Por: PAUL Mc GREGOR

 

En la tercera de sus entrevistas con personas que dejaron su país de origen para venir a vivir a Sinaloa, Paul McGregor habla con los hermanos, Silvério y Malamine Nimaga de Francia. Silvério llegó a Sinaloa en 2010 y su hermano un año después. Son dueños de la panadería francesa Douce France, ubicada en la Avenida Obregón #383, Culiacán.

 

Paul McGregor: Me gusta empezar estas entrevistas brindando a nuestros lectores algunas impresiones del país que mis invitados han dejado para venir a Sinaloa. ¿Pueden hablarnos de su ciudad natal en Francia?
Silverio: Nací en París, pero, siendo aún niño, nuestra familia se mudó a Castres, ciudad al sur del país, a unos 80 km al este de Toulouse. Tiene una población de aproximadamente 42,000 habitantes y es conocida por su Museo Goya, que alberga la más grande colección de pintura española de Francia. La región se llama ‘le Midi.’ Es diferente del norte de Francia, incluso el acento. Por ejemplo, basta con que yo diga la palabra “pain” (el pan) y sabrá que crecí en esta región. La gente del Midi cuándo habla parece que canta.
Malamine: Olvidaste lo más importante. ¡El rugby! El rugby es casi una religión para mucha gente de allí. Es para los Castrais lo que es el béisbol o el futbol para los Culichis y Castres tiene varios equipos.

 

PM: Si nuestros lectores quieren saber donde se ubica Castres, basta con comprar una cajita de sus deliciosos macarons, ¿verdad?
Silvério: Así es. El paquete presenta un mapa de Francia con varias ciudades – Paris, Dijon, Lyon, Bordeaux y, ¡por supuesto! Castres. A través de nuestros productos y en el contacto que tenemos con la gente que visita Douce France tratamos de dar a conocer Francia.

 

PM: No es su primera experiencia de vivir fuera de Francia, ¿verdad?
Malamine: Si. Nuestro padre era de Malí en África Occidental y vivimos allí durante un tiempo cuando éramos niños. También vivimos en Costa de Marfil, un país al sur de Malí. Nuestra madre es de Galicia en España y nosotros pasamos todas las vacaciones con nuestro abuelo que vivía en Barcelona, y allí aprendimos a hablar Catalán. De tal manera que, siendo niños, vivíamos en la encrucijada de tres culturas: francesa, africana y española.

PM: Y ahora está agregando la cultura mexicana. Cuéntanos cómo llegó a Sinaloa.
Silverio: Yo llegué primero, en 2010. Soy profesor de francés, y estaba buscando un cambio. Quería conocer otro país. Entré al sitio web de empleo del gobierno francés y puse América en el criterio de búsqueda. Mi idea era México, Argentina o Cuba. Surgieron dos ofertas: una en Nueva York y otra en Culiacán. Elegí Culiacán. ¡¿Quién no lo haría?! El Instituto Chapultepec me ofreció un contrato por un año. Llegué en 2010, el año del Bicentenario y recuerdo todavía el patriotismo que expresaban los mexicanos. Me gustó, porque soy muy patriota también.

 

PM: ¿Sabías algo de Culiacán antes de venir?
Silvério: Desafortunadamente, Culiacán no tiene una reputación muy positiva en el extranjero. Cuando les dije a mis amigos franceses que iba a venir aquí, ¡todos me advirtieron que podría recibir un disparo en la calle! Pero mi mamá y mis hermanos me apoyaron mucho. Siempre me animaron a salir adelante y descubrir el mundo.
Malamine: Las reputaciones pueden ser falsas. Por ejemplo, a veces representan los mexicanos como gente floja. La imagen es de un hombre dormido bajo de una palmera con un enorme sombrero. Pero, en Culiacán, la gente es muy trabajadora. Muchos tienen dos y hasta tres empleos y trabajan sin descanso, a veces 7 días por semana. Así que viajar es importante porque permite a uno descubrir la verdad detrás de los estereotipos.

