“Mucha gente piensa que piensa, cuando no hace más que recordar sus prejuicios” William James

Continuamente escuchamos hablar de las bondades de pensar en positivo. No obstante, es difícil –pero no irrealizable– evadirse de los pensamientos, propios y ajenos, de caos y desastres.

Los catastrofistas no ayudan, para nada, en estas sanas intenciones de pensar en positivo. Hablo de aquellos que tienen la actitud de denunciar o pronosticar gravísimos males que generalmente lo hacen con fines intimidatorios y manipulativos, y claramente para lograr un provecho personal. Irresponsables son, pues generan más de lo mismo, frenan las acciones correctivas, inmovilizan a los que pudieron hacer algo o encaminan las medidas correctoras para el rumbo que les conviene.

Son una verdadera calamidad pues, literalmente, aterrorizan a los demás. Aunque, debemos recordar que la responsabilidad final de lo que cada quien piensa y siente es de uno mismo, que no es tarea fácil. Sin embargo, existe un efectivo método de pensamiento que es de gran ayuda para vencer al catastrofismo.

Este método se conoce como el “pensamiento opuesto” y se atribuye a un asceta hindú. El método parte de la premisa de que la mente solo puede pensar en una sola cosa en cada intervalo – contra la generalizada creencia de que podemos pensar en varias a la vez.

Es imposible pensar dos cosas al mismo tiempo, por lo que si viene a la mente un pensamiento negativo hay que pensar en lo opuesto, lo contrario, en lo que sí queremos, no en lo que no.

Es un ejercicio mental muy eficaz, si bien puede considerarse absurdo o simplista. No obstante, por simplista que parezca, requiere de una buena cantidad de práctica, en especial para los que – toda una vida – han acostumbrado pensar, hablar y vivir en la energía negativa.

La mencionada práctica, al menos al principio, exige constante atención (que ojalá y no se convierta en tensión, pues sería contraproducente) hacia todos y cada uno de nuestros pensamientos cotidianos, lo que no será tarea cómoda al inicio, pues debemos aceptar el dato estadístico de los científicos: tenemos un promedio de ¡60,000 pensamientos diarios! Lo que, de suyo, ya nos puede estresar en esa necesaria vigilancia de pensamientos. Es decir, que no basta con tener un pensamiento positivo al día, todavía quedarán otros 59,999 por convertirlos al “polo opuesto”… del que habló el asceta hindú.

A quien le parezca una descomunal tarea esta “auditoría mental” le invito a recapacitar que, con la misma facilidad con la que durante años sus pensamientos fueron negativos, con esa misma pericia –  la práctica de por medio, desde luego – puede pasar a discurrir en positivo, a pensar en lo opuesto. Obvia decir que le tomará un tiempo revertir la costumbre de vivir en la negatividad y migrar hacia el positivismo. La recompensa será que nos sentiremos mejor al no torturarnos, día a día, con  repetitivos pensamientos de temor y zozobra.

Hay que destruir las dañinas cavilaciones y acabar con ellas, y no permitir que se cuele en la mente ni una sola idea negativa. Es nuestro primer gran reto, nuestro ejercicio mental de cada día: el pensamiento opuesto, siempre que sea en positivo.

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