Una de las leyendas más bellas que tenemos en nuestro país es la relacionada con la mariposa Monarca. Estas viajeras traen a nuestros seres queridos que ya partieron durante ese día tan especial en que se les permite regresar al mundo a visitarnos.

Su llegada a los santuarios en Michoacán y en el Estado de México los primeros días de noviembre coincide con la celebración del Día de Muertos, de ahí que los purépechas la consideren “el alma de los muertos”. Los mazahuas mexiquenses la conocen como Xepje o “hijas del sol”, por el color brillante de sus alas y para las comunidades otomíes, la Monarca es el alma de los niños difuntos, que arriban el 1 de noviembre.

Su proceso de transformación está muy relacionado con las creencias acerca de la muerte, de como nos transformamos en algo más para emprender el viaje de la vida, ya que ellas nacen en huevos y eclosionan en forma de larva. Se comen la cáscara del huevo y después se alimentan de las plantas del algodoncillo sobre las que nacieron. Conforme engordan, las larvas se convierten en jugosas y coloridas orugas. Después crean una dura bolsa protectora que las rodea conforme entran en la fase de crisálida. De ahí emergen en forma de adultos bellamente coloreados en negro, naranja y blanco. Este patrón de color hace que sean fáciles de identificar; y precisamente de eso se trata. Su característico patrón avisa a los depredadores de que estos insectos son venenosos y saben fatal.

Solo las nacidas a finales de verano o principios de otoño realizan la migración, y harán un único viaje de ida y vuelta. Para cuando comience la migración invernal siguiente, varias generaciones de verano habrán vivido y muerto, y serán los tataranietos de los migradores del año pasado los que realicen el viaje. Sin embargo, de algún modo las nuevas generaciones conocen el camino. Siguen las mismas rutas que sus ancestros y en ocasiones incluso vuelven al mismo árbol.

Es así como este pequeño insecto inicia su ruta migratoria, que abarca más de cuatro mil kilómetros desde Canadá y el noroeste de Estados Unidos, cruzando toda la Unión Americana y el norte de México hasta llegar a la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, ubicada en el Estado de México y Michoacán.

Por sus características y clima (humedad, altitud y exposición al sol), los bosques de oyamel de la Reserva son ideales para que las Monarca permanezcan durante su hibernación de noviembre a marzo. Estos bosques son el único lugar en el mundo donde se pueden ver “racimos” de mariposas Monarca, poseedoras de una gran belleza y colorido.

Santuarios

Los principales santuarios receptores son el Rosario, Municipio de Ocampo y Sierra Chincua, municipio de Angangueo, región considerada entre las cuatro bellezas naturales reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en suelo nacional.

México es su segunda casa, porque se alimentan de unas hierbecillas conocidas en la región como venenillo y algodoncillo que, de no consumirlas, ocasionarían un desequilibrio ecológico en los bosques de pinos y oyameles.

Las Monarca primero se establecen en bosques de abeto u oyamel, de distribución restringida, protegidos del viento, en laderas o cañadas húmedas ubicadas entre 2,400 y 3,600 metros de altitud. El conjunto de árboles de 20 a 50 metros de altura, con ramas densas y hojas en forma de aguja, genera un microclima especial. La intensidad de la luz es baja, la temperatura se mantiene estable, la humedad es alta y el viento se mueve lentamente.

Al pasar los meses, las colonias se desplazan poco a poco hacia los bosques de pino-encino, generalmente menos densos.

Con la finalidad de proteger los recursos naturales del área y en especial los fenómenos de hibernación, reproducción y migración, las actividades de observación de las mariposas Monarca sólo se llevan a cabo en los santuarios y senderos autorizados, a través de los prestadores de servicios turísticos y guías autorizados quienes serán responsables de grupos no mayores a 20 personas cada uno.

Los santuarios que serán abiertos al público en el Estado de México son Parador Turístico El Capulín y Macheros y Parador Turístico La Mesa, mientras que por Michoacán lo harán Parador Turístico El Rosario, Centro de Cultura para la Conservación Sierra Chincua y Parador Turístico Senguio.

Tradición y conservación

En México, los animales, las plantas y los elementos naturales tienen un correlato cultural que es siempre interesante y formativo. La Monarca concluye su largo viaje en noviembre representando el alma de nuestros seres queridos ya difuntos que vienen a visitarnos.

El aprecio por nuestras tradiciones se entrecruza con la valoración de la naturaleza. Preservemos ambos patrimonios.

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