En el mundo existen unos dos mil jardines botánicos en 150 países, museos vivos que son lugares de inspiración para los paseantes, de educación para los curiosos, de conservación para las futuras generaciones y de laboratorios de investigación para los especialistas. Con todas estas labores se encaminan los esfuerzos para mitigar nuestras huellas sobre el planeta, por ejemplo, el cambio climático que se manifiesta con síntomas como el calentamiento global.

Conforme se asientan la primavera y el verano en Culiacán nos sorprende la temperatura; repetimos con asombro que está haciendo más calor que nunca. Es cierto. Las mediciones internacionales prueban que hace más calor aquí y que hace más calor en todo el mundo.

Cada año, el calentamiento global rompe nuevos récords, por ejemplo, en 2016 la NASA destacó que se rompió por tercer año consecutivo la marca de la temperatura promedio de la Tierra con 14.38 grados centígrados -entre 1850 y 1900 era de 13.7-, suficiente para afectar los patrones de vida de las especies y su capacidad de adaptación. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con la cual se firmó el Acuerdo de París, lo define como “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos comparables”, y el Jardín Botánico Culiacán contribuye a enfrentar este problema con la conservación de espacios verdes dentro y fuera de sus instalaciones, sus labores educativas, científicas y de concientización.

Es por eso que los jardines botánicos son vitales para resistir el calor en lo global, en lo colectivo y en lo individual. El Jardín Botánico Culiacán está vivo y siempre hay secretos por develar porque se renuevan con el paso de las estaciones, los cambios en la vegetación logran nuevos juegos de luces y colores, regando por sus senderos el mensaje del cuidado de la naturaleza.

Aquí se estudian las cualidades de los ecosistemas, la relación entre especies y los efectos que tiene el entorno sobre nuestro patrimonio natural. Aquí hay miles de pruebas vivientes de lo que hay que cuidar, mantener y proteger del calentamiento global; las plantas regulan el ciclo hidrológico e intervienen en la reducción de inundaciones, sequías y erosión.

Los esfuerzos de cada jardín botánico del mundo se suman para conservar las especies endémicas, para estudiar su implicación en los ecosistemas, sin dejar de pensar globalmente pero actuar localmente

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