Y como no sabía que era imposible… lo hizo”. (Albert Einstein)

 

El Trastorno de Asperger es un trastorno generalizado del desarrollo, que suele manifestarse en los primeros años de la vida. En ocasiones, podemos observar este trastorno en otras enfermedades, como en infecciones congénitas, anormalidades cromosómicas, anormalidades en la estructura del sistema nervioso central. En un tiempo anterior, se utilizaron conceptos como “esquizofrenia infantil”, “psicosis”, haciendo referencia a éste y otros trastornos del desarrollo, pero es importante saber que son diferentes, aunque también un individuo puede presentar un trastorno del desarrollo y manifestar después una esquizofrenia ocasional.

Para dejarlo claro, me gustaría mencionar específicamente las características del Trastorno de Asperger de acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, y son:

    • Alteración grave y persistente de la interacción social, que se presente por lo menos en dos de las siguientes características:

Cambios importantes del uso de comportamientos no verbales: contacto ocular, posturas del cuerpo, expresión facial y gestos que regulan la interacción con los demás.

Ser incapaz de llevar a cabo relaciones con compañeros, de acuerdo al nivel de desarrollo del sujeto.

Falta de reciprocidad emocional o social.

Ausencia de la tendencia espontánea en lo que se refiere a compartir intereses, objetivos y disfrutes con los demás.

    • Pautas de comportamiento, intereses y actividades restrictivos, repetitivos y estereotipados, que se manifiestan al menos por una de las siguientes particularidades:

Preocupación insistente por partes de objetos.

Manierismos a nivel motor, repetitivos y estereotipados; por ejemplo, complejos movimientos de todo el cuerpo, girar manos/dedos o sacudirlos).

Incorporación, aparentemente inflexible, a rutinas o rituales determinados, que no son funcionales.

Absorbente preocupación por uno o más patrones de interés, estereotipados y limitativos que son anormales ya sea por su finalidad o por su intensidad.

 

 

    • La presencia del trastorno provoca un deterioro clínicamente relevante en el área social, laboral o en otros campos importantes de la actividad de la persona.
    • No existe un retraso general clínicamente significativo en el área del lenguaje; por ejemplo: utilizar vocablos sencillos a los dos años de edad, usar frases comunicativas a los tres años.
    • No se observan retrasos clínicamente significativos en su desarrollo cognoscitivo ni en el desarrollo de habilidades de autoayuda propias de la edad del individuo, comportamiento adaptativo (diferente a la interacción social) y curiosidad sobre el ambiente durante la infancia.
    • No cumple con los criterios de otro trastorno generalizado del desarrollo (trastorno autista, trastorno de Rett, trastorno desintegrativo infantil) ni de esquizofrenia.

Aunque este trastorno está presente en mujeres y en hombres, las estadísticas mencionan que parece ser más frecuente en varones.

A veces, hay padres o madres que no reconocen que su pequeño(a) hijo(a) presenta un posible trastorno, sobre todo cuando es el primero y no se cuenta con una referencia en el desarrollo de la persona. Es cuando el niño entra a preescolar que podemos observar (los padres y/o maestros) un retraso motor en él, y en este mismo contexto escolar es cuando encontramos las deficiencias en la interacción social… es aquí también donde suelen aparecer esos especiales intereses en el niño.

En mi experiencia, hay personas que tienen dudas y/o confunden el Trastorno de Asperger, con el Autismo; el Trastorno de Asperger se diferencia del Trastorno Autista, que en el primero no existe un retraso en el desarrollo del lenguaje, lo cual sí se presenta en el Autismo.

 

 

¿Qué hacer?

Algunas sugerencias para quienes viven con alguna persona que presenta el Trastorno de Asperger son:

    • Formarle un horario con rutinas y un ambiente estructurado; avisarle con anticipación los planes, así como si hay cambios posteriores.
    • Brindarles amor y cuidados. Alabarlos en lo que saben hacer bien.
    • Ser pacientes y comprensivos, sobre todo ante sus fracasos e imperfecciones, ya que es difícil para ellos sobrellevarlos. Muchas veces su mal comportamiento puede deberse a sus frustraciones ya que se les dificulta comunicarlas; les falta habilidad para ello.
    • Apóyalos para que puedan terminar las tareas que comenzaron ya que, para ellos, es importante concluirlas.
    • Hay que ser neutros al darles instrucciones, utilizando un vocabulario claro y sencillo. Preguntar directamente evitando preguntas con opciones.
    • Sé paciente en enseñarles algunas estrategias para reducir la tensión: respiración, ejercicio, patear o aventar un balón… e indícale en qué situaciones específicas puede utilizarlas.
    • Dale la oportunidad de aprender habilidades sociales, con un poco más de esfuerzo puedes lograr esto en el niño…introdúcelo en ambientes donde pueda desarrollarlas.

Las anteriores son algunas recomendaciones, y no descartes solicitar apoyo de algún especialista para llevar a cabo un programa para el niño y de este modo ayudarlo a ser más hábil e independiente.

Recuerda que cada individuo, cada niño, es diferente; por lo cual, si conoces a alguien con Trastorno de Asperger, tal vez identificas algunas de las situaciones mencionadas en este artículo y no todas. La información aquí descrita no significa que todos los seres humanos con Trastorno de Asperger presenten los mismas características y de la misma forma; cada quien avanzará de diferente manera, logrando diversas metas, así como también cada uno tendrá sus propias dificultades. Hay que respetar el ritmo de cada persona, y también es importante que lo acompañemos en el proceso.

 

 

 

Por: Diana Leticia Bon Buelna

Psicóloga.

Terapia en Descodificación Biológica de Enfermedades y 5 Leyes Biológicas.

Cel. (667) 137-5788

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