Tarde o temprano siendo adultos, si tenemos la fortuna de conservar a nuestras madres, pasa que llegan ellas a una edad en que pocas son productivas y otras tantas son menos saludables. Cuando aún viven en pareja, el panorama es diferente a que vivan solas por viudez o soltería, así que cada familia se planteará las formas de acompañar y apoyar a una de las personas más importantes en la vida del ser humano. Si son varios o hijos únicos es otro factor para una mamá que incluso podría depender totalmente de su descendencia.

Actualmente ya no es común que la abuelita viva en casa de los hijos, son más independientes, están internadas en un asilo o viven olvidadas en la soledad pasando penurias y necesidades. Algunas prefieren no ser una carga y se sienten bien atendidas en lugares especializados, otras son autosuficientes y tienen una vida enriquecida en amistades y entretenimientos propios de su edad viviendo en sus propios espacios.

La diversidad se manifiesta y en nuestra cultura tendría que existir mucha ingratitud para abandonarlas, lo común es sentirse dichoso de contar con su presencia y son generalmente valoradas, cuidadas y respetadas aunque existen tristes excepciones. Los distintos panoramas familiares presentaran diversos retos para que tengan ellas una calidad de vida honorable por todo lo que han entregado y es un papel que desarrollan los hijos principalmente con el apoyo de familiares.

Lo justo sería que cada persona a lo largo de su vida obtenga un ahorro, una inversión por su trabajo o aquello que le permita una vejez respetable, no depender de otros y mantener esa libertad tan necesaria para cada individuo; si no fuera así los parientes más cercanos tendrán que asumir ese rol ante la madre vulnerable. Como personas es un deber formar una familia sin esperar nada a cambio pero si no es así el deber de cuidar a los adultos mayores pasa necesariamente a los hijos.

Que es lo que más necesita una madre que se entregó por su familia? Después de sus necesidades básicas lo que más anhelan es la compañía, las reuniones familiares, la convivencias y festejos con nietos y bisnietos, sentirse queridas, hacerlas reír, salir de sus cuatro paredes cuando ya no se trasladan solas, pasear por lugares con naturaleza y buen clima, ver recuerdos y fotografías con algún familiar cercano. No es muy complicado entregar un poco de nuestro tiempo aún cuando implique algo de incomodidad pues siendo fuertes y productivos la prisa impera, y con la edad mamá ya no tiene la misma energía, ya no es rápida en sus movimientos, necesitamos bajar nuestro ritmo para hacerle agradable la compañía, olvidarnos del tiempo y los pendientes, abrir un espacio inmerso en el presente para escucharlas, no necesariamente fomentando sus quejas o lamentos, pues se dan, sino sutilmente sembrarles Fe, entusiasmo, alegría, que mucho lo necesitan ante el cansancio de los años. Reflexionar que están en la recta final y aunque nadie sabe quién partirá primero dejemos buena huella en sus corazones con entrega, paciencia, gratitud y generosidad; después de todo siguen siendo madres, nuestras madres,  pues los hijos como sabemos las que hemos tenido, siempre están en el corazón.

Namaste

Por: Paty Maytorena

Yoga Terapia

patymaytorena@hotmail.com

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