Una de las figuras políticas más importantes en una de las épocas más violentas de la historia de Francia fue Catalina de Medici o de Médicis, una mujer culta, supersticiosa y amante de las artes. Pero también fue implacable y cruel con sus enemigos y cambió varias veces de aliados, pactando, cuando la ocasión lo requería, con católicos y protestantes indistintamente por lo que sus adversarios la llamaban La Reina Negra y Madame la Serpiente.

SU LLEGADA AL TRONO

Catalina de Médicis nació en Florencia en 1519. Su infancia, marcada por la convulsa política italiana, la pasó entre Florencia y Roma. El papa Clemente VII, tío de Catalina, arregló su matrimonio con Enrique de Valois, hijo de Francisco I de Francia, para descartarla de la línea de sucesión de los Médici.

En la corte francesa, Catalina se vio relegada a un segundo plano, ya que su marido compartía lecho con Diana de Poitiers, la amante oficial. Aun así, quedó embarazada once veces y le dio a Enrique diez hijos, de los que siete llegaron a edad adulta.

No estaba destinada a ser reina, pero las cosas cambiaron cuando murió inesperadamente el primogénito del rey, lo cual dejó a Enrique como heredero de la Corona.

Catalina, poco a poco, fue guiando al rey con sus ideas, que básicamente consistían en enfrentar entre sí a los grandes nobles para hacer prevalecer la autoridad del monarca. Durante el reinado Enrique, Catalina quedó algunas veces a cargo del gobierno, el rey estaba guerreando o ausente de la corte por otros motivos. La reina cumplió bien estas tareas, que le fueron dando confianza en su capacidad para dirigir los asuntos políticos.

Las constantes guerras entre Francia y España llegaron a su fin con la Paz de Cateau-Cambrésis, que puso fin a las ambiciones francesas en Italia y llevó al matrimonio de Isabel de Valois, hija mayor de Catalina, con Felipe II de España. Durante los festejos de la boda, el rey murió en una justa. Nostradamus había dejado constancia del peligro que se cernía sobre el monarca en una de sus profecías. Catalina, desolada por la pérdida, decide vestir de luto el resto de su vida. En cuanto a Diana de Poitiers, Catalina pudo, por fin, quitársela de en medio.

Tras la muerte de Enrique II, el hijo mayor de Catalina, Francisco II, fue coronado.  Cuando Francisco II falleció, Catalina ocupó el cargo de reina regente durante la minoría de edad de su hijo Carlos. Estaba a decidida a impedir la desestabilización del país y a garantizar la supervivencia de la dinastía Valois, así que mantuvo la política interior equidistante entre católicos y hugonotes.

La gran matanza San Bartolomé

La guerra civil parecía apaciguada. Sin embargo, el bando hugonote estaba ganando demasiada influencia sobre Carlos IX. La respuesta de Catalina, apoyada por los Guisa, fue drástica.

Catalina convenció al monarca de que había una conspiración protestante contra él. En lo que se conoció como la gran matanza de la Noche de San Bartolomé, miles de hugonotes fueron degollados. La masacre se extendió desde París a las provincias, donde se multiplicaron los asesinatos en masa.

El último Valois

Los protestantes no desaparecieron, sino que se rebelaron. Carlos IX, enfermo, fallecía en el peor momento. Catalina quería otro de sus hijos, Enrique III, fuera coronado rey de Francia. Este cedió a su madre los asuntos más importantes del gobierno, lo cual acrecentó el descrédito de la dinastía.

Tras la muerte de Enrique III, el último Valois, se instauró en Francia una nueva dinastía: la Borbón la cual era gobernada por Enrique de Navarra y Borbón, un hugonote.

Pocos días después, Catalina moría. No pudo salvar a la dinastía a la que tantos años había dedicado esfuerzo. Enrique III fue asesinado por un fanático ese mismo año y, con él, los Valois se extinguieron.

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