Hace unos días, conducía por la carretera de Culiacán a Culiacancito. En un momento dado la dejé, para adentrarme por un camino sin pavimento y sin alumbrado público. Me detuve frente a una casa de ladrillo rojo, una construcción sencilla de una sola pieza, sin muro ni jardín alrededor y seguramente sin aire acondicionado en el interior. Era la casa de Alejandro León. El dice que es escultor, pero yo digo que es mago – transforma piedras en fuentes, roca volcánica en jaguares y troncos de árboles en caballos.

Como irlandés, cuando viajo por Sinaloa, a menudo siento lo que debieron sentir los exploradores españoles: asombro y encanto. Me asombran las montañas de la Sierra Madre Occidental y me encantan los colibríes que vuelen alrededor de las bugambilias en mi jardín. Me asombran los enormes árboles de Ceiba y me encantan las hierbas silvestres que crecen a lo largo de las carreteras, cuya floración arroja un resplandor rosado bajo el sol poniente. Sobre todo, me asombran personas como Alejandro León. Viven una existencia humilde y, a pesar de los obstáculos en su camino, desarrollan sus talentos. Me encantan con los talentos que tienen y no quiero que siguen siendo desconocidas.

Alejandro, de 53 años, nació en Culiacán, y desde muy pequeño se sintió fascinado por el dibujo. Siendo joven se dedicó a esculpir piedra y madera para hacer pequeñas piezas de joyería. A los dieciséis años, una fábrica de muebles local, que había oído hablar de su trabajo, lo reclutó para esculpir muebles de madera. Permaneció en esa empresa durante unos tres años. Más tarde, se fue a vivir a Mission, California, donde trabajó durante 12 años en la empresa Avila’s Garden Art.

Alejandro me mostró el catálogo de la empresa con más de 200 páginas de fotografías de las piezas que produjo mientras trabajaba allí. Hay muchas fuentes, estatuas y personajes históricos, ángeles y, sus favoritos , los caballos. Con Avila’s Garden Art trabajó en piedra, pero sigue también tallando en madera, y me mostró un semental que talló recientemente en madera (ver foto). Lo hizo en solo tres días.

Alejandro me llamó la atención por su modestia. Sin capacitación técnica, pudo producir piezas de excelente calidad. Cuando observas de cerca al semental de madera, ves cómo usa hasta la veta de la madera para resaltar los músculos del animal.

En otro barrio de Culiacán conocí a Guillermo Terán, uno de los clientes de Alejandro. Guillermo está fascinado con la literatura y mitología griega y quería imitaciones del arte griego en su casa. Le mostró a Alejandro un libro con la imagen de dioses y musas griegos. Con eso como única guía, Alejandro produjo el bajo-relieve de tamaño natural que se puede ver en la fotografía. Cubre toda una pared. La base de la mesa del comedor de Guillermo está decorada con las cabezas de Zeus y Era, otra obra producida por la diestra mano de Alejandro.

Le dije a Alejandro que estas obras serían perfectas en el lobby de un hotel de cinco estrellas o en un restaurante lujoso. Pero Alejandro no destaca por la autopromoción. Simplemente sigue tallando porque es lo que ama hacer y le aporta algunos ingresos modestos.

En el jardín de Guillermo hay una escultura impresionante en roca volcánica, hecha por Alejandro. Es una cabeza de guerrero con casco en forma de águila (ver foto). Pensé que la roca volcánica era fácil de cortar. Cuando vi a Alejandro trabajar esa piedra me di cuenta de lo dura que es, tan dura que a menudo rompe sus herramientas. Alejandro ha tenido que mostrar la misma dureza cultivando, puliendo y subsistiendo de su talento, sin escuela, maestro ni vitrina.

Deseo que este articulo dé a conocer a mas gente el talento que tiene este Sinaloense. Tal vez, si  más gente lo descubriera, Alejandro vendería más y un día podría mudarse a una calle con alumbrado.

p.s. : Si usted siente el mismo asombro y encanto que yo cuando vea el caballo en la foto y quisiera comprarlo, le tengo una mala noticia: ¡Ya lo compré!

(Para mayor información, llame al Señor Alejandro León: 667 422 0574)

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