“Tú has visto muchas cosas, pero no observas,
los oídos están abiertos pero no oyen.”
Isaías 42:20

Es un gusto para mi regresar y encontrarme nuevamente con cada uno de ustedes a través de estas líneas que por tantos años me llevaron a compartir reflexiones que nos ayudan a ser mejores seres humanos relacionándonos correctamente con los que nos rodean, buscando a diario el equilibrio personal, la estabilidad emocional, el crecimiento espiritual y la motivación necesaria para enfocarnos en nuestros objetivos y caminar ligeros pero con pasos firmes.

Minutos de reflexión me dio por muchos años la oportunidad de indagar en el comportamiento y sentir de las personas, en encontrar las palabras adecuadas que pudieran tocar cada corazón y la pausa necesaria para alimentar el alma, aclarar ideas, encontrar pautas que encajaran de manera perfecta en la vida de cada uno de nosotros. Regresar ha sido una decisión importante para mí porque era necesario el tiempo para la pausa, la meditación, el darme la oportunidad nuevamente de pensar en cada uno de ustedes para poder contribuir con un granito de fe y esperanza a sus valiosas vidas.

Cuando recibo la invitación nuevamente a regresar a estas líneas no tuve mucho tiempo para pensar con que tema iniciaría pero pronto mis ideas se iluminaron y pensé en una conversación que tuve recientemente con mis compañeros del círculo de lectura que acertadamente iniciamos (mis compañeros son mi valiosa familia y nos dimos el regalo más valioso iniciando el año de compartir tiempo juntos y aprender) y que me hizo reflexionar en la importancia de luchar con este mal hábito de ser indiferentes a los acontecimientos sociales que acontecen a nuestro alrededor.
El día a día nos envía información sobre lo que es socialmente correcto y como en ocasiones sabemos que es nuestra responsabilidad advertir o incluso cambiar los efectos que puede repercutir en el bienestar de una persona y nos quedamos quietos, mudos y observando las consecuencias negativas de algo que pude evitar.

Creo es nuestra responsabilidad ser mejores personas creciendo, madurando y modificando hábitos que nos permitan vivir de manera activa, saludable y equilibrada pero si no somos capaces de ser empáticos ayudando a los demás nos quedamos a medias en uno de los propósitos que Dios tiene para nosotros que es servir.

Aquí la pregunta es, ¿Cómo puedo combatir la indiferencia? y se me ocurren varias ideas, como por ejemplo y lo primero es una buena comunicación con nosotros y las demás personas a diario así, no será complicado estar alertas y alertar en situaciones que pueden poner en riesgo la integridad de alguien y está a nuestro alcance prevenir. También acompaña a la buena comunicación la prudencia para aconsejar de la mejor manera y sin herir susceptibilidades porque existen algunas personas que los consejos los pueden tomar como crítica y es ahí donde debemos tener tacto para ayudar. No te frustres si no puedes ayudar como quieres hay situaciones que son un poco más complicadas y saber que no está en nuestras manos la solución completa de algún problema ajeno, incluso, situaciones personales en ocasiones pueden simplemente no tener alguna solución y eso no puede hacernos sentir enojados o que no somos capaces de hacer las cosas. Otro punto es saber retirarse a tiempo una vez que hicimos todo lo que está a nuestro alcance.
Combatimos la indiferencia social y personal cuando estamos conscientes de quienes somos y mantenemos un equilibrio físico, mental y espiritual, sabemos reconocer nuestras emociones y somos responsables de nuestros pensamientos y actos cotidianos, sin problemas podemos transmitir nuestros sentimientos a los demás, nos tomamos nuestros tiempos a solas para reflexionar y normalmente somos personas positivas y nos alejamos de la negatividad y el afán de nadar contra corriente imponiendo nuestras ideas y manera de ser como las correctas entendiendo que cada persona somos diferentes y el resultado de nuestra educación y crecimiento.

Por: OLGA BEATRIZ PEREZ BERRELLEZ

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Olga Beatriz Pérez Berrelleza

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