Se denominan conductas disruptivas aquellos comportamientos que obstaculizan la labor del profesor en el aula, impidiendo el ritmo adecuado de la clase e interfiriendo en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Las causas más frecuentes de las conductas disruptivas, aun sin ser exclusivas, son causas ambientales siendo determinantes en su origen y mantenimiento.
Los factores familiares: padres sobreprotectores, permisivos, abandono o carencias afectivas, violencia, malos tratos, problemas psicopatológicos en los padres, código lingüístico restringido, bajo nivel cultural, entre otros.
Los factores sociales: clases sociales desfavorecidas, deprivación ambiental, pandillismo y drogas.
Los factores escolares: distancia entre intereses y capacidades del alumno y lo que se imparte, ambiente competitivo, rigidez, no atención a las necesidades educativas especiales,… El fracaso escolar aparece como causa y efecto de las conductas disruptivas en el aula.
Los factores clínicos, como por ejemplo las conductas disruptivas causadas por alumnos con TDHA son, en comparación, menos frecuentes que las originadas por causas ambientales como falta de normas explícitas o pautas educativas incorrectas.
Así, tras los comportamientos disruptivos más que causas biológicas aparecen causas socioeducativas en forma de carencias emocionales, baja autoestima, o falta de habilidades sociales.
Entre los tipos de conducta que pueden ser considerados como disruptivas existe una gran subjetividad ya que, algunos comportamientos pueden ser considerados disruptivos o no según la opinión de cada docente. La disrupción implica como mínimo dos protagonistas: el profesor y el alumno y, la interpretación de cada uno de ellos no es siempre igual.
Lo que para un profesor es una conducta disruptiva, para un adolescente puede ser un acto llevado a cabo para satisfacer una necesidad y, por tanto, sin objetivo de molestar al profesor. Por ejemplo, una misma conducta “levantarse de la silla” puede hacerse intencionadamente para molestar o puede ser la necesidad de movimiento de una chica o chico nervioso o impaciente.
Dependiendo de cómo se interprete la conducta será considerada conducta disruptiva o no. Para ser considerada conducta disruptiva debe ser interpretada por el profesor como ruptura intencionada de la norma y provocación.

En el caso de las conductas disruptivas en el aula existe además el grupo de compañeros que, pueden permanecer ajenos a las conductas disruptivas, participar en ellas o rechazarlas explícitamente. La interrelación de los tres protagonistas: alumno-profesor-grupo condiciona la gestión ante las conductas disruptivas.
Aunque no existen fórmulas mágicas, algunos consejos que pueden ayudar a relajar el ambiente de clase y reducir las conductas disruptivas son:
❖Evitar considerar la conducta de los alumnos como una agresión personal. Superar la idea de ‘lo hacen para molestar’, y entender que ‘lo hacen para expresar una necesidad que no saben identificar o no pueden reconocer’. En definitiva, se trata de mostrar una actitud educadora frente a una actitud desafiante o retadora.
❖Entender que estas conductas intentan provocarnos. No dejarnos manipular: mantener la calma, no levantar el tono de voz. Es conveniente que el profesor imponga las medidas correctoras con voz firme pero no amenazante o de forma retadora.
❖Tener en lugar visible normas claras y explicitas de conducta, así como las consecuencias que conlleva su no cumplimiento. Por ejemplo, ¿sabías que algunos estudios indican que los meses en que se observan el mayor número de conductas disruptivas son octubre y noviembre coincidiendo con el hecho de que los alumnos aún no tienen claro los objetivos, normas y pautas de trabajo?
❖Piensa sobre la responsabilidad del profesor en las conductas disruptivas, procurando incorporar clases dinámicas, con cambios de actividad, con tareas y actividades adaptadas al nivel e intereses del grupo y, no te olvides de verbalizar expectativas positivas y de usar el refuerzo positivo.
Y por último, ten en cuenta que ante conductas disruptivas que perduran en el tiempo y son intensas hay que aplicar los procedimientos y sanciones que existan en el propio centro y, que en ocasiones son necesarias intervenciones más especializadas basadas en estrategias de modificación de conducta.

Leave a comment