La mayoría de los mexicanos tiene en mente una tarde de domingo, en una comida familiar que acabó hace algunas horas, con café y alcohol fluyendo mientras se cuentan las últimas novedades y se toca música. La sobremesa, una tradición europea de países romances como España, Italia y Francia, fue adoptada en Latinoamérica y es uno de los momentos más amables de la vida cotidiana. En la antigüedad se utilizaba este tiempo para digerir la comida con la ayuda de vino con hierbas, lo que después se volvió una tradición de digestivos como el anís y sus derivados.

Hoy, la sobremesa ha cambiado o ya casi no existe. Entre trabajos que demandan más horas, comunicación digital y la vida vertiginosa que vivimos, casi nadie tiene tiempo para un trago después de la comida.

Inclusive al momento de asistir a restaurantes, uno de los grandes motivos para no permanecer ha sido la presión social. Terminan todos de comer y hay gente esperando por la mesa, lo que es muy común en los lugares más visitados en los horarios fuertes de comida, cortando de esta forma la convivencia.

La importancia de la sobremesa

Hace muchos años la sobremesa era parte fundamental de un buen comer, de una reunión o de algo muy especial. Es lo que va después de una comida, satisface la necesidad de digerir, básicamente.

Estar en un estado de relajación y bajar la guardia un poquito, ponerse a platicar y es cuando dices: “Me voy a tomar algo”. Lo interesante de una sobremesa es que la palabra tal cual no tiene traducción en el mundo, solamente existe en español y es algo que, si nos ponemos a pensar, tiene mucho sentido en México y el mundo.

Antes era bastante común, tomarse un trago como el anís en las rocas después de comer, o alguna otra bebida agradable. Esto se ha perdido con el tiempo porque vivimos en un mundo mucho más rápido, más moderno, con apps, con fast food, con miles de cosas de por medio. El método de interacción es más virtual que físico. Al final del día terminas tu comida, te vas, mandas un mensaje y ya.

Al terminar las bebidas, se detiene la plática y seguimos con nuestro día, un poco más sabios y un poco más relajados. La sobremesa parece ser el momento perfecto para regresar a uno, a relajarse, digerir y continuar con la vida sin importar lo que pueda traer después. Esta tradición nos da la oportunidad de poner en pausa la rapidez a la que nos hemos acostumbrado y nos recuerda que una buena conversación y un trago podrían ser lo indicado para dejarnos seguir.

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