Salzburgo se encuentra a 425 metros sobre el nivel del mar, muy cerca de la frontera con Alemania, y a orillas del Salzach, el río por el que se transportaba la sal, el oro blanco, en la Edad Media, época de la que sigue en pie su fortaleza Hohensalzburg, la más grande y la mejor conservada de toda Europa. Bajo este imponente edificio, al que se accede subiendo unas duras rampas o a través de un funicular, se abre su coqueta ciudad vieja, obra maestra del barroco con sus bellas iglesias, plazas, patios y fuentes, donde la huella de Mozart aparece en cada rincón, ya sea en forma de placas, casas, museos, tiendas, chocolates o licores.

Todo el casco histórico fue construido durante el reinado de los príncipes arzobispos a finales del siglo XVI y principios del XVII con un estilo arquitectónico basado en el Renacimiento italiano y en su horizonte se pierden innumerables torres medievales con forma de aguja, cúpulas, campanarios y torreones de la mayoría de las 42 iglesias católicas y tres protestantes que se levantan en este gran centro cultural y universitario. Un encantador escenario que alberga misterios e historias sin resolver, algunos de ellos relacionadas con el gran genio de la música, Wolfgang Amadeus Mozart.

 

El cráneo de Mozart
Uno de los misterios más enigmáticos de Salzburgo tiene que ver con el cráneo de Mozart. En 1902, la Fundación Mozarteum tomó posesión de lo que se aseguraba que era la cabeza del músico. Al carecer de su mandíbula inferior, este casco coincidía con un registro histórico que indicaba que un sepulturero de Salzburgo llamado Joseph Rothmayer había extraído el cráneo de la tumba de la fosa común en la que Mozart había sido sepultado diez años después de su muerte en 1791.
A menudo se decía que estaba enterrado en la sepultura de un mendigo, pero la verdad es que Mozart había sido inhumado en una fosa con solo cuatro o cinco cuerpos más, un procedimiento de entierro habitual de la clase media en aquellos tiempos. Según la leyenda, el sepulturero le ató un cable al cráneo para que supiera cuál era el de Mozart y tenerlo así identificado; otras versiones aseguran que se adhirió un papel escrito en latín en el que se podía leer que “las musas nunca habían abandonado al músico”.
Desde ese momento, el cráneo pasó por varias manos para terminar en la Fundación Mozarteum a principios del siglo XX. Durante un tiempo esta institución venerada en Salzburgo lo exhibió en su biblioteca hasta que finalmente fue guardado en uno de los depósitos de la casa natal de Mozart y de momento continúa en ella, en el número 9 de Getreidegasse. Coincidiendo con el Año Mozart en 2006, 104 años después de adquirirlo, el Mozarteum intentó probar de una vez por todas que poseía el cráneo auténtico de Mozart ya que Viena aseguraba tener otro del músico y también se hablaba de una calavera rusa que vinculaban con Mozart y que resultó ser finalmente la de un mono.
El plan era extraer el ADN del cráneo y compararlo con el de otros parientes de Mozart, pero los resultados sugirieron que no solo el cráneo no estaba relacionado con los restos de la familia, sino que tampoco estaban vinculados entre sí, lo que arrojaba más dudas a la investigación. Debido a la confusión, el resultado no fue negativo ni positivo, por lo que el misterio sigue hoy sin esclarecerse.

 

Los enanos de unterberg
Unterberg es un macizo de los Alpes de Berchtesgaden (1.913 metros) en la frontera entre Salzburgo y Alemania al que suelen acudir los habitantes de la ciudad de Mozart para hacer excursiones, actividades deportivas y disfrutar de sus magníficas vistas. Las leyendas sobre este lugar han proliferado durante la historia. Se dice, por ejemplo, que Federico Barbarroja sigue profundamente dormido en las entrañas de la montaña y que durante su letargo la barba no ha dejado de crecerle o que el propio Carlomagno está oculto en el interior de Unterberg. Según esta creencia, el emperador, protegido por unos enanos invisibles, reaparecerá cuando pueda volver a formar un imperio como el Sacro Románico Germánico.
Son muchas más las historias en torno a este macizo, sobre todo de objetos y personas que desaparecen y vuelven a aparecer sin recordar nada de lo ocurrido, pero lo realmente cierto es que la montaña es un auténtico queso gruyere con un lago subterráneo de casi mil metros de profundidad y más de 600 pasadizos, muchos de ellos sin explorar y que buscan con ansia los espeleólogos. El propio Adolf Hitler, obsesionado con esta montaña por las historias que había leído sobre ella, quiso levantar una casa en su cima, pero finalmente se decantó por otra en el valle alemán de Berchtesgaden.

