Actualmente la granada experimenta un renacimiento en manos de la cosmética natural, que la ha elegido como ingrediente estrella de cremas, aceites faciales y corporales, geles de ducha, champús y otros productos muy indicados para las pieles maduras.

La granada es una fruta extraordinaria. Parece estar coronada y al abrirse muestra una colección de rubíes. No resulta extraño que atrajera a sabios, poetas y terapeutas como símbolo de belleza, femineidad y longevidad. Desde tiempos antiguos, ha sido apreciada por su sabor, por ser saludable y por su utilidad en el cuidado de la piel y el cabello.

Estos compuestos, de elevado poder antioxidante, ofrecen al organismo protección frente a ciertos tipos de cáncer y enfermedades degenerativas y cardiovasculares, y pueden explicar también su efecto sobre la piel y el cabello.

De la granada se obtienen varios ingredientes cosméticos, como el aceite de semilla y los extractos del grano o arilo, de la piel blanca que los separa o de la corteza. Cada una de estas materias primas tiene propiedades peculiares.

El aceite de granada, por su parte, revierte y previene el envejecimiento prematuro causado por agentes ambientales. Según un estudio de la Universidad de Michigan, estimula la proliferación de queratocitos, las células que predominan en la piel.

La pielecilla blanca, por ejemplo, resulta astringente, lo que reduce el tamaño de los poros. Esto resulta ideal en pieles mixtas o grasas, pues evita la aparición de puntos negros, granos y acné.

La cáscara es revitalizante, ya que estimula el metabolismo de la piel, reafirmándola y fortaleciendo sus capilares sanguíneos. El extracto se indica para tratar el melasma o coloración oscura de la piel en zonas expuestas al sol, un trastorno cutáneo muy común asociado a los estrógenos y la progesterona, que afecta más a las mujeres embarazadas, a las que toman píldoras anticonceptivas y a las jóvenes con tonos de piel canela.

Los antioxidantes de la granada combaten los radicales libres, principales causantes del envejecimiento cutáneo, y estimulan los fibroblastos, las células que producen colágeno y elastina, esenciales para mantener la piel tersa y flexible.

 

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