Lo que hay detrás

Las personas victimistas nunca son responsables de lo que les sucede en la vida. El entorno, la situación, otras personas y circunstancias. Siempre hay algo o alguien a quien atribuir esa responsabilidad.

Son habituales pensamientos como “pobre de mí. ¿Cómo voy a estar bien con esto que me ha pasado?”, “lo que me sucede en el trabajo es que no me valoran, si lo hicieran, estaría mejor”; o “mis hijos se portan mal conmigo, qué injusta es la vida”.

El victimista alimenta estas emociones negativas, que al mismo tiempo son el combustible que le hace seguir funcionando en esa pauta de comportamiento y justifican que esté decaído, insatisfecho. “Esto lleva a que la persona no reaccione y no realice acciones de cambio, dado que considera que no es su responsabilidad el encontrarse mejor”, explica la psicóloga Pilar Conde.

Desencadenantes

Detrás de esta pauta de comportamiento puede haber diferentes orígenes. A veces el victimista lo aprendió en casa por imitación, porque su padre y su madre afrontaban así las situaciones. En otras ocasiones, lo ha podido asimilar por sus propias vivencias. “Puede ser que haya intentado controlar una experiencia sin haber tenido éxito, lo que avala este tipo de patrones; o puede que haya percibido que dicho rol ayuda a que las personas de su entorno asuman la responsabilidad. Y así obtiene beneficios”, señala la experta. Por último, a veces el victimismo se debe a un desencadenante objetivo, es decir, es la consecuencia de haber sido víctima de una desagradable situación en algún momento de su vida, lo que les convirtió en personas vulnerables y desconfiadas.

Comportamiento

Las personas que asumen este rol perpetuamente se quejan de todo lo que les pasa y de cómo se sienten, pero no centran su atención en resolver los problemas y mejorar su bienestar. Por ello sus dificultades se alargan. Nunca actúan: intentan no asumir responsabilidades y tienden a delegar en otros la toma de decisiones. Sienten que no tienen control sobre su presente y su futuro, y creen que su malestar o bienestar depende de lo que sucede en el entorno o del comportamiento de otros. Su estado de ánimo fluctúa según las circunstancias.

Manipulación

Este modo de actuar busca, sin embargo, llegar a algún sitio. Se trata de provocar la compasión y la lástima del otro. “En parte de los casos, las personas no llegan a ser totalmente conscientes de que existe otra manera de interpretar la realidad, lo que hace que en cierto modo sean presas de su propio victimismo”, indica la psicóloga.

No siempre es así. Hay otros casos en los que estas personas actúan de una manera intencionada y voluntaria. Es aquí cuando utilizan cierta manipulación en sus relaciones, provocando emociones negativas en los demás, para conseguir aquello que desean.

Cómo actuar

Si temes que tu amigo(a) o tu pareja puedan responder a este rol, puedes ayudarles. Refuérzales cuando tomen decisiones. Si se quejan, pídeles que se centren en la solución y no en la emoción. Ayúdales con expresiones como “puedo comprender cómo te sientes, pero tienes que pensar en cómo resolverlo”.

“El primer paso para salir del victimismo es la toma de consciencia: ser consciente de cómo funciona nuestra manera de interpretar y los efectos que causa en nuestro estado emocional, en nuestras acciones y en las acciones de los demás. A continuación, se trabaja sobre dichas ideas irracionales y, al mismo tiempo, se empieza a asumir la responsabilidad en la toma de decisiones, en la resolución de problemas y en la planificación del presente y del futuro”, apunta Pilar Conde.

FUENTE: mia

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