El príncipe Harry y Meghan Markle tienen una historia de amor que bien podría ser parte del guion de un filme romántico: actriz de cine conoce en una cita a ciegas al nieto de la reina Isabell II. La pareja se enamora y, solo año y medio después, oficializan su compromiso y proclaman su amor a los cuatro vientos. Pero entre ese primer encuentro hasta el anuncio de la boda sin duda han vivido muchos momentos especiales, que han quedado inmortalizados en los medios de todo el mundo y en el documental cuando Harry conoció a Meghan, transmitido en Channel 4.

 

Cita a ciegas en verano
Durante la entrevista que concedieron tras el anuncio oficial de su compromiso, revelaron cómo fue su primera cita. Se conocieron gracias a un amigo común. Se trataba de la primera toma de contacto que luego fructificaría en sucesivos encuentros, tal y como explicó el propio príncipe Harry. “Luego nos vimos una vez, y luego dos veces cuando ella regresó a Londres”, desveló al tiempo que confirmó que todo comenzó en el mes de julio de 2016. Meghan, por su parte, quiso aclarar que por aquel entonces no sabía mucho sobre Harry. “Lo único que le había preguntado a mi amigo cuando me dijo que nos quería presentar fue ‘¿es amable?’, porque si no, no iba a pasar nada. Así que fuimos y nos encontramos para tomar algo y enseguida nos preguntamos ‘¿qué vas a hacer mañana? Deberíamos salir otra vez’. Todo fue muy rápido”, añadió la exactriz.

A lo largo de esas primeras citas, descubrieron que tenían mucho en común, además de un sueño compartido que les unió desde el inicio: las ganas de cambiar el mundo. Poco les importaron los más de 5.700 kilómetros que les separaran. Los viajes entre Toronto ―donde residía Meghan― y Londres ―donde vivía Harry― eran cada vez más frecuentes. “Creo que en verdad tuvimos mucho tiempo para conectar y nunca pasamos más de dos semanas sin vernos, aunque obviamente estábamos teniendo una relación a distancia. Así es como hicimos que funcionara”, explicó el nieto de Isabel II durante la entrevista. Ciertamente y tal y como él mismo señaló, las estrellas parecían “alineadas. Todo fue simplemente perfecto”.

 

El inolvidable viaje a Botsuana
Tres o cuatro semanas después de aquellos primeros encuentros, ya a finales de julio, Meghan y Harry compartieron su primera escapada romántica juntos. El destino era de lo más especial para el hijo de Diana de Gales, quien meses después elegiría en este lugar el diamante central del anillo de compromiso que regaló a Meghan. “Pude convencerla de venir conmigo y nos encontramos en Botsuana. Acampamos bajo las estrellas… estuvo conmigo cinco días. Fue totalmente fantástico”, recordaba

Harry durante su primera entrevista. Aquel viaje inolvidable les sirvió también para conocerse un poco mejor y descubrir que estaban hechos el uno para el otro.

 

Relación a distancia y primeros rumores
A lo largo del verano y de los meses posteriores, Harry y Meghan continuaron con su relación a distancia. Los incesantes viajes entre Toronto y Londres se sucedían y ambos se acostumbraron a las escapadas relámpago. Unas veces era la actriz la que cogía un vuelo rumbo a la capital británica y otras era el Príncipe quien hacía las maletas para volar hasta el lugar de residencia de su novia. Así, siguieron viéndose discretamente hasta que en el mes de octubre comenzaron a surgir los primeros rumores de la relación entre ambos. Los medios británicos y estadounidenses empezaron a hacerse eco de un posible idilio avalado por alguna que otra pequeña pista, como la pulsera que ambos lucían en sus muñecas.

 

El comunicado que confirmó la relación
Las especulaciones duraron poco. En noviembre, el Palacio de Kensington difundió un comunicado oficial en el que se refería a la exactriz como la “novia” del Príncipe y pedía respeto para ella. “Su novia, Meghan Markle, ha sido objeto de una ola de abusos y acoso. Algunos de ellos públicos”, señalaba el citado mensaje, en el que se recogía que Harry estaba “preocupado por la seguridad de la señorita Markle y profundamente decepcionado por no haber sido capaz de protegerla. No está bien que, en los pocos meses de relación con ella, la señorita Markle deba ser objeto de esta tormenta mediática”. Las palabras de Harry, canalizadas a través del departamento de comunicación de Kensington, reconocían de manera oficial una relación de la que se venía hablando desde hacía semanas.

