Partamos de que los novios al contraer matrimonio –en cualquiera de sus modalidades, civil o religioso, se prometen entrega total, fidelidad y sobre todo toman en serio su mutuo compromiso como dice el Papa Francisco en Amoris Laetitia. Salta a la vista que no existe espacio para el flirteo a través de medios electrónicos, sistemas de mensajería instantánea o redes sociales sin atentar contra los fundamentos, ya no religiosos sino legales y morales, sobre los que se establece el contrato matrimonial (porque el matrimonio es también un contrato, por si no lo sabían). Continúa diciendo el Pontífice que, libertad y fidelidad no se oponen, más bien se sostienen mutuamente, tanto en las relaciones interpersonales, como en las sociales. Efectivamente, pensemos en los daños que producen, en la civilización de la comunicación global, la inflación de promesas incumplidas. El honor de la palabra dada, la fidelidad a la promesa, no se pueden comprar ni vender. No se pueden imponer con la fuerza, pero tampoco custodiar sin sacrificio.

El simple hecho de la palabra engaño ya forma un revuelo en la mente y más en los sentimientos, una infidelidad es eso, un engaño, una mentira, no hay justificación alguna o pretexto, no hay infidelidad chica, mediana o grande, sólo las hay, el resto es buscar una justificación ante tan devastador hecho.

Cuando descubres que te ha sido infiel tu pareja, todo un mundo se te viene abajo, en todos los aspectos de tu vida, porque cuando comienza una relación, como ya lo mencioné antes, no hay nada más que la palabra dada y empeñada con un cúmulo de sentimientos implícitos, pierdes la confianza a la persona amada y admirada, con quien compartías tu vida, tu intimidad y ese es tal vez el punto más importante y duro en estas situaciones tan complejas del ser humano.

Sin embargo, hay cosas rescatables en todo esto, se podría decir que es el amor, la familia, los hijos y un sinfín de situaciones que podrían rescatar a la pareja. No es una tarea fácil, porque mucho recaerá en quien cometió el error de engañar, tendrá que dejar mentir y decir la verdad, desear recuperar la confianza de tu pareja y eso lleva tiempo, espacio, principalmente sacrificio y sinceridad, respeto en los tiempos para que tu pareja supere el hecho de ser engañada, apoyo psicológico para ambos y algo muy importante es ponerte en el lugar del otro, qué hubieras hecho si fueras la persona engañada, hasta ese momento comienzas a comprender la magnitud del error.

Así mismo, recuerda, tú no eres por ningún motivo responsable de las acciones o decisiones que tu pareja tomó al engañar.

Más claro ni el agua. Como dice el filósofo de Güémez: La ocasión hace al ladrón y… una cosa lleva a la otra. Se es o no se es fiel, igual que se está o no se está embarazado. No se puede ser “un poquito” infiel, de la misma manera que no se puede estar “un poquito embarazado”. Pero hay quienes gustan matizar de colores las realidades que solamente son de blanco y negro.

La pérdida de valores que desgarra el tejido social en nuestro estado nos demanda hoy que asumamos y vivamos con integridad y sobre todo con dignidad los compromisos que libremente hemos asumido con amor. Y todo empieza, para bien o para mal, en cada casa, en cada familia. Tú eliges, tú decides.

No bajes los brazos antes de tiempo, siempre hay una luz al final del camino.


Por: Psic. Clínica Erendira Paz

erendirapaz2017@hotmail.com

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