Estoy por llegar al sexto piso como ahora le llaman cuando cumples sesenta años y me encuentro con una diversidad de emociones.

Tengo la bendición de haber tenido cuatro hijos, de ser abuela, ver nacer a mis nietas y ser testigo del milagro de la vida, es ver nuestra esencia la cual es amor, eso somos, es poder contemplar a ese ser tan pequeño que no hace más que dormir, comer y llorar pero podría pasarme horas admirándola y llenándome de amor.

Van creciendo, descubriendo la vida recordándome cómo asombrarme ante pequeñas cosas. Hace poco estábamos siguiendo un camino de hormigas, persiguiendo lagartijas, acostarnos en el pasto y observar las nubes descubriendo sus figuras, sentir el aire acariciarnos, sentir el calor del sol pero lo más hermoso fue cómo volteábamos a vernos descubriendo y sintiendo juntas tantas maravillas y reír.

¿Por qué tenemos que crecer, por qué nos imponen tantas creencias de cómo debemos ser, de lo que es correcto y no?

Vamos educando como nos educaron o queremos hacerlo diferente, nos dijeron cómo tenemos que ver la vida, cómo actuar, les pedimos perfección en orden, en modales, en las notas del colegio, en educación y emitimos juicios sobre ellos y los demás porque no hacen las cosas como pensamos.

Queremos que sean exitosos y felices, esto significa que sean buenas personas, estudien, tengan un buen trabajo, dinero y una familia estable.

Y así transcurre la vida viviendo cada etapa haciendo esfuerzos, topándonos con adversidades, superándolas o cargándolas por mucho tiempo, trabajando hacia una futura meta perdiendo de vista el presente, a la gente que está a nuestro alrededor o a nosotros mismos.

En un abrir y cerrar de ojos se pasó la vida, los hijos crecieron, volaron, formaron su propia familia y yo veo la vida a través de ellos desde que sueñan con sus proyectos, son padres y empiezan a educar.

Me doy cuenta de cuántos errores cometí, de cuántos momentos me perdí, de cuánto me olvidé de mí y en ésta etapa de mi vida a los sesenta años o un poco antes aprendí que la vida pasó y hasta hoy puedo apreciarla, hoy veo todo lo que viví, superé, guardé, temí, no me atreví,  no disfruté, perdí, logré, aprendí, solté y amé. Envejecer es una recopilación de pérdidas físicas y emocionales lo cual es un proceso aceptarlas pero yo creo que las ganancias son mayores.

Hace poco me preguntaron que cuál época había sido la más bonita para mí y creo que cada etapa tuvo momentos hermosos, significativos a pesar de los problemas que tuve pero mi momento preferido es hoy porque soy el resultado de todo lo que viví y hoy tengo bien definido mi concepto de vida, de prioridades, de verdades.

Hoy me permito disfrutar la vida con cosas sencillas entonces agradezco.

Hay amistades que estuvieron un tiempo muy cerca de mí y ya no están, aprendí a soltar y a ser más selectiva con quién me relaciono.

Aprendí a decir no, a no hacer juicios y respetar la vida de los demás, cada quien hace su mejor esfuerzo, toma las mejores decisiones de acuerdo a las herramientas que tengan y a su historia de vida.

Aprendí que primero tengo que estar bien hoy para poder dar lo mejor de mi sin ser egoísta.

A los padres se nos va la vida criando a nuestros hijos con mucha responsabilidad y preocupaciones, como abuela equilibro la rigidez de su educación en brindarles mucho amor.

Aprendí a que las cosas pasan por algo, para algo aunque en el momento no lo veía, hoy analizo y si no hubiera pasado todo lo que pasé no habría tomado el camino que tomé.

Aprendí que Dios es amor que siempre está conmigo y he sido testigo de milagros porque hay cosas que no tienen explicación.

Llegar a la vejez es un privilegio porque la muerte toca la puerta y no respeta edad.

A pesar de que la belleza de la juventud se ha ido esfumando y  mi  energía no es la misma, los años me han brindado destellos de aprendizaje y hoy me siento más hermosa porque el valor de la belleza cambió, amada, auténtica plena y con mucha fé en mi Dios amoroso.

La muerte no me asusta, mi vida ha sido una preparación para  llegar a ella, para llevarme lo más hermoso que es el amor que di y el amor que recibí.

La vida es un ciclo, para unos dura poco tiempo, para otros más pero está la certeza de que todos lo vamos a terminar ¿Qué te quieres llevar?

Por: Yvonne Bulnes

Tanatología

yvonnerosadecristal@gmail.com

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