 

Las estatuas de Mozart
La famosa estatua de Mozart en la plaza que lleva su nombre fue financiada por el rey bávaro Luis I y se decidió colocar en este lugar porque en el número 8 se encontraba la casa de su viuda, Constanze. La figura, realizada en Múnich, está hueca, pero se cuenta que cuando llegó a Salzburgo su interior estaba repleto de tabaco porque en aquel momento los impuestos que grababan este producto eran muy elevados y existía un activo comercio de estraperlo a través de las montañas.
A la inauguración del monumento en 1842, año de la muerte de Constanze, acudieron sus dos hijos, Carl Thomas y Francisco Javier, quienes donaron al Mozarteum las cartas de la familia y todos los instrumentos musicales del genio, que se pueden ver en la actualidad en sus dos casas de la ciudad, de ahí que las biografías de Mozart realizadas por esta institución sean consideradas como las más fiables de cuantas se han escrito sobre el autor de La flauta mágica.

 

La tumba con siete cruces
En el cementerio de San Pedro, muy cerca de la entrada a las catacumbas, hay una tumba con siete cruces que, según cuenta la leyenda, perteneció a un asesino y a sus seis víctimas, todas ellas esposas de un constructor masón llamado Sebastián Stumpfegger. A los vecinos les extrañaba que cada vez que se quedaba viudo siempre volvía a contraer matrimonio, pero nunca se había encontrado ninguna evidencia de que las muertes no fueran naturales.
Sin embargo, la séptima esposa logró escapar y aclaró el misterio al contar que Stumpfegger las amordazaba vendando todo el cuerpo, excepto las plantas de los pies. A continuación, les hacía cosquillas hasta que morían de risa. En Salzburgo todavía recuerdan a este Barba Azul que fue capaz de edificar la Iglesia Colegial de Salzburgo y la columna Dreifaltigkeitssäule de Linz, pero son sus siete cruces las que gozan de más popularidad.

 

El Jardín del Edén
Una de las iglesias más antiguas y hermosas de Salzburgo es la de los Franciscanos. El interior de este templo barroco, situado entre las calles Sigmund Hafner y Franziskanegasse, es muy famoso por su magnífico altar en oro y mármol, obra de Fischer von Erlach.
Lo que muy pocos conocen es que solo a unos metros de su entrada los nueve monjes de la congregación guardan un pequeño jardín, llamado del Edén, que te permite en solo unos segundos escapar del bullicio que impera en el centro histórico. Uno de los monjes es el jardinero que cuida personalmente de las verduras y las hierbas medicinales plantadas. Este oasis oculto se alquila en ocasiones puntuales para fiestas y cuando llega la primavera en él se organiza un interesante mercadillo de libros antiguos.

 

La capilla escondida
La ciudad de los arzobispos esconde en su precioso casco antiguo algunas joyas arquitectónicas ocultas a la vista. Por ejemplo, junto a la plaza de Mozart hay una capilla privada que perteneció a una de las familias nobiliarias más importantes de Salzburgo. No resulta fácil de encontrar, pues ahora permanece en una zona privada residencial. Se accede a ella por el número 4 de Mozartplatz, a través de un corredor amplio y un patio interior de vecinos que desemboca en la capilla, hoy propiedad de una firma de abogados.
La capillita, del siglo XVIII, era la iglesia privada de la familia Antretter, que conocía muy de cerca a la familia de Mozart. Prueba de ello es que el compositor compuso para ellos la Antretter Serenade. La casa fue comprada por el canciller del condado y concejal real Johann Ernst von Antretter y su esposa, Anna Maria Elisabeth, en septiembre del año 1765 y en ella se ubica en la actualidad el Instituto de Música de la Universidad de Salzburgo. Otra curiosidad de este barrio es que en el número 8 de Mozartplatz hay una placa en memoria de Constanze von Nissen, la esposa de Wolfgang Amadeus Mozart, quien murió en este lugar poco antes de que se erigiera la estatua del músico, obra del escultor alemán Ludwig Schwanthaler, en el año 1842.

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