 

PM: Ahora, diez años después y todavía siguen aquí.
Silvério: Sí. Disfruto mucho de Culiacán desde que llegué. Como mi madre es española, no tuve dificultades con el idioma. Me gustó el hecho de que Culiacán no es un destino turístico y no hay demasiados extranjeros, ¡como usted y yo! Y me gustó la escuela, así que cuando me ofrecieron un contrato por segundo año, acepté. Disfruté descubriendo otras partes de México. Recuerdo una vez, regresando de un viaje, estando en el aeropuerto de la Ciudad de México anunciaron la salida del vuelo a Culiacán, y de inmediato pensé: “¡Regreso a casa!” Fue un momento clave para mí. ¡En ese momento, supe que mi visita a esta ciudad iba a durar más de dos años!
Malamine: Y luego yo vine a visitar a mi hermano y, después de solo un mes, decidí: “¡Me quedo!” De inmediato me sentía como en casa aquí. Culiacán es muy diferente de Francia, evidentemente, pero también diferente, por ejemplo, de Guadalajara, una ciudad que me recuerda mucho Europa. En Culiacán la gente es muy cálida. Me hace pensar un poco en África, porque la vida no esta tan regimentada como en Europa.

 

PM: ¿Cómo empezaron con la panadería?
Malamine: Soy panadero de formación. De niño me gustaba observar cuando mi hermana cocinaba pasteles los domingos en la casa. Me fascinaba como la masa se levantaba a causa de la levadura. Me parecía algo mágico. Era una aventura y un reto establecer una panadería francesa en Culiacán. He escuchado que en el pasado había una, pero no he descubierto donde estaba ubicada. Tardamos dos años y medio en montar el proyecto. Nosotros empezamos en la planta baja de nuestra casa y todos los ingresos los reinvertimos en el negocio. En octubre de 2016 abrimos la panadería Douce France aquí en la Avenida Obregón.

 

PM: ¿Cómo es el trabajo de panadero?
Malamine: Se necesita una formación que, en Francia, dura por lo menos 3 años. Trabajo cinco días por semana y mi día empieza a las cinco de la mañana. Preparo la masa para las baguettes y les viennoiseries. Trabajo con un cronómetro porque hay un tiempo determinado para la mezcla de la masa, su reposo y su tiempo en el horno. La preparación de nuestros productos artesanales necesita mucho cuidado.

 

PM: Nunca salgo de Douce France sin comprar unos de sus panes con chocolate. ¿Ustedes encuentran todos los ingredientes para sus panes sin problema?
Malamine: No todos. El chocolate, nosotros los europeos lo debemos a México. Hernán Cortés regresó a España con el ‘xocoatl’ que Moctezuma le servió. Pero, curiosamente, mi chocolate está procesado en Francia porque no lo encuentro aquí de la calidad, forma y tamaño requerido.

 

PM: Y cuando no están trabajando, ¿cuáles son sus pasatiempos preferidos?
Silvério: Me gusta el baloncesto. En el Instituto Chapultepec, además de dar clases de francés, fuí entrenador de basket durante un año. Muchas de las amistades que tengo aquí las hice gracias a mi trabajo y al deporte.
Malamine: Mi pasión es el rugby. En Francia llegué casi a un nivel profesional con el equipo L’Aviron Castrais. Llegando a México pensé que tenía que dejarlo atrás; pero no. Para mi sorpresa, Culiacán tiene sus equipos de rugby. Juegan en equipos de 7 y no de 15, como yo jugaba. Y, el año que llegué, el entrenador del equipo nacional de rugby de México, un Neo-Zelandés, estuvo aquí formando al equipo Aguilas Rugby UAS.

 

PM: Cuando lo veo trabajando en la panadería, me parece que trae algo de la disciplina del rugby.
Malamine: Si, en cualquier deporte la disciplina es un elemento importante si uno quiere lograr buenos resultados. De igual manera, es importante si quiero hacer el mejor pan.

