En este mes de mayo, mamá; además de felicitarle y desearle lo mejor, queremos brindarle información importante que le puede ser de utilidad en cuanto a la crianza de sus pequeños.

Los principales trastornos que originan fallas en la conducta en niños son los siguientes: Trastorno por déficit de atención e hiperactividad, Trastorno desafiante oposicionista, Trastornos de conducta limitados al contexto escolar y Trastornos de conducta limitados al hogar; aunque también existen otras situaciones que no son consideradas como trastornos y que están ampliamente relacionadas con problemas de conducta en las primeras etapas de la vida como son: Ausencia de disciplina en casa, Supervisión parental inadecuada, Crianza por abuelos (o diferentes figuras de autoridad que se contraponen, como casas en las que viven varias familias además de la nuclear o los tíos solteros interfieren en la educación de los niños), Crianza en Institución, Ausencia de un padre, Pérdida o separación de algún integrante de la familia.

El trastorno más frecuente en niños y adolescentes, que se manifiesta por fallas conductuales y bajo rendimiento escolar es el trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH): Condición neurobiológica infantil caracterizada por un patrón de dificultades con la atención, actividad motora e impulsividad que deben expresarse en todos los ambientes en los que se desenvuelve el menor. Por  lo general no viene solo y suele acompañarse de otros trastornos o dificultades en aproximadamente la mitad de los casos; lo que con frecuencia complica el diagnóstico y el tratamiento, y empeora el pronóstico.

Los síntomas de TDAH se dividen en hiperactividad, inatención e impulsividad; pudiendo presentarlos todos o sólo algunos de ellos. Las manifestaciones de hiperactividad son las siguientes: Parece tener un motor, No puede permanecer sentado, Se retuerce y se mueve continuamente, habla demasiado, corre, brinca y trepa cuando y donde no es permitido o adecuado, No puede jugar en silencio. Inatención (falta de concentración): Dificultad para prestar atención, Parece no escuchar, Se distrae con facilidad del trabajo o juego, Comete errores por descuido, No sigue las instrucciones, no termina las tareas, Es desorganizado, Pierde sus útiles, Es olvidadizo, No le gusta hacer cosas que requieran concentración. En cuanto a la impulsividad podemos mencionar lo siguiente: Actúa y habla sin pensar, cruza las calles sin fijarse, no acepta esperar turno, no puede esperar a que le den las cosas, contesta antes que hayan terminado la pregunta e Interrumpe las conversaciones.

Los trastornos psiquiátricos que más se asocian al TDAH son: trastorno de conducta disruptiva, trastorno de ansiedad y trastornos del estado de ánimo (depresión y trastorno bipolar). Seguidos de los trastornos específicos del lenguaje, tics y dificultades en el aprendizaje y menos frecuentemente el autismo. Además de esto, los niños generalmente presentan problemas perceptuales, como dificultad para tolerar algunas texturas, ya sea en la ropa como en los alimentos, hiperdefensa táctil (es decir que son muy sensibles al contacto físico) esto en conjunto nos presenta a un niño irritable, que no quiere comer cualquier cosa, muy sensible al tacto (dice que lo golpearon cuando apenas lo tocaron), con juego brusco (tienden a apretar o a empujar fuerte pero no lo hacen intencionalmente o no lo notan), no tolera cualquier tipo de ropa o se despeina y se quita los moños o los zapatos en lugares en los que no es apropiado.

No todas las manifestaciones expuestas anteriormente requieren manejo psicofarmacológico (medicamentos), pero es necesario que el niño sea evaluado por un experto en el área para que determine la conducta ideal a seguir en cada caso. Existen algunas técnicas de modificación de la conducta que pueden ser manejadas con facilidad tanto por padres como por docentes, que resultan exitosas si se emplean de la manera adecuada. Recuerde que cada niño es diferente y ponerles una etiqueta los marca negativamente en cuanto a su autoestima y relación con los demás.

Una adecuada intervención terapéutica mejora la calidad de vida del niño, su autoestima, rendimiento escolar, su socialización con otros niños y su relación con los miembros de su familia.

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