No cabe duda que muchas de las costumbres que tenemos en nuestra vida son herencias que nos dejan las personas con las que crecemos; padres, hermanos, abuelos y hasta los amigos influyen dentro de nuestros hábitos. Sebastián Castro Armenta se volvió el vivo ejemplo de esto cuando la influencia de su padre y su pasión por el tenis lo llevó hasta Los Cabos, Baja California Sur, para competir en la Cabo Cup, torneo que busca desarrollar a jóvenes tenistas mexicanos, también perteneciente a Grupo Pegaso, como el Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco y el Abierto Los Cabos, que forman parte de los torneos profesionales de la ATP.

A sus 14 años, el pequeño ha demostrado que con una mezcla de disciplina, constancia y práctica se puede llegar lejos haciendo lo que más le gusta. Su amor por el tenis nació entre las canchas del club deportivo Casablanca en Los Mochis, Sinaloa, donde su padre y su hermano solían practicar este deporte cuando él apenas era un infante.

“Cuando estaba más chico iba al club con mi familia a divertirme. Ahí mi papá y mi hermano jugaban tenis juntos, un día me invitaron a jugar con ellos y yo acepté, desde ese momento me empezó a gustar. Luego fui agarrando nivel en el tenis, entré a clases para niños y practicaba todos los días yo solo, usando la pared”, nos relata el joven tenista.

Tras un año de trabajo y perseverancia, Sebastián tuvo la oportunidad de viajar hasta la hermosa ciudad de Puerto Vallarta para mostrar su gran destreza y participar en el que sería su primer torneo de tenis fuera de su natal Los Mochis, la Kids Cup.

Al percatarse de que el talento del joven era algo que no se podía desperdiciar, uno de sus entrenadores lo animó para que volviera a competir, pero esta vez en la categoría de catorce y menores del torneo Cabo Cup, que se realizó dentro de su municipio. Sebastián se llenó de valentía y se inscribió al torneo, pero nunca imaginó que terminaría siendo ganador y mucho menos que llegaría hasta las semifinales del torneo en Los Cabos, donde obtuvo el segundo lugar de la copa y pudo contemplar desde cerca uno de sus jugadores profesionales favoritos, Ernesto Escobedo.

Sebastián tiene muy claro que aunque no siempre le va bien no toma las malas experiencias como una razón para desanimarse, sino como impulso para entrenar más duro, corregir sus errores, mejorarlos y mostrarlos como ejemplo de lo que no deben de hacer quienes, como él, empiezan a practicar este deporte desde pequeños.

“Cada que veo que un niño le echa ganas al juego, no importa si es de mi edad o más chico, me da por jugar con él y al final, después de observar como juega, procuro darle algún consejo para que mejore su juego”, comenta Sebastián, quien nos demuestra con sus palabras y su trato amable y respetuoso que es un jovencito con gran corazón.

La corta edad del adolescente nunca ha sido un impedimento para él, ni para sus familiares, que lo han estado apoyado en todo momento, y aunque lamentablemente este no es un deporte que obtenga muchos apoyos en Sinaloa, Sebastián no deja de alentar a los niños que se interesan en él para que sigan jugándolo.

“Antes el tenis en Sinaloa se veía mucho, pero no sé porque bajó, tal vez fue porque muchos de los que jugaban crecieron y lo cambiaron por otras cosas; por eso les recuerdo que deben de jugar por gusto, no porque alguien más los está presionando, como sus papás o un familiar cercano, no, no debe ser así. Nadie va a ser bueno jugando porque lo obligan, sino por el contrario, si les gusta realmente y juegan por amor les recomiendo que le echen muchas ganas y que no lo dejen”.

Sebastián continuará entrenando y estudiando, le gustaría obtener una beca deportiva en una buena escuela para la preparatoria y la universidad, seguir jugando tenis ahí. Desea llegar a ser un tenista profesional o un coach, para ayudar a otros niños en su camino por este bello deporte. Sinaloa necesita impulsar a niños como él, para que logren sus sueños y llenen de orgullo a nuestro estado. ¡Felicidades por tu segundo lugar, Sebastián, que lleguen más triunfos a tu vida!

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