Cuando cambias la manera en que contemplas las cosas,

las cosas que contemplas cambian”

Wayne W. Dyer

El modo en que vemos y conceptuamos a las personas, cosas y situaciones les infunden un influjo energético de un modo ú otro. Si cambiamos nuestro enfoque, esas situaciones, personas y cosas transmutan de forma y, deseablemente, del fondo también.

Wayne W. Dyer enuncia la frase con aparente simplismo. Aunque, al adentrarse en ella, veremos que el mensaje de la cita es de  muy profundo contenido.

Al posar nuestra atención hacia nuestro interior, y también hacia los objetos, situaciones o individuos – de manera conceptual, desde luego – creamos una corriente de pensamientos que se trocarán en actitudes y comportamientos. Es que, en buena medida, con nuestra visión tenemos la capacidad de inspirar y modificar la dirección conductual nuestra y ajena.

Si creemos que nuestra vida, la empresa o las personas son de un determinado modo, así actuaremos en consecuencia. Y a la inversa, esas personas, cosas y situaciones responderán en el sentido que lo manifestemos.

Me parece que tiene similitud con la tercera ley de Newton: “Cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto”. Esto es algo que podemos comprobar a diario en numerosas ocasiones, por ejemplo: cuando queremos dar un salto hacia arriba, empujamos el suelo para impulsarnos; la reacción del suelo es la que nos hace saltar a lo alto.

Si estamos en una alberca y empujamos a otro, nosotros también nos movemos, pero en sentido contrario. Esto se debe a la reacción que la otra persona hace sobre nosotros, aunque no haga el intento de empujarnos. Acción – reacción – acción… La vida es una cadena sinfín de actividad y reactividad.

En la película titulada “Persiguiendo un sueño” (“Dreamer”, en su título original en inglés) se da una escena muy emotiva en que la hija del criador de caballos le dice a su padre: “¿En qué te daña creer que la yegua vencerá en la carrera, que lo contrario? ¿Qué trabajo te cuesta creer que la potra ganará?, ella necesita saber que crees que puede ganar”. La anécdota parece fantasiosa, pero el criador cambió su visión, y la yegua ganó. A más de que no es tan fantástica, pues la película está basada en un caso de la vida real.

En esa anécdota se ejemplifica el poder de la visión: que si cambiamos la forma de ver las cosas éstas cambiarán también. No es una frase extraída de algún libro de ocultismo, es una verdad que han repetido un gran número de sabios a lo largo de la historia del pensamiento humano. Es la fuerza del creer y de la visual que se tengan de las probabilidades de triunfo.

En el libro de Wayne W. Dyer, “You’ll see it when you believe it”, el título lo dice todo: “Lo verás, hecho realidad, cuando creas en ello”, sería una traducción aproximada. No es ver para creer, es creer para ver que el pensamiento se convierte en materia, pues si la visión es de que no se puede o de que los otros no podrán, así actuaremos todos en una confabulación grupal de fracaso.

Vaya lo mismo para los hijos (olvidando lo relativo a las cargas genéticas): si nuestra visión, mensajes y educación son sobre una base positiva y exitosa crearemos las pre condiciones para que se faciliten sus victorias. Si hacemos lo contrario, así será el resultado: una serie de derrotas.

Para volver la hoja se empieza por el cambio que decidamos hacer en nuestras visiones de las personas y cosas.

Visualicemos la vida con positivismo y fe, y sin perder el piso firme ante lo que no tiene remedio, y si algo no tiene enmienda, pero nuestra visión de eso cambia, por lo menos tendremos la paz mental de no cargarnos de emociones negativas por aquello que no tiene posibilidad de mejoría.

“Ellos pueden porque piensan que pueden”

Virgilio

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