Un hombre firme, tenaz y perseverante que reconoce el valor del legado que dejará a sus hijos y nietos, la trascendencia forjada en el trabajo y que busca hoy fortalecer al estado.

Por: Eleana Carrasco

“El gobierno debe ser un facilitador, un promotor, un impulsor; debe fortalecer haciendo una gran alianza con la sociedad para poder lograr que de Sinaloa se hable y se hable bien”.

– Quirino Ordaz

Honesto y directo, como buen sinaloense, Quirino Ordaz Coppel, gobernador de Sinaloa para el periodo 2017-2021, nació el 24 de octubre de 1962 en el bello puerto de Mazatlán. Sus padres fueron Quirino Ordaz Luna (†) y María del Carmen Coppel de Ordaz (†), quienes le inculcaron valores que lo han definido como un hombre de palabra. Estudió la licenciatura en Derecho (UAEM), una maestría en Administración Pública (INAP), así como diplomados en Ideas e Instituciones de México (ITAM) y Reingeniería de Procesos Aplicada a la Administración Pública (UNAM). Su compañera de vida es Rosa Isela Fuentes de Ordaz, con quien tiene tres hijos, Silvana, Quirino y Santiago.

Nos gustaría que nos hablara acerca de su infancia, ¿cómo la describiría?

Fuimos muy unidos, siempre se procuró un muy buen ambiente en la casa. Mi papá era un hombre de mucha disciplina: nos inculcó mucho la importancia del trabajo, de la perseverancia, y del valor que tiene la palabra, el compromiso; mi mamá era muy alegre, muy entusiasta, muy echada para adelante, era la que convencía a mi papá de que nos diera permisos o de ir a un lado u a otro, y siempre procuró estar muy atenta, muy al pendiente de nosotros.

Mis padres ya fallecieron (mi mamá de hecho acaba de cumplir 28 años de que falleció, mi papá tiene ya nueve años que murió), pero nunca se van, siempre los tiene uno presentes.

¿Cómo era Mazatlán en aquellos días?

No tenía el nivel de desarrollo que ahora tiene, había mucha menos gente en Mazatlán, era una sociedad también muy conservadora. Quizá pudiéramos pensar cerrada, y así se miraba, desde fuera, con familias asentadas ya en Mazatlán, con arraigo, con tradición. No había muchos lugares a dónde ir.

¿Cómo se divertían?

Jugando en la calle. Recuerdo que jugaba mucho fútbol; ‘cascaritas’, como le llamaban. Béisbol también, jugábamos en lugares cercanos que ahora están poblados. Y es algo que ya no lo ves, es difícil ver a los niños jugar en la calle. Íbamos mucho a la alberca también, a la playa, que era lo que teníamos, y sí, nos divertíamos bastante.

¿Qué valores le fomentaron sus padres?

El valor de la familia, la honestidad de la transparencia, de la palabra. El valor de siempre hablar y decir las cosas, del esfuerzo, del trabajo, las cosas no se dan gratis: hay que trabajarlas y hay que esforzarse mucho.

¿Y cómo era en ese tiempo cuando estaba chico?, ¿de qué forma le enseñó eso su padre, el valor del trabajo?

Lo acompañaba, nos hacía que lo acompañáramos, por ejemplo, en las vacaciones. Y no nos gustaba mucho porque uno quería irse a divertir, a pasarte el rato con los amigos, ir a la playa, y no, nos levantaba muy temprano siempre, aunque nos desveláramos, a las seis de la mañana ya nos estaba tocando la puerta y era un martirio.

Con el tiempo uno valora mucho porque es lo que se te va quedando, tengo muy claro que la gran lección es el esfuerzo; el trabajo, las cosas se ganan, y se ganan a base de esforzarte y de mucha perseverancia. A veces no se le da el valor que tiene a la constancia, la tenacidad, y muchas veces se pueden tener grandes ideas pero si no se les da seguimiento no se concretan. Lo importante es que tiene más fuerza, más sentido, cuando logras las cosas, y se logran porque hay una visión y se fue muy insistente en ello.

 

Acerca de sus abuelos, ¿qué nos puede comentar?

Pasamos momentos muy importantes con ellos. De mi abuelo paterno recuerdo poco porque tendría alrededor de ocho o nueve años cuando falleció; pero siempre presente con nosotros, en las vacaciones íbamos a México con los abuelos paternos; y los abuelos maternos estaban en Mazatlán. En las navidades, recuerdo que acompañaba mucho a mi mamá a ir con sus padres, procuraban siempre que estuviéramos los domingos comiendo en familia. Recuerdo mucha cercanía con ellos. Y bueno, también que te dieran ahí tu domingo lo esperabas con ansias.

Vivir en Sinaloa, crecer en Sinaloa, ¿cómo ha impactado eso a su personalidad?

