Por: Paul McGregor

 

En la segunda de sus entrevistas con extranjeros que eligieron vivir en Sinaloa, Paul McGregor habla con la astrónoma rusa Tatiana Kokina. Tatiana llegó a Sinaloa hace más de 30 años y es Responsable del Centro de Astronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Está a 12,400 km de su ‘casa.’

 

Paul McGregor: El título de este artículo es: “Ella eligió Sinaloa”. Sin embargo, Tatiana, ¡se podría decir que Sinaloa la eligió! ¿Cuéntenos, por favor, cómo fue “elegida”?
Tatiana Kokina: Estaba estudiando en Moscú, en la entonces Unión Soviética, cuando conocí a mi ahora esposo, Daniel Mendoza Araiza. Es de Durango, pero se graduó de la Escuela de Fisico-Matematicas de la Universidad de Sinaloa. Lo encontré cuando él cursaba su doctorado en la Universidad Estatal de Geodesia y Cartografía de Moscú y yo preparaba mi licenciatura en astronomía – geodésica (astronomía de posicionamiento). Era uno de esos inviernos rusos muy fríos, y nos conocimos en una pista de atletismo cubierta. A ambos nos gustaba el atletismo. Nos casamos y la primera de nuestras cuatro hijas nació en Moscú. Así que fue Daniel quien me trajo a Sinaloa. Entonces, en ese sentido sí, ¡Sinaloa me eligió!

 

PM: ¿Puede contarnos algo de su ciudad natal en Rusia?
TK: Nací en Volodarsk, a unos 380 km al este de Moscú. Tiene una población de menos de 10,000 habitantes y lleva el nombre de Moisei Goldstein Volodarsky, un bolchevique que fue asasinado en 1918 durante la Revolución rusa. Se ubica a orillas del río Seyma que desemboca en el río Oka, que a su vez desemboca en el famoso río Volga en la histórica ciudad de Nizhny-Novgorod, que antes se llamaba Gorki en honor al escritor Maximo Gorki. A la edad de 17 años me fui de Volodarsk a Moscú para estudiar. Fue un gran orgullo para mis padres ver a su hija llegar a la universidad. Y para mí, salir de mi pequeño pueblo para ir a la capital fue una gran aventura.

 

PM: ¿Qué sabía usted de Sinaloa o de Culiacán antes de venir aquí?
TK: Prácticamente nada; solo lo que me había contado Daniel. Después de ir de Volodarsk a Moscú, dejar Moscú por Sinaloa fue la segunda gran aventura en mi vida.

 

PM: Su interés por la astronomía comenzó a una edad muy temprana. ¿Podría contarnos sobre sus primeros pasos entre las estrellas?
TK: Cuando era niña descubrí un par de mapas estelares de otoño e invierno en una revista para niños. Esos mapas despertaron mi interés inicial por la astronomía. Todavía los tengo. En décimo grado de la escuela habia clases de astronomía, y me recuerdo que en 1975, cuando terminé el noveno grado, hice un viaje escolar a Leningrado (ahora llamado San Petersburgo) para ver las famosas Noches Blancas. Este fenómeno ocurre a los días cercanos al día solsticio de verano. Es cuando, debido a la latitud de la ciudad (59º57´N), el Sol baja, pero solo a entre cero y menos 6 grados abajo del horizonte. Se llama el ‘crepúsculo civil’. Así que, aunque no se ve el Sol, no se oscurece el cielo, incluso a medianoche, y se puede realizar la mayoría de las actividades sin luz artificial. Se organizan muchos eventos culturales al aire libre durante esa temporada.
En la noche del 18 de noviembre de 1975 se produjo un eclipse lunar total. Esto sucede solo cuando hay Luna llena, el Sol, la Tierra y la Luna están alineados y la Luna entra en la sombra de la Tierra. Recuerdo que era una noche fría y todos íbamos a la escuela a medianoche para observar el eclipse.

 

PM: Y ahora es astrónoma profesional y trabaja en la Universidad Autónoma de Sinaloa.
TK: Si. Durante más de 25 años enseñaba varios aspectos de la astronomía en la Facultad de Ciencias de la Tierra y el Espacio aquí en Culiacán. Puede ser la única licenciatura de astronomía en México. Al mismo tiempo, estoy a cargo del Centro de Astronomía de la U.A.S.