PM: ¿Qué planes tienen para el futuro?
Malamine: Estamos pensando en abrir lo que nosotros franceses llamamos un “salon de thé”. Es decir, un café-panadería. Tendríamos estantes con libros en francés y, en el primer piso, habrá un aula donde Silvério enseñaría francés, porque hay una gran demanda de clases de francés. De esta manera, mi hermano y yo podríamos trabajar en el mismo lugar, yo como panadero y él como profesor de idiomas.
También se ha hablado de crear un grupo de conversación en francés en Culiacán. La Cónsul Honoraria de Francia en Culiacán, Eryka Bernal, es quién tuvo la idea. Existe un grupo similar en Mazatlán que ella estableció. Poder reunirse en nuestro salón de thé, sería maravilloso. Somos de la idea que nuestra vocación es no solo vender nuestro pan, sino también en promover un interés por todo lo que tiene que ver con la cultura francesa. Cuando las personas entran a la tienda, siempre son recibidos con un “¡Bonjour!” y se escuchan canciones en francés, les enseño como pedir en francés, con que solemos acompañar los panes, etc…
Silvério: Sí, compartir es muy importante. En la cultura africana, la gente cree que cuando compartes algo recibes tanto o más de lo que das. Como profesor, enseño el francés, pero a cambio aprendo muchísimo de mis pequeños alumnos. Del mismo modo, en la panadería podemos compartir algunas de las riquezas de Francia. Ofrecemos, por ejemplo, cursos para enseñar el arte de hacer macarons.

 

PM: Hablando de reputaciones, en México los panaderos franceses tampoco tienen una buena reputación, ¿verdad?
Silverio: Creo que usted se refiere a La Guerra de los Pasteles allá por 1838.

 

PM: ¡Por ejemplo!
Malamine: Fue cuando un panadero francés en Tacubaya reclamó una indemnización por la destrucción de su tienda y fue pretexto para la primera guerra entre Francia y México. Me fascina pensar que, durante la segunda guerra entre México y Francia (1861-67), soldados franceses llegaron a Altata en un barco llamado Lucifer y hubo una batalla en San Pedro, cerca de Navolato. Ganaron los republicanos mexicanos, bajo Jesús Rosales Flores quien dio su nombre a la ciudad Culiacán Rosales.
Silverio: Soy muy orgulloso de ser francés, pero, cuando llega el 5 de mayo, siempre digo que soy español o africano, y ¡no francés! ¡hahaha!

 

PM: ¿Hay algo que México pueda aprender de Francia?
Silvério: Los mexicanos podrían aprender a decir, “No”. Tal vez los mexicanos sienten que es de mala educación decir “No”, y prefieren dar una respuesta poco clara para no ofender. Pero esto puede causar dificultades, especialmente en los negocios. Si le pregunto a un proveedor si puede entregar algo a la tienda y no me dice claramente ni “Sí” ni “No”, puedo pasar horas esperando una entrega que no llega. Un simple “Sí” o un “No” pueden ahorrarte mucho tiempo. Estaría mejor si la gente fuera capaz de decir, y escuchar, la palabra “No”.

 

PM: ¿Hay algo que Francia pueda aprender de México?
Silverio: La importancia de la familia. El sentido de la familia es muy importante en México, da apoyo mutuo. Es algo que México comparte con África. También el papel de la mamá. Dicen que los mexicanos son machistas, pero yo veo que en casa es la mamá quién manda. Lamento que estos valores se estén perdiendo en Francia y en Europa en general, mientras siguen siendo importantes en México. Y además, Francia puede aprender de México la importancia de la hospitalidad.
Malamine: Estoy de acuerdo con mi hermano. Desde el primer día me gustó como los Culichis comparten aún lo poco que pueden tener. Ellos mismos lo dicen, “Donde come uno, comen dos.”

 

PM: Merci beaucoup!

Facebook: Douce France

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