persona con la que lo comparamos. Los padres comparamos para que, fijando ese referente, pueda copiarlo en esa parte positiva que marcamos. Pero si en vez de ello, le decimos cómo queremos que se comporte, indicando las características de esa actitud, evitaremos esa comparación y sentimiento de inferioridad.

 

Habla  bien  de  tu  hijo  delante de él: cuántas veces nos paran en la calle y nos preguntan por la actitud de nuestros hijos “¿son traviesos?”. Y como acabamos de hablar de comparaciones, cuántas veces nos preguntan (en caso de varios hijos) “¿cuál es el más trasto?” o “¿el más educado?”, o “¿el más simpático?”. Estas ocasiones son perfectas para reforzar de forma muy potente la autoestima de nuestros hijos, ya que, si nos escuchan hablando de ellos a otras personas de lo buenos que son, no solo conseguiremos que se sientan mejor, sino que esta- remos también reforzando esa conducta y facilitando que se vuelva a repetir. Estas situaciones también valen para las veces que viene alguien a casa y están nuestros hijos jugando al lado y nosotros hablando de ellos, porque también nos escuchan tomando nota de todo lo que decimos de ellos. Por ejemplo: si decimos que nuestros hijos se comportan muy bien, que el mayor es muy responsable y el pequeño suele jugar y compartir con los niños nuevos que conoce, estaremos haciendo inconscientemente que nuestros hijos se comporten de ese modo.

 

Normaliza sus errores: cuando escuchamos a nuestros hijos culpándose por cosas que han hecho mal o hablándose de malas formas por algo que han hecho y no les ha salido como querían, entonces es nuestra oportunidad para reducir esa carga de culpa y normalizar lo ocurrido. Cuando son pequeños y no les sale algún juego o no consiguen montar algo, o incluso cuando son más mayores y por su actitud han tenido problemas con alguien… podemos aprovechar para decirles que no son tan malos como ellos están diciendo, que eso le ocurre a otras personas., etc. Aunque creamos que no nos están escuchando (especialmente en la edad adolescente), les estará sirviendo mucho. Es importante aquí el intentar evitar comentarios del tipo “eso no es nada”, “no tiene importancia”, ya que para ellos puede ser cosa de vida o muerte. Será mejor decirles “parece que para ti supone un problema muy importante (mostrando empatía) pero si lo piensas, nos puede pasar a cualquiera”.

 

Celebra sus logros con él: completamente relacionado con el punto anterior, es necesario que valoremos y celebremos las cosas que nuestro hijo va consiguiendo. Es importante que nuestro hijo note que para nosotros es importante y participar con él de esa alegría. Es fácil conforme van creciendo que vayamos dando por hechas ciertas cosas y que nos mal- acostumbremos a ellas (como por ejemplo un niño inteligente que siempre trae buenas notas del colegio). No debemos dejar por ello de celebrarlas y de alegrarnos como el primer día, aunque siempre traiga buenas notas, su trabajo y esfuerzo tienen que ser recompensados.

 

 

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