“Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda” 

 

Proverbio chino 

 

 

 

El enunciado, de arriba, -“¿A favor? O ¿En contra de la corriente?”-, lo hemos escuchado desde siempre, y en tono amenazador la mayoría de las veces. Tanto lo hemos oído, que forma parte de nuestro acervo sociocultural, al grado de que no vemos que puede haber otras opciones, que nos lleven a distintos y nuevos ríos, estanques y lagos, en los que podamos ser, hacer y tener por nuevas y diversas corrientes que la pregunta binaria del citado epígrafe.  

 

          Me viene al recuerdo una persona que, dialogando con su amigo, le comentó, en relación a un tema vital, que para el caso podría ser de índole política, económica, religiosa o sanitaria, que él prefería ir a favor de la corriente, y “ser como un pececillo que fluye por el río sin contratiempos”, aún y cuando el caudal lo llevase, junto con el cardumen, léase rebaño, a un destino tóxico, ignoto y quizás mortífero.  

 

         – La persona le dijo al amigo: prefiero ser un pececillo, que se deja llevar por la corriente, a un salmón que, como tú, va en contra de la corriente, exponiéndose a ser devorado por los osos, o dejar la piel y la vida en los golpes de agua contra las rocas…  

 

          – El amigo contestó: – ¿No crees que un pececillo, como yo, pueda nadar y fluir en otras corrientes, en otros canales, que también van a dar al mar? ¿Qué te hace pensar que no hay más que un sólo río?    

 

          – El otro rebatió… – ¡Es que tú tienes problemas con la autoridad! – No, dijo el amigo, en tono firme pero tranquilo, es la autoridad la que tiene problemas conmigo, pues no me alineo a sus dogmas. Es más ¿Quiénes son “La autoridad”? ¿La gubernamental, representada por unos seudo políticos que yo no elegí? ¿La religiosa?…¿Cuál de las más 5000 religiones que hay? ¿La científica, representada por la OMS y la industria farmacéutica? ¿La económica, en el poder -de facto- de los dueños del dinero? ¿La educativa? ¿Aquella que inculca en nuestros hijos lo que ellos deciden que conviene y lo que no? 

 

           

          No sirve de consuelo que se diga que siempre ha sido así, y que la opción, repito, binaria, es “la que hay”, es la del establishment, pues tu saber, tu entender y tu corazón te pueden decir que hay otras opciones; que sí existe el libre albedrío y que hay que ejercerlo y no seguir, a ciegas, los estrechos senderos que se nos marcan desde el podio de “La autoridad”.  

 

          Traigo a esta conversación un hecho que, históricamente hablando, siempre ha habido este tipo de preguntas binarias, en las diferentes sociedades, culturas, imperios y religiones, y seguramente por eso hay tantas guerras y tanta separación en el mundo. Sirvan, como ejemplo, las famosas “Guerras Santas”, que de santas no tuvieron nada… ¡Hubo millones de asesinatos! 

 

          En diálogos así, en claras confrontaciones, supuestamente racionales, de “tu verdad contra la mía”, difícilmente se llegará a un acuerdo. Además, no habría porqué hacerlo, pues en todo caso, como dice la frase aquella de los estadounidenses : “Let´s agree with disagree”, es decir: “Estemos de acuerdo con que podría existir el desacuerdo”.           

 

 

          Es difícil, pero no olvidemos que podemos conocer la verdad. A partir de ese conocimiento, debemos extraer las conclusiones y consecuencias adecuadas para la vida práctica, es decir, si es bueno o malo, si es lícito o no, y actuar en consecuencia. Porque solamente la verdad nos hará libres, la verdad que nos revele nuestro Ser. 

 

 

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” 

 

Juan 8:32-36 

 

 

 

Rubén Manuel Sañudo Gastélum. 

El autor es Coach y Consultor de Empresas. 

Correo: manuelsanudog@gmail.com 

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