Pareciera que estamos viviendo una película de ciencia ficción, de repente nos cambió la vida a todos. Nos tuvimos que resguardar del enemigo, un enemigo invisible, no lo vemos pero sabemos que está cerca, tan cerca que los hospitales comienzan a llenarse, la muerte está pendiente de llevarse a los más vulnerables y a las personas mayores.
Los niños dejaron de ir a la escuela, los papás —si los dos trabajaban— también están en casa, esperando que el enemigo pase de largo. Mientras tanto, las redes sociales nos llenan de información y desinformación que hace al enemigo más poderoso porque nos llena de miedo, de pánico. Nos cuestionamos muchas cosas, qué pasará mañana con la economía, con la gente, con el mundo, creemos que vienen épocas muy difíciles.
También las familias estamos distanciadas de los hijos, de los nietos, de los amigos, entre todos hay que cuidarnos para no contagiarnos. Verlos de lejos y no poder abrazarlos y besarlos, es realmente desgarrador.
Cuando tenemos que salir, las personas nos dan miedo porque no sabemos si ese diminuto virus ya entró a su cuerpo, aunque todavía no haga ruido.
Los negocios, las empresas está sufriendo por su propio bienestar y el de sus trabajadores. Hay muchos que no podrán sostenerse y cerrar y hay personas que viven al día, si no trabajan, no hay alimentos.
Y así, a esperar, esperar que la película termine, o que haya sido solamente un sueño, una pesadilla y por fin, despertar.
Despierten, es lo que la vida nos está enseñando, el mundo se paró para que nosotros también paremos de ese ritmo de vida que llevamos, de esa enfermedad del no tiempo, de darle mucha importancia a lo material, a lo banal.
Alto, es tiempo de voltear a ver lo esencial en la vida, de convivir con la familia y ahora de tiempo completo. Esos niños que tienen papás que trabajan y casi no los ven porque el rol del padre es ser proveedor, la presencia y convivencia con los hijos es igual de importante. Esta es una oportunidad de dar esa calidad de tiempo, de amor y de seguridad.
Hoy nos damos cuenta de lo importante que es la interacción humana, de que necesitamos la convivencia con los demás, es necesario para nuestra salud emocional. Qué lección estamos recibiendo, ahora la convivencia es a través de redes sociales, antes estábamos frente a frente con las personas sin prestarles atención por estar pendientes del celular. Hoy es al revés, qué daríamos por estar con nuestros seres queridos.
Es tiempo de valorar la presencia de las personas, de la familia, de abrazarlas, besarlas, voltear a ver a las personas de todos niveles y compartir lo que tenemos porque nadie debería pasar hambre y no tener un techo digno, porque lo demás pasa a segundo término.
Hoy nos damos cuenta lo frágiles que somos y que todos somos iguales, con las mismas necesidades, miedos, alegrías, tristezas y con la misma esperanza de que todo esto termine sin tener ninguna pérdida importante de algún ser querido.
Es tiempo de agradecer, cada día, observa lo que tienes, agradece y nos daremos cuenta de que teniendo salud, lo demás se puede resolver.
Hagamos un alto y hagamos una introspección de cómo queremos vivir de ahora en adelante. Nuestras prioridades cambiaron de orden, es tiempo de amar, de disfrutar las cosas sencillas, cotidianas, de servir al prójimo y de nunca perder la esperanza de que algo mejor vendrá.
Espero que todos salgamos renovados de este proceso tan complejo y que pronto pase a ser solamente un recuerdo.
Bendiciones.

Por: Yvonne Bulnes

Tanatóloga
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