 

PM: Entiendo que una parte importante del trabajo del Centro consiste en monitorear la basura espacial. ¿Puede decirles a nuestros lectores qué son los desechos espaciales y qué implica el monitoreo?
TK: La basura tecnológica espacial se refiere a los objetos creados por el hombre que se encuentran en el espacio, en particular los que orbitan alrededor de la Tierra, y que ya no sirven. Los desechos espaciales incluyen los restos de cohetes utilizados para impulsar satélites a la órbita y también miles de satélites que han llegado al final de su vida activa. Incluso puede incluir objetos que los astronautas dejaron afuera durante sus paseos espaciales. En la primera caminata espacial estadounidense, el astronauta Ed White perdió un guante que todavía está por ahí. Los desechos se han ido acumulando en el espacio ultraterrestre desde el lanzamiento del primer satélite artificial, Sputnik 1, en 1957. Más de 34.000 fragmentos de 10 cm. o más se han catalogado ahora. Su monitoreo es importante porque pueden dañar a los satélites activos e incluso a la Estación Espacial Internacional. En tres ocasiones, cuando surgió el riesgo de un impacto inminente, los astronautas de la Estación tuvieron que salir de la estación y refugiarse en la nave Soyuz.
El Centro de Astronomía de la UAS tiene su propio Observatorio Astronómico ubicado en la reserva ecológica de Nuestra Señora cerca de Cosalá, pueblo mágico. Se inauguró en mayo de 2012 y tenemos tres telescopios que fueron donados por el Instituto de Matemáticas Aplicadas M.V. Keldish de Moscú. Este Observatorio es parte de ISON (International Scientific Optical Network, por sus siglas en inglés), red de aproximadamente 20 observatorios en todo el mundo que monitorean, rastrean y registran objetos en el espacio. Los telescopios están conectados a cámaras digitales para que podamos compartir nuestros datos con otros observatorios y con el Instituto Keldish. Desde 2012 hemos identificado más de 50 objetos, incluso satélites ‘perdidos’. Desde 2019 estamos también monitoreando asteroides en órbitas cerca de la Tierra. Hay un centro en los Estados Unidos que se llama el Centro de Planetas Minores, MPC, (por sus siglas en inglés). El Observatorio está registrado con el MPC y mandamos datos sobre objetos que observamos. El MPC es responsable para informar sobre el riesgo que pueden presentar estos objetos cerca a la Tierra si entran a la atmósfera. También, en 2017, como parte de las actividades del Centro de Astronomía, con mi esposo, tradujimos del ruso el libro, “Asteroides y Cometas Peligrosos Para la Tierra Ayer, Hoy y Mañana”, donde hay mucha información sobre asteroides que se acercan a la Tierra.

 

 

PM: Usted se empeña en despertar el interés por la astronomía en el público en general.
TK: Dado que la astronomía significa tanto para mí, siempre trato de compartir esta pasión con otras personas. Durante varios años escribía artículos cada mes para el periódico Noroeste y luego para El Sol de Sinaloa. También, los domingos, tenemos un programa en la radio de la Universidad Autónoma de Sinaloa que se llama “Espacio Astronómico 96.1”. Varias escuelas e incluso un jardín de niños me invitaron para hablar del maravilloso universo más allá de nuestro planeta. En 2012 yo di una serie de conferencias en diferentes ciudades de Sinaloa, entre ellas, en Los Mochis, en la Universidad Autónoma Indigina de México. Si se recuerda, mucha gente pensaba que los Mayas predijeron el fin del mundo para 2012. Yo explicaba que los Mayas predijeron no el fin del mundo, sino el fin de un ciclo de cálculo del tiempo de 26,000 años.
Disfruto dando conferencias. Llegué a México sin hablar ni una palabra de español, pero unos años después, en 1988, di mi primera conferencia en español. Me recuerdo que hablé del planeta Marte y de su gran Oposición porque, en este año, el planeta llegó a su punto más cercano a la Tierra, a unos 56 millones de km. Esto ocurre cada 15-17 años.
En 2008 fue creada la Asociación Sinaloense de Astronómica (http://asaac.org.mx). Mi esposo, Daniel, fue su primer presidente. Desarrollamos actividades para promover un mejor conocimiento de la astronomía. Por ejemplo, desde 2009 cada año organizamos una Noche de Estrellas en Culiacán, igual que en muchas otras ciudades de México. Está abierta al público y organizamos diferentes actividades, entre ellas varias conferencias sobre astronomía y la observación de cuerpos celestes que se ven con utilización de los telescopios.

