“No sé cómo has hecho pero al final en mi corazón está grabado tu nombre” Así se asoma el coro de la noventera canción tu nombre que interpretara el italiano Nek. A mi me encanta mi nombre: ¡Luis Roberto! suena tan zelodramático, que  bien podría figurar como el nombre del protagonista de la telenovela del horario estelar.

Una conversación, incluso, una amistad, comienza con un simple ¿Cómo te llamas?

En palabras de Ricardo Sada Fernández: “Decir a otro su nombre es invitarlo al diálogo. Cuando alguien conoce y pronuncia un hombre, ambos -el que habla y que escucha- se singularizan como ser personas.”

Todos tenemos derecho a tener un nombre, lo cual se hace efectivo a través de la inscripción del nacimiento en la Oficina de Registro Civil, este hecho es un requisito indispensable para que el Estado reconozca a la persona como ciudadano,  a partir de la inscripción de nacimiento la persona adquiere existencia y legal y por tanto la posibilidad de ser protegido por el Estado y de ejercer sus otros derechos. (les recuerdo soy abogado, les recuerdo nuevamente que toda consulta causa honorarios).

El nombre de una persona es para siempre, por lo que se debería de meditar mejor el nombre que se desea para los hijos. Los hay tiernos, escandalosos e innombrables. Sinaloa está inundado de niños y adultos con nombres raros o impronunciables. Hay oficinas del Estado, en que los titulares del registro Civil, recomiendan a los padres no ponerles esos nombres porque en el futuro podrían tener problemas legales.

Hay niños que son sujetos a burlas o acoso (Bullying). También suceden casos en los que al no saber pronunciar como se llaman, los amigos en la escuela y vecinos les aplican apodos. En mi muy particular opinión yo estoy a favor de los nombres comunes y fáciles de pronunciar A mi me gustan los nombres con historia, con anclaje familiar, me gustan aquellos que rinden tributo a los antepasados.

El simpatiquísimo Catón, escribía a Guadalupe Loaeza, una felicitación por haberse estrenado como abuela, aquí comparto un extracto de la misiva: “Guadalupe Loaeza, compañera de páginas editoriales, celebró hace unos días la llegada de su nietecita. Me alegró saber que la pequeña se llamará María, porque es el nombre que me gusta más. Habría yo querido que el mío fuera Mariano, pues mariano soy y Mariano se llamó mi padre, pero en la víspera de darme a luz mi mamá vio la película “Camille”, de Greta Garbo, y el galán se llamaba Armando. Por eso llevo tan gerundio nombre. No hay otro más hermoso que María. Ya lo dijo Francisco Luis Bernárdez en estos cuatro versos que envío de regalo a Guadalupe y a su nietecita: “… Si el mar que por el mundo se derrama / tuviera tanto amor como agua fría, / se llamaría por amor María / y no tan sólo mar como se llama…”.

El gobierno de Nueva Zelanda ha querido proteger el nombre de los recién nacidos y evitar que sus padres impongan nombres ridículos y sin sentido. En Suecia, si los nombres representan frutas, como Apple, o no son claros a la hora de distinguir si se trata de hombre o mujer, es probable que sean vetados. En Dinamarca, la gente tiene una lista de 7.000 nombres pre-aprobados, 3.000 para hombres y 4.000 para mujeres. En Estados Unidos, en tanto, no existen leyes federales  que restrinjan  o que regulen nombres posibles para bebes. Sin embargo, en el 2008 un matrimonio fue visitado por el Servicio de Protección de Chicos al enterarse que uno de sus hijos se llamaban Adolf Hitler Campbell.

Aquí va una anécdota personal, hace algún tiempo trabaje en una dependencia federal y me asusté cuando me percaté que un niño llevaba por nombre Vicente Fox Quezada y de apellido Pérez López, esto en honor al mandatario, pues el infante nació precisamente un 2 de julio de 2000, desde ese momento lo confieso, mi preocupación por los nombres nació ¿apoco no tengo razón?

Twitter: @luisrobertogm

Instagram: @leerporlaveredatropical

 

 

 

*El autor es abogado y escritor, intelectual pop y filósofo urbano y ya sin tanta crema a los tacos es un mazatleco orgulloso de su terruño.

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