La presencia de un padre es muy importante en la familia, aunque los tiempos han cambiado, ahora mamá también trabaja y las responsabilidades económicas y de la casa son compartidas, a él lo toca ser el fuerte en situaciones difíciles.

Desde niños se les han inculcado a los hombres que no deben llorar porque es signo de debilidad y si tienen algún problema, ya sea en el trabajo o personal, no lo hablan para no preocupar, sus emociones las reprimen. Ellos por lo general lo procesan internamente, en silencio.

Se nos ha enseñado a callar, si no hablo del tema, no pasa nada, o se resuelve o se olvida.

Hay que trabajar con muchas creencias culturales, sociales y religiosas, mitos que llevamos impregnados en nuestra mente y que debemos quitar, arrancar por completo.

Cuando hay alguna pérdida en la familia, el que toma el papel de fuerte es el padre porque si lo vemos entero, nos da seguridad. Este es uno de los mitos que nos han inculcado porque, aunque trate de disimular, el dolor ahí está y es mucho más intenso porque no lo puede sacar.

Les comparto un testimonio de una familia que tuvo una hija con cáncer, papá se dedicó a trabajar y mamá cuidaba a la hija olvidándose de la otra hija. La prioridad de ambos estaba en la hija enferma.

Después de un tiempo de luchar contra esta terrible enfermedad, la hija perdió la batalla y la familia estaba destrozada, desintegrada.

Esto se debe, en parte, a la falta de comunicación, a no expresar los sentimientos, sus miedos, su enojo, sus culpas, sus preocupaciones, su tristeza, porque tienen que ser fuertes.

Cada uno vivió ese proceso desde su rol, cuando finalmente compartieron su sentir, la hija estaba muy dolida por haberse vuelto invisible, la mamá estaba enojada porque ella sintió que el esposo la había dejado con el cuidado de la hija a ella sola, como si no le importara, ya que él se dedicó a trabajar.

Ante los ojos y juicios de los demás, él estaba evadiendo, pero no era así, desde su rol de proveedor, su mayor preocupación era lo económico para que no le faltara nada a su hija, y salir cada mañana de casa dejando a la esposa y sus hijas, le desgarraba el corazón, pero tenía que ser fuerte y proveedor.

¿Qué hubiera pasado si durante ese proceso tan difícil hubieran compartido su sentir? Aunque el hubiera no existe, yo sí me puedo imaginar cómo habría sido su proceso. Tú, ¿cómo lo imaginas?

El rol de padre, por ser hombre, lo minimiza en cuanto a su capacidad de sentir las emociones que culturalmente nos han hecho ver que son malas, y no sólo ésta situación, cualquier adversidad que se presente.

Honremos a papá, el papel que le toca desempeñar no es fácil, y a papá también le duele.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatóloga

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