Niños agresivos, mandones y autoritarios, ¿estás educando a tu hijo para que sea un delincuente? El síndrome del emperador está cada vez más presente en nuestra sociedad con niños tiranos o “emperadores” que hacen y deshacen a su antojo, que no aceptan un no por respuesta, y sus súbditos más fieles son sus padres. Descubre en este artículo qué es el síndrome del emperador y cómo detectar si tu hijo lo padece. Esto es lo que nunca, nunca debes hacer si quieres educar a tu hijo en los valores y el respeto:

 

¿Qué es el síndrome del emperador? ¿Es mi hijo un futuro tirano?
El síndrome del emperador o del niño tirano es un trastorno del comportamiento que se produce en menores. En éste los papeles están invertidos; los hijos dominan a los padres y hacen su ley, llegando incluso en algunas situaciones al maltrato.

Curiosamente no existe un patrón; puede ser el hijo mayor, el pequeño, un hijo adoptado, e incluso entre hermanos criados en el mismo entorno y circunstancias a uno le afecta el síndrome y el otro no lo desarrolla.

Se produce generalmente en familias de clase media-alta, y aunque los niños presentan mayor porcentaje, las niñas cada vez van ganado más terreno.

Si tu hijo no pide, sino que exige, es la primera alarma del síndrome. La edad suele oscilar entre los 9 y 17 años, y aunque no son delincuentes al uso, pueden llegar a robar, maltratar, amenazar o agredir psicológicamente. La víctima en la mayoría de los casos suele ser la madre, y tienen vergüenza de contarlo por el sentimiento de culpabilidad que le genera. “Mi hijo es así porque yo no he sabido ser una buena madre”.

 

¿Qué le pasa a mi hijo? Características del síndrome:
• Habitualmente se sienten tristes, ansiosos y enfadados, generalmente sin causa aparente.

• Tienen un sentido de la propiedad exagerado; sienten realmente que todo les corresponde, y que los demás están ahí únicamente para proporcionárselo. Cuando se les niega, tienen ataques de ira o rabietas, llegando incluso a insultar o agredir físicamente.

• Son egocéntricos y presentan baja o nula tolerancia a la frustración.

• Habitualmente tienen una autoestima baja, y carecen de empatía. Son incapaces de entender las consecuencias que sus actos tienen sobre los demás. No sienten culpa o remordimientos por sus acciones.

• Discuten las normas y los castigos, rechazan por defecto las figuras de autoridad, por lo que pueden ser inadaptados en otros entornos sociales como la escuela.

• El otro siempre es el culpable, ellos nunca. Buscan las justificaciones de sus actos en el exterior. No sólo culpan a los demás de sus problemas, sino que esperan que se los solucionen.

“El síndrome del emperador es fundamentalmente un problema de educación en una sociedad donde la autoridad está devaluada.” (Javier Urra).

 

¿Los padres tienen la culpa?
Rotundamente no. No es tu culpa. Pero sí eres parte del problema, y también de la solución. En tus responsabilidades entra la de establecer tempranamente una serie de límites, rutinas y reglas que hay que cumplir y son innegociables. No tengas miedo a decir no a tu hijo por causarle traumas. Realmente lo que más les neurotiza es no saber sus límites, no saber lo que está bien y lo que está mal.

Los estilos parentales educativos son un factor clave a la hora de prevenir y manejar este trastorno. La autoridad siempre la tienes que ejercer tú, pero con cariño y constancia. Donde haya afecto, intercambio de experiencias vitales y comunicación, es realmente difícil que surja la violencia.

Tenemos que desarrollar su sentido de la consciencia y la culpa, y educarles en la empatía, en la sensibilización y en la compasión. Existen técnicas de asertividad que tal vez puedan ayudarte. No se nace dictador o tirano. Lo que comunicamos a nuestros hijos y la forma en que lo hacemos es muy importante.

Cuando te desesperes, recuerda que la educación no es fácil, se trata de una carrera de fondo en la que el niño poco a poco cuando crezca irá interiorizando nuestros valores.

Recuerda que como en la mayoría de trastornos infantiles y juveniles, es mejor prevenir que curar.

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