“Primero que nada, vigila tu corazón, porque en él está la fuente de la vida.” Proverbios 4:23

 

Cuando hablamos del hogar y de poner en orden todo lo que en él se encuentra, la razón nos lleva a pensar en el espacio físico donde vivimos, ya sea solos o con nuestra familia, la finalidad del orden es tener un ambiente de armonía donde sentirnos cómodos estando cada cosa en su lugar. El orden es uno de los hábitos que con más frecuencia nos cuesta trabajo adoptar porque las prisas y compromisos que tenemos a veces nos dificultan, por decir así, mantenerlo en nuestras cosas, pero también en nuestra vida y nos volvemos un caos ambulante cuando no hay razón para vivir así, recordemos que en el principio, lo primero que hizo Dios fue poner orden, “la tierra estaba desordenada” dice la Biblia en el Génesis y lo primero que hizo nuestro Padre fue ordenarla.

Pero en esta ocasión hablaremos de nuestro verdadero hogar, pondremos atención a nuestro corazón, porque en él —dice al inicio de este artículo— está la fuente de la vida. Pongámonos a pensar por un momento para comprobar si eso es así realmente, les mostraré dos escenarios y veremos las sensaciones que tenemos al leerlas.

Se levanta a primera hora la mamá, prepara el desayuno a tiempo, los hijos se despiertan, toman su desayuno, se visten y salen a la hora indicada rumbo a la escuela, todo estuvo en perfecto orden y el ambiente entre ellos es de total armonía, llegan los hijos a la escuela tranquilos a hacer sus actividades y la mamá se va a las suyas…  todo estuvo en total paz.

Ponemos el mismo escenario pero en este caso, la mamá por “x” motivo se levantó tarde, medio preparó el desayuno, angustiada levanta a los hijos con tiempo limitado, los hijos de malas y apresurados medio hacen sus cosas y salen de la casa con pleitos porque el tiempo no fue suficiente, los hijos culpan a la mamá y ella enojada los regaña por su falta de respuesta para resolver imprevistos, se bajan los hijos enojados y regañados, la mamá se va enfadada con ella, con los hijos y hasta con el despertador que no escuchó. Mismo escenario diferentes circunstancias, ¿cómo quedó el corazón de cada uno de ellos? La respuesta cada uno la sabemos…

Para eso es este artículo, para aprender y saber que ante cualquier circunstancia que se nos presente siempre debemos cuidar el corazón y entender que lo que pasa día a día no es muchas veces responsabilidad de nosotros, pero sí la manera de reaccionar y tenemos que enseñarnos a nosotros mismos y luego a los que nos rodean que ante todo debemos permanecer en quietud y cuidar nuestro principal motor que es el corazón, nuestro verdadero hogar, para que no se le vayan formando grietas permanentes, y podrán decir es algo muy extremo que por algo tan simple se pueda dañar, pero si son pequeños detalles casi a diario es posible que en algún momento se llegue incluso a fracturar una relación.

Para lograrlo debemos primero ser maduros, trabajar con nosotros mismos en nuestro carácter para aprender de las experiencias buenas y malas, saber que las circunstancias son temporales y que por eso es importante en tiempos de caos o crisis tratar de mantener la calma, al punto de que si no se logra llegar a la escuela, al trabajo, o entendernos con una persona, etc., no pasa nada y es mejor no alterarnos para no ofender o dañar la sensibilidad y sentimientos de los demás e inmediatamente después resolver, porque es muy común que en la crisis digamos cosas que realmente no es lo que sentimos, hagamos cosas que no son correctas y dejamos heridas que son difíciles de sanar y se quedan ahí, guardas en el corazón.

Yo les aconsejo que es mejor tener acuerdos con los miembros de la familia, con los amigos y hasta con las personas que son autoridad para nosotros en el trabajo, acuerdos de empatía, bondad, amor, benignidad, que nos llevan a tener una sana relación y que cultivan con cosas buenas las relaciones personales, que en estos tiempos es tan necesario mantenerlas sanas y en buen estado, no perder de vista que cada uno somos diferentes, pensamos, sentimos, actuamos y reaccionamos diferente a la misma situación y eso no quiere decir que unos tengamos la razón y otros estemos equivocados, simplemente somos seres individuales, dignos de recibir un buen trato y con la responsabilidad de ser respetuosos y amables con quienes nos rodean, es así solamente cuando logramos entender este principio que veremos más personas felices, menos corazones rotos, más humanidad entre todos y menos diferencias, contiendas y enemistades que dejan sólo heridas y corazones rotos.

Cuida tu hogar, pon en orden tus sentimientos y emociones, dirige positivamente la manera de ver las cosas, las circunstancias y a las personas, maneja las crisis con tranquilidad, trata a los demás como tú deseas ser tratado siempre, a tu familia abrázala y ámala por encima de todo, perdona si te causan algún dolor y pide perdón si has ofendido y dañado, pero limpia y guarda tu corazón a diario, es la fuente de la vida, lo que define quien eres.

 

 

 

Por: Lic. Olga Beatriz Pérez Berrelleza

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Twitter: @olguitabpb

 

 

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