La vida son constantes pérdidas y éstas son cambios importantes que causan un impacto  en nosotros, en nuestra personalidad, en nuestras reacciones, en nuestra manera de ver las cosas, en la toma de nuestras decisiones y  en nuestras emociones.

Si le preguntas a alguna persona cuál es su objetivo en ésta vida te contestaría: “Ser Feliz”.

Ese es el sueño que todos tenemos o aprendemos que así debe ser  pero ser feliz lo vemos como un destino y lo vamos a lograr cuando ya no tengamos ningún problema que resolver.

Eso es imposible porque siempre se nos presenta algún reto o adversidad ya sea externo o para que lo trabajemos en nuestro interior.

Una de las pérdidas que vivimos y es de las que más nos marcan es la muerte de un ser querido, evitamos hablar de ella y la vemos lejana como si evadiéndola no nos fuera a tocar deseando que pase de largo.

La muerte toca a nuestra puerta y no hay edad ni tiempo perfecto para nosotros y es cuando nos damos cuenta que no está tan lejos y que algún día también nos llevará.

Cuando tenemos una pérdida automáticamente iniciamos un proceso de duelo donde sentimos mucho dolor y éste nos causa enojo, tristeza, miedo, incertidumbre, miedo, soledad y culpas entre muchas otras emociones. Ante el duelo creemos que el dolor se va a quedar con nosotros y tenemos una pérdida de sentido de vida.

¿Qué nos han enseñado? Tienes que ser fuerte entonces no puedes llorar, no puedes expresar tu dolor y ahí es donde uno reprime y guarda y carga ese dolor por mucho tiempo hasta que el cuerpo lo expresa con alguna enfermedad.

Tenemos que borrar esas creencias y aprender que el dolor es parte de la vida y que cada vez que tenemos una pérdida hay un aprendizaje que nos puede transformar en ser mejores seres humanos. Digo que nos puede porque es elección aprender de esa situación o elegimos cargarla como una piedra.

También hay que cambiar el concepto sobre las emociones porque son la raíz de cómo vamos a vivir. En el manejo de un duelo sano lo que nos va ayudar a elaborarlo es el permitirnos sentir, sentir sobre todo la tristeza, el enojo y el miedo así como llorar y expresar lo que pensamos y sentimos. No es cómodo ni fácil pero sí es necesario.

La vida está llena de ciclos, el embarazo, cada año que celebramos, el día y la noche, las estaciones del año, las etapas de desarrollo, una enfermedad, una relación, criar a los hijos, el nido vacío, un viaje, una reunión con amigos, un trabajo, el dolor, un duelo, etc. y  así como la vida misma.

Todo es pasajero, cada ciclo tiene un principio y un fin y cuando llegamos al final de ese ciclo nos cuesta trabajo adaptarnos.

Hay un dicho que dice que el tiempo lo cura todo pero no es cierto porque el tiempo por sí solo no lo hace. Lo importante es que el tiempo nos va a ayudar para que nosotros reacomodemos nuestras emociones y pensamientos y también reaprendamos a vivir con la ausencia física de nuestro ser querido para que lleguemos a la aceptación.

Así es como nos reconstruimos.

A pesar de que traigas un problema o dolor por una pérdida agradece tres cosas que sí tienes, es importante cambiar el enfoque del dolor a la gratitud.

Cuando la vida no te sonría y el dolor te abraza piensa en que es pasajero y que el sol volverá a brillar sobre ti y recuerda, todo es pasajero.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatóloga
yvonnerosadecristal@gmail.com
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Alejandra Renacer
Tanatóloga Yvonne Bulnes

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