Hace poco en una videoconsulta, un paciente me comentaba que, siendo padre de 4 hijos de entre 11 y 20 años de edad, en condiciones normales los hubiera regañado por estar todo el día pegados a la computadora; pero que ante la situación de una pandemia que parece no tener fin, ahora le parecía poco menos que maravilloso que, primero que nada, no dijeran que estaban aburridos. Incluso, el mayor de ellos ha aprovechado el tiempo adelantando materias de su próximo semestre universitario aprovechando el encierro del verano. El segundo de los chavos, de unos 18 años, está enseñando a programar a su hermanita de 11 y el tercero de ellos, también varón, ha encontrado un tesoro invaluable en la lectura y lee un libro tras otro. Todos en santa paz mientras que en otra habitación el papá trabaja casi todo el día en lo que ahora se llama “home office”.

Sin embargo, entendemos perfectamente que no todo es perfecto. Mi paciente dice que por lo menos en 3 o 4 fechas distintas se ha imaginado que tiene los síntomas del coronavirus, en ocasiones se preocupa en exceso por cosas que o no han ocurrido aún y si ocurriesen estarían fuera de su control y padece de lo que él mismo bautizó como “insomnio inglés” Dice que, con una puntualidad británica, se despierta a diario a las 3.00 AM le es muy difícil y en ocasiones imposible volver a conciliar el sueño. Se levanta, camina, checa sus redes sociales (donde encuentra con frecuencia más personas con insomnio) se regresa a la cama, va al baño y pues todo este relajo tiende a despertar a su esposa de modo que inclusive sale casi a diario, regañado. Sólo para comenzar un nuevo día agotado y al borde del desespero.

Por otra parte, algunas pacientes, sobre todo adolescentes femeninas, tienen que lidiar con el encierro y con los cambios hormonales propios de la edad. Una de mis pacientes estuvo un par de semanas prácticamente sin salir de su habitación hasta que mediante la terapia fue adaptándose. Otra más, que padece además es hiperactiva, tuvo que pasar un par de días en el hospital.

Entonces, ¿Es tan malo el encierro? Es una pregunta compleja. Lo que hemos estado viviendo, si bien no es tan dramático como el Sitio de Stalingrado (que duró 6 meses y donde murieron 2 millones de personas entre rusos y alemanes) es un momento precioso para que entendamos que en la vida se producen cambios, algunos son paulatinos y otros son más rápidos y que la clave para vivir sanamente estos cambios inicia con estar consciente y aceptar que van a ocurrirnos, algunos lentamente y otros de manera súbita y que son parte de la existencia humana. A todos nos llegará el momento en el que se necesitan lentes para conducir o para leer; mientras que no falta quien requerirá de un aparato para escuchar mejor y los señores se darán cuenta que ya no pueden jugar un partido de futbol o béisbol sin amanecer molidos cosa que sí podían hacer perfectamente en su juventud.

Entonces partamos pues de que la actitud y las conductas de cada persona y de cada familia ante el encierro y las restricciones originadas por el QUÉDATE EN CASA, SU SANA DISTANCIA y el CUBREBOCAS son muy distintas y que nos implicó un cambio brutal, casi de la noche a la mañana. En muy poco tiempo, muchas familias disminuyeron sus ingresos.

Y ahora ante esto: ¿Qué hacemos? Lo primero es aceptar, admitir y reconocer que yo como persona tengo que estar bien –dentro de todo- para poder apoyar a quienes dentro de mi círculo personal lo están pasando mucho peor. Primero que nada, atesorando las oportunidades. Y segundo, estar muy atentos ante la aparición de síntomas psicológicos: ansiedad, insomnio, terrores nocturnos, pensamientos suicidas. En ese momento, sin pensarlo, consulte con su psicólogo. Por el bien suyo y por el de su familia. Recuerde: Todo esto pasará, hagamos conciencia emocional, moral y educativa, para que pase lo más leve posible.

Si fortalecemos nuestros lazos familiares y de amistad, saldremos además fortalecidos, con un vínculo emocional que nos ayudara a sortear cualquier situación, sin tanta resistencia y violencia.

Recuerda: La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, se vuelve insoportable por la falta de significado y propósito de esta misma. “Víctor E. Frankl”

 

 

Por: Erendira Paz

Psic. Clínica
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