“Era una mañana y abril sonreía/ frente al horizonte dorado moría”, me quiero apropiar de los versos de Antonio Machado y sembrarlos como semillas para que la poesía florezca en nuestras vidas y así lanzar el siguiente cuestionamiento: ¿somos hombres de bien? Trataré de hacer la pregunta de diferente forma, ¿tratamos de ser hombres de bien?  Quevedo, el gran escritor del siglo de oro español, atribuía como cualidad primaria de la Bondad a la Gratitud.

Generosidad y gratitud hacen un binomio virtuoso. La sabiduría ancestral china acuñó un proverbio de mucha utilidad: “cuando bebas agua, recuerda la fuente”.

La vox populi que presume de sabia nos regala la frase: “de bien nacidos es ser agradecidos”. Incomprensible que la cantautora chilena Violeta Parra, quien nos dio una oda a la vida tal cual: Gracias a la vida que me ha dado tanto/ Me dio dos luceros, que cuando los abro/ perfecto distingo, lo negro del blanco/ y en el alto cielo su fondo estrellado…”, terminó suicidándose.

“En la actualidad, muchos pretenden pensar que no le deben nada a nadie”, son palabras de Benedicto XVI irrefutables. Goethe en boca de Fausto nos dice: “Demos donaire al vivir/ pongamos gracia en el dar/ y garbo en el recibir/
Donosamente se alcance el deseo/ sea en el marco de los días quietos/ gracioso el agradecimiento”.
En esta rifa del tigre que parece que es la vida, el simple hecho de eso, de vivir, debe de traducirse en un profundo acto de agradecimiento y en una abstraída voluntad de compromiso.

Chesterton nos deja helados a todos aquellos que jugamos a ser filósofos urbanos, “la primera forma de pensamiento es el agradecimiento”.  Si la “Gratitud” es una consecuencia lógica del “Amor”, por tanto, ambos debiesen ser materializados a la potencia infinita.

La Caridad, que es la forma más pura de amar, exige gratitud, el filósofo alemán Otto Bollnow llegó a sostener que “no hay ninguna otra cualidad humana que manifieste mejor la salud interior, espiritual y moral del que la posee, que su capacidad de agradecer”.

Verdaderamente ante este individualismo agudo que la contemporaneidad sufre, la gratitud nos humaniza, nos revitaliza, nos saca de nuestra zona de confort que se ha vuelto el egoísmo y la soberbia.

 ¿Qué tan difícil es decir “Gracias”? ¿Qué tan fácil es ser agradecido? La gratitud es la virtud que nos lleva a tomar conciencia de los dones que recibimos cada día, a mover nuestra voluntad para corresponder estos dones, aprovecharlos, desarrollarlos y ponerlos al servicio de los demás.

La Gratitud es un rasgo de suma importancia para desarrollar una personalidad madura. El hombre agradecido es, aunque parezca trabalenguas, “grato”, su amistad resulta “agradable”, su integridad saltará a la vista. El que sabe ser agradecido se aleja del espasmo conflictivo, del exhibicionismo, de la compulsiva y corrosiva enfermedad de la apatía. La Gratitud cancela el voluntarismo y concede su mano franca a la Felicidad; decimos gracias y una maravillosa y contagiosa avalancha de alegrías se desata.

La Gratitud es la “memoria del corazón”, quien quiera mantener un espíritu lúcido ya sabe como ejercitarse. El médico psiquiatra y sacerdote Joan Baptista Torelló, es sumamente acertado con su definición: la gratitud es sol que nos recuerda que somos limitados, niños menesterosos a quienes se entrega el mundo como puro regalo”.

 Por tanto y por mucho, esta es la oportuna ocasión para agradecer al lector el detenerse a leer estas letras. Nos leemos en mayo donde de seguro recitaremos con el poeta: “Feliz la nube de mayo/ que en esta o aquella rosa/ cumple su sino perfecto/ Feliz ella y feliz yo/ que la tengo”.

De nueva cuenta ¡gracias por leer… por la vereda tropical!

 

 

 

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*El autor es abogado y escritor, intelectual pop y filósofo urbano y ya sin tanta crema a los tacos es un mazatleco orgulloso de su terruño.

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