 

Primera Navidad juntos
Llegó el mes de diciembre. La situación, atípica hasta el momento, comenzaba a normalizarse. Fue en esa época cuando The Sun publicó las primeras imágenes de ambos paseando por las calles de Londres después de asistir a una obra de teatro. Días después, y tras pasar el Día de Navidad con sus respectivas familias, Meghan y Harry hacían de nuevo las maletas, esta vez para disfrutar de su primer Fin de Año juntos. El destino elegido: un lugar recóndito de Noruega. Allí, en la ciudad de Tromsø, conocida por sus fiordos y sus espectaculares auroras boreales, disfrutaron de largos paseos por el lago Prestvannet así como de inolvidables excursiones para divisar las ballenas.

 

Jamaica, escenario de su primer acto social como pareja
Con la llegada del mes de febrero, salieron a la luz nuevas fotos de Meghan y Harry, esta vez cogidos de la mano. Uno de los mejores amigos del Príncipe se casaba y ambos acudieron como invitados a la boda, que se celebró en Jamaica, la misma isla que curiosamente había servido como escenario del primer enlace de Meghan con el productor Trevor Engleson, en el año 2011.

Se alojaron en el exclusivo Round Hill Resort, una serie de cabañas de lujo construidas en los años 50 por las que pasaron también John F. y Jackie Kennedy en su luna de miel.

 

Un paso más hacia Kensington
En aquel momento, Meghan Markle ya estaba dispuesta a cambiar de vida por amor. Uno de los pasos más visibles fue poner fin a su blog de lifestyle, The Tig, que permitió conocerla mejor y en el que abordaba temas de viajes, moda, belleza y gastronomía. Un gesto de lo más significativo que constituía un paso más en su camino para convertirse en miembro de la familia Windsor.

La presentación oficial de la prometida de Harry llegó en el polo, antesala del Palacio y un evento al que tradicionalmente han acudido todas las novias reales de Reino Unido antes de pasar a formar parte de la Familia Real. Fue precisamente durante un partido de polo del Audi Polo Challenge en el que jugaba Harry cuando nos regalaron unas fotografías en las que dejaron ver su primer beso. Imágenes que valían más que mil palabras. Meghan había viajado a Londres para asistir a la boda de Pippa Middleton ―hermana de la Duquesa de Cambridge― con James Matthews, en la que ya no hubo testimonio gráfico de la pareja. Meghan Markle era sin duda una de las grandes protagonistas del enlace, aunque no acudió a la ceremonia religiosa. Sí que estuvo presente en la fiesta posterior que se celebró en la casa de los Middleton, donde llegó con Harry, que la recogió personalmente.

Ya en verano, la pareja disfrutó de unas inolvidables y significativas vacaciones, de nuevo en África, uno de los continentes preferidos del hijo de Diana de Gales. Los espectaculares paisajes de Zambia y Zimbabue, entre los que se encontraban las cataratas Victoria, fueron testigos de su historia de amor, que por aquel entonces estaba ya más que consolidada.

El esperado anuncio llegó por fin a finales del mes de noviembre. El príncipe Carlos de Inglaterra hacía público el compromiso oficial de su hijo con Meghan Markle. “Su Alteza Real el Príncipe de Gales está encantado de anunciar el compromiso del príncipe Harry con la señorita Meghan Markle. La boda tendrá lugar en la primavera de 2018. Más detalles sobre el día de la boda serán anunciados a su debido tiempo. Su Alteza Real y la Señorita Markle se comprometieron en Londres a principios de este mes. El Príncipe Harry ha informado a Su Majestad, la Reina, y a los otros miembros cercanos de su familia. El Príncipe Harry también ha recibido el consentimiento de los padres de la Señorita Markle. La pareja vivirá en Nottingham Cottage, en el Palacio de Kensington”, rezaba el comunicado oficial.

Así, la actriz no sólo había dejado su trabajo, sino que también se había mudado hasta la residencia del príncipe Harry, en la cual habían vivido hasta el momento en que tomaron la decisión de dejar la realeza.

 

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