Mucho, por un lado la fortuna de vivir en provincia, en lugares como los que tenemos, te da mucha más familiaridad. Tu relación es más personal con la gente, es más directa, la gente te conoce por tu nombre: por quién eres y por lo que tú vas siendo y vas formando. Y ahí se valora mucho la importancia del nombre, del que te dejan tus padres. Por eso he comentado mucho que lo que yo voy a buscar es seguir dejando un buen nombre a mis hijos y mis nietos.

Como en el caso que platicábamos ahorita de mis abuelos, mi nombre no es muy común: Quirino. Mi abuelo paterno se llamaba Quirino también y al día de hoy mucha gente en México lo recuerda a él, y sobre todo cuando yo estudiaba en México, no me faltaba alguien que me hacía referencia o que había trabajado con mi abuelo, que lo había conocido y siempre con muy buenas expresiones. Vaya, hace unos días, por ejemplo, el gobernador de Puebla me escribió y me dice: ‘Eh, fíjate que me sorprende mucho que estoy aquí con mis abuelos y resulta que mi abuelo conoció y trabajó con tu abuelo y tienen un muy bonito recuerdo de él’. Son cosas que te van dejando y son un ejemplo a seguir.

Sabemos que su padre fue profesional de la arquitectura en Mazatlán. Háblenos un poco de su legado.

Construyó y diseñó mucha obra en Mazatlán, en Sinaloa y en otros estados, fue un hombre que formó muchas generaciones de arquitectos en el puerto; fue reconocido, apreciado y querido en Mazatlán. Era un hombre con mucha imaginación, con muy buena capacidad de diseño. Formó una escuela de arquitectura y de diseño que ahora mi hermano y muchos otros arquitectos en Mazatlán le han dado una buena renovada.

Acerca del Diario El Demócrata, ¿qué nos puede comentar?

Fue una pasión. Realmente nunca me imaginé que me iba a gustar tanto. Yo regresaba de México porque ya había terminado la carrera; mi madre había fallecido en un accidente de carretera, hace 28 años el 16 de diciembre; y le dije a mi papá que yo me quería regresar con la familia, que era un buen momento para estar juntos. Mi papá tenía zonas hoteleras, él era el constructor, y tenía el periódico El Demócrata y yo veía que le gustaba pero le costaba mucho. Un día le dije: dame la oportunidad de yo entrarle ahí. Además era muy buen espacio para poder mostrar que tenía yo la capacidad para entrarle y la verdad es que fue una experiencia increíble porque por un lado le empecé a abrir espacio a muchos jóvenes que venían de la universidad, recién egresados de las escuelas de comunicación y hoy en día ya son periodistas. Y yo les di la oportunidad de desarrollarse y de crecer con la libertad y el criterio.

Y logró generar y ser un factor de opinión de ocho páginas que llegó a tener 40. Recuerdo que era una lata, que era muy difícil, a veces, cuando no tenías dinero para el papel se tenía que buscar financiarlo, para fotomecánicas, las placas; era esforzarte. Vine y le toqué la puerta al señor Ley y me apoyó con publicidad y pensé que si Ley se está anunciando, otros también.

Logramos hacer un equipo de gente que entendiera esa visión, muy comprometidos y le entraron con todo. En sociales, en política, hasta en la policiaca y en deportes, creo que fueron muy vanguardistas. Y realmente me di cuenta que es apasionante: me levantaba a las tres de la mañana, dos o tres días de la semana, y les caía de sorpresa en el periódico, porque es la hora en la que está tirándose el periódico, en aquel entonces, y se estaba encartando. Le decía a un chavito, un repartidor, ‘súbete con lo que traigas y voy a seguir tu ruta’; me llevaba toda la ruta de él, cómo estaba entregando, por qué entregaba allá, y por qué dejaba tantos acá. Y al día siguiente llegaba el de circulación y me decía ‘estuvo muy bien anoche la entrega y la distribución’, ‘pero si tú ni estuviste, yo sí vine’. Y así es como fuimos avanzando.

Recuerdo que mi papá se empezó a dar cuenta que yo me paraba a esas horas y creía que me iba de vago, en ese entonces todavía no me casaba, vivía en casa de él. Y hasta que la gente le empezó a decir ‘vi a Quirino entregando periódico en la distribución’.

Por eso es que cuando tienes un buen equipo puedes avanzar muy rápido y yo me sentía muy fortalecido porque todos se ponían la camiseta aunque sabían que no teníamos los recursos de otros medios, había pasión y entrega. Fue una extraordinaria etapa de mi vida.

En cuanto a ser parte de una familia dedicada a los negocios de hotelería, ¿cómo impactó eso su visión empresarial?

Mucho, el turismo es una actividad que hoy en día es fundamental para Sinaloa y en Mazatlán le ha venido a cambiar todo el mapa económico. Genera empleo y desarrollo; hoy gracias a la carretera tenemos una ocupación muy alta de gente que ni siquiera conocía la playa y creo que abrió una gran posibilidad; se presentan otros retos en la formación, en la capacitación, para dar mayor calidad en los servicios. Creo que el puerto no estaba lo suficientemente preparado en servicios y en infraestructura para recibir a tanta gente, pero también fueron muchos años de estancamiento.