 

PM: Quizás no todos los lectores sepan que un importante referente astronómico atraviesa Sinaloa. Cuéntanos sobre eso. TK: Creo que usted se refiere al Trópico de Cáncer. Se encuentra en la latitud 23°27´N y es el punto más septentrional alcanzado por el Sol en su órbita elíptica alrededor de la Tierra. Es donde, al mediodía del 21 de junio de cada año, el Sol pasa por el cenit y no hay sombra. En el año 1998 nos dieron la tarea en la Escuela de Ciencias de la Tierra de la U.A.S. de identificar la ubicación precisa del trópico de Cáncer en la autopista de Culiacán a Mazatlán y, en 2010, en la carretera de Mazatlán a La Noria.
Pasamos varias noches utilizando equipo especializado y ahora sabes cuando estás cruzando el Trópico de Cáncer por las señales que colocaron. La identificamos, también en la carretera nueva de Mazatlán a Durango. Son puntos importantes para los que viajan por las carreteras de Sinaloa y Durango, y sería bueno poner monumentos en estos lugares. Así lo hicieron en 1958 en carreteras en los países del mundo por donde pasan los trópicos de Cáncer o de Capricornio.

 

 

PM: ¿Cuándo no está mirando las estrellas, que le gusta hacer?
TK: Desde niña me ha gustado tejer y conforme pasa el tiempo me gusta más. Tengo una fotografía de mi vistiendo un suéter que yo tejí en 1974. Sabe, existe una expresión en ruso que dice que la niña que cose con hilo largo vivirá muy lejos de su casa. Curiosamente, ¡yo siempre cosía con hilos muy largos!
También practico yoga desde hace varios años. Nunca tomé clases. Lo que sé, lo aprendí de los libros. Es importante tratar de guardar su cuerpo sano, y por eso, antes corría mucho y ahora camino mucho.

 

PM: Usted es escritora de ciencia ficción también.
TK: Si. Estoy escribiendo mi octava novela. Escribí mi primera novela, ‘La Traviesa Espacial – La historia de una niña en un mundo diferente’, en 2001. Cuando estoy escribiendo, puedo perderme en el tiempo y escribir hasta la madrugada. La ciencia ficción siempre me ha gustado. A los lectores que comparten este gusto, puedo recomendar unos escritores de ciencia ficción rusos como Alexander Kazantsev o los hermanos Arkady and Boris Strugatsky. Boris era astrónomo. Me gusta también leer, como a mi papá que era un gran lector.

 

PM: Al final de su quinta novela, “Mis Otras Vidas”, escribe, refiriéndose a la heroína: “Ella crecerá en su nuevo cuerpo, olvidará sus vidas anteriores, vivirá mirando las estrellas con tristeza y llegará un momento en su vida en que empezará a recordar su vida pasada, sus otras vidas …” ¿No habrá un paralelo con usted que ha tenido una vida en Volodarsk, otra en Moscú y ahora en Culiacán?
TK: No sé. Nunca pienso en esos términos sobre mi propia vida. Nací en Rusia y regreso casi todos los años. Mi madre y mi hermana todavía viven cerca de Volodarsk. Pero mi familia está aquí, así que Culiacán es mi hogar ahora. Mi vida está aquí. Como dice también el subtítulo de mis novelas, “La historia continúa …” y mi historia continúa aquí, en Sinaloa.

 

PM:Спасибо большое, Татьяна! (¡Muchas gracias, Tatiana!)

 

(Para mayor información sobre las novelas de Tatiana Kokina: ticila@hotmail.com)

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