Estamos viviendo circunst ancias no previstas, lo conocido en cuanto al coronavirus era visto lejano, muy lejano, y llegó haciendo de las suyas tomándonos hasta cierto punto por sorpresa, incluyendo a los muchos que no lo creían real. Es un cambio de vida en todos los aspectos para la mayoría como lo hemos estado viviendo cada uno en el planeta entero, y uno que me ha sorprendido es el cambio en el campo de la educación.
Tengo dos nietos en primero de primaria, las clases son breves y por zoom cada tarde; en las pantallas se ven las caritas y su maestra dirigiendo y explicando a los chiquitos. Me encanta ver en los videos que me mandan mis hijos esa facilidad de adaptación que tienen los niños con la tecnología, los jóvenes ni se diga pues han crecido en un mundo cibernético.
La clave en tiempos inéditos es la actitud y procesamiento de un nuevo reto pues el cambio existe y ha existido siempre, es constante cada día y a cada momento. El campo de la educación ya tenía incluida la enseñanza a distancia vía internet con carreras, maestrías en línea, cursos, diplomados y demás para quien así lo decide. ¿Qué pasa cuando a todos obligadamente por las circunstancias se les impide asistir a un plantel y dejan de interactuar con sus compañeros, de asistir a las áreas recreativas y entonces se pasa a un computador dentro de un área cerrada?

 

 

Las consecuencias ya se están viendo, buenas y no tan buenas, como todo, tiene sus ventajas, primero que nada, se está libre de riesgo de contagio, hay más cercanía con la familia, no hay que salir corriendo entre cientos de autos para llegar a tiempo, etc. ¿Y cuando el personal de enseñanza o los mismos alumnos no tienen internet? ¿O un computador? O lo peor, ni siquiera saber usarlo aunque lo adquieran. Necesitamos pensar que no todos estamos en las mismas circunstancias, no es lo mismo educación privada que pública.
Me comentaba una señora que fue mi empleada doméstica hace ya varios años y quien se graduó de maestra mientras trabajaba en mi casa, que su campo de acción es una primaria de gobierno en Los Cabos; sus alumnos extrañan sobremanera la escuela, a los compañeros, la libertad de poder salir, son chiquitos de primero que viven en casas humildes y pequeñas sin siquiera internet, ya no digamos aparatos tecnológicos, algunos no tienen ni siquiera un televisor. Esos chicos han perdido su libertad y parte del sentido de su vida que es estudiar, aprender, socializar y todo lo que ofrece una escuela.
Son los años mágicos del cerebro que se nutre del aprendizaje y las experiencias enriquecidas del saber conociendo un mundo amplio y nuevo como la naturaleza, los números, la historia, las reglas del idioma, el universo, etc. Es un gran vuelco para chicos y papás, no nos preparamos para tanto; si ya existía un retraso en el sistema educativo este giro nos apremia a encontrar nuevas formas de enseñanza, el factor fundamental serán los papás y el entorno en el que se encuentren y, quién sabe, tal vez aprendan más de lo que pensamos, probablemente se recuperen los valores que veíamos perdidos como la generosidad, la paciencia, el compartir en familia, el ayudar al más vulnerable y muchos más.

 

 

La educación es más que académica, necesita ser también formativa, si no aprovechamos esta pauta en el tiempo estamos perdiendo una gran oportunidad de sensibilizarnos como seres humanos que somos, estemos donde estemos y con la situación que nos ha tocado hemos de forjarnos mejores que antes, más receptivos, más respetuosos y empáticos, porque afuera los retos serán grandes y serán los que en este resguardo crezcan su alma, espíritu y voluntad quienes sabrán enfrentarlos.
Namaste.

Por: Paty Maytorena

Yoga Master
patymaytorena@hotmail.com
Cel. 667 751 2884

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