Se detuvo el planeta entero y mágicamente la naturaleza resurgió. Los virus fuimos nosotros, los humanos, que al encerrarnos dejamos fluir el ritmo natural de la Madre Tierra.
¿Y qué pasó adentro de cada reclusión? ¿Cómo se fueron develando la conducta, la comunicación, los sentimientos y la nostalgia de la rutina perdida? ¿Cómo fueron llegando la impaciencia, la frustración, el enojo, la impotencia y sobre todo el miedo? Todo aquello que guardamos mientras estamos activos o en evasión.
¿Es la pauta que los provoca o es que los demonios internos encontraron el espacio para salir? Se alejan paulatinamente la paz, la ilusión y la alegría; afloró la incertidumbre y algunos ganan insomnio, estrés y otros tantos tienen el ingenio, la creatividad y la fortaleza de solventar la situación.
Cada encierro es diferente, pues cada persona y cada núcleo familiar tienen sus propios afanes cotidianos. Es en estas situaciones donde descubrimos nuestras reacciones, formas reales de pensamiento y cómo enfrentamos el caos; quién oculta su cabeza como el avestruz y niega la realidad, y quién toma las precauciones y cuidados necesarios.
Se revelan las miserias humanas en todo su esplendor y surge el reto de resolver en las medidas que se pueda o hundirse en la angustia y la ansiedad. Se estrecha la capacidad intelectual y emocional o se abren canales que nos permitan cada día hacerlo amoroso, divertido, con luz, actividad y terapias ocupacionales tan sencillas como cocinar, leer, bailar, amén de muchas otras.
La decisión es personal, las herramientas son diferentes, las experiencias diversas, pero el reto es el mismo. Ahora en tiempos de pandemia, tiempos de reflexión, ¿cómo lo estás tomando tú?
Namaste.

Por: Paty Maytorena

Yoga Master
patymaytorena@hotmail.com
Cel. 667 751 2884

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