Por eso tienen gran valor los hoteleros y empresarios de Mazatlán que no recibieron el suficiente apoyo federal. Hay que recordar que no es un destino como Cancún, Ixtapa, Cabo o Huatulco, que fueron desarrollados por Fonatur. Mazatlán se fue desarrollando sólo con fondos locales. Y a pesar de haber tenido tantas dificultades, porque no había vuelos suficientes, no había la conectividad terrestre que hoy tienen, y las épocas de crisis económica, de alta inflación, de devaluación, hicieron que pese a todo eso, los hoteles se mantuvieran y siguieran adelante.

Y hoy es tiempo de consolidarse, de crecer, de seguir avanzando y cuidar mucho el destino, cuidar a Mazatlán en tema de seguridad, de embellecimiento, también el tema de los servicios (el agua, el drenaje), es fundamental.

Cuando su papá fue presidente municipal, ¿cómo fue esa época para usted?

Muy buena, lo acompañé en su campaña política. Esa fue la primera vez que tuve esa experiencia. Como presidente municipal, en vacaciones me pedía que lo acompañara a trabajar: desde las seis de la mañana él andaba en las colonias visitando y también en tiempos de oficina, me pedía que lo acompañara y veía cómo atendía a la gente. Lo viví muy cercano, pese a no estar aquí todo el tiempo porque estudiaba en México, las épocas que estábamos juntos estuve muy cerca de él. Me compartía también muchos pensamientos, criterios, cómo resolvía cosas, sin duda es parte de lo que me ha dado bases para seguir creciendo.

Nos gustaría que nos relatara cómo conoció a su esposa.

Ella era Señorita Tlaxcala y vino a un carnaval como embajadora, acompañada de su hermana. Yo andaba ahí también. Desde que la vi me gustó. Le tiré un piropo: le dije que estaba bien guapa, y se me quedó viendo. Nos encontramos dos o tres veces más en el carnaval pero no nos conocimos mayormente, lo que sí es que coincidimos en el vuelo de regreso a México. Me senté con ella y platicamos durante el vuelo.

Llegando a México tardé unos días en buscarla y ya que lo hice, pues que era hija de militar y dije: ‘ay, Dios mío, a ver cómo va a estar esto’. Pero es una familia de muchos valores, de muchos principios, muy unida. Convivimos mucho, duramos como tres años de novios, hasta que decidimos casarnos y la verdad es que ella siempre se adaptó muy bien a venirse para acá. Le fascina, es sinaloense cien por ciento. Rosy es un gran apoyo en mi vida, una gran compañera, siempre ha estado en las buenas y en las malas. Y yo con ella también.

¿Qué podemos esperar para Sinaloa en este tiempo que le tocará gobernar?

Sinaloa tiene prisa y sentido de urgencia, hay que trabajar con mucha velocidad pero también con los pies en la tierra y con gran claridad de qué es lo que hay que hacer, rodeado de un buen equipo. Esto es trabajo de equipo, y además buscar involucrar mucho a la ciudadanía; creo que el gran eje es la participación ciudadana, en asociaciones, organizaciones, en comités, en todo. El gobierno debe ser un facilitador, un promotor, un impulsor; debe fortalecer haciendo una gran alianza con la sociedad para poder lograr que de Sinaloa se hable y se hable bien.

A veces siento que estamos con el estigma de que nos ven como un estado con mucha inseguridad y violencia y pienso que ese es el reto que tenemos: poder dar ese giro, demostrar lo que somos. Sinaloa somos tierra de gente muy talentosa, con mucha iniciativa, con ganas, tenemos empresarios que son ejemplares a nivel nacional, y creo que tenemos la riqueza natural, la tierra, el agua, que quisieran tener no otros estados sino otros países.

Nadie va a hacer por nosotros lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos. No podemos esperar a que vengan a resolvernos los problemas: no va a ser así. Nosotros tenemos que generar el impulso, sociedad y gobierno, para que Sinaloa pueda obtener liderazgo donde no somos líderes y poder ser modelo nacional en muchas áreas en las cuales tenemos todo para lograrlo.

¿Qué consejo le daría a las familias sinaloenses?

La familia es lo más importante, de ahí parte todo. Tenemos que fortalecer mucho a la mujer: la madre es el eje precisamente en la familia. Le tenemos que dar mayor apoyo, mayor fortaleza.

Vemos a mucha mujer joven, entre 16 y 22, que se embarazan, que son jefas de familia, que son responsables del hogar y que no está la pareja, que no está el hombre, 3 de cada 10 hogares en Sinaloa está al frente una mujer.

Tenemos una sociedad que ha perdido mucho los valores y la formación que se da desde el hogar a los hijos desde pequeños, es lo que los va a hacer hombres de bien el día de mañana. Así es que tenemos que enfocar mucho nuestro esfuerzo al apoyo de la familia, a la integración y fortalecimiento de la familia sinaloense.

CRÉDITOS
Fotografía:
Ismael Cancino Horcasitas
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MakeUp:
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