El dolor es parte de la vida, aunque es más fácil negarlo para evadirlo, pero ahí está, silencioso y latente desgarrando a ese corazón que sufre. Seguimos en esta pandemia que cambió nuestras vidas por completo, cambió al mundo como si estuviéramos soñando queriendo despertar y que esto haya terminado.

Nuestra realidad duele porque no es imaginario lo que estamos viviendo. La vida por si sola nos habla y este tiempo nos ha mandado mensajes a cada uno de los seres que habitamos la Tierra.

¿Has podido comprender cuál es tu mensaje? ¿Qué cambios ha habido en tu corazón? ¿Has perdido a algún ser querido, tu trabajo, tus sueños, la esperanza, la fe?

Si tuviste, aunque sea una pérdida hay dolor en tu corazón. El dolor destruye, desgarra, derrumba, pero cuando te hayas permitido sentirlo, vivirlo y sacarlo entonces es una oportunidad para valorar, aprender, resignificar y transformar en amor.

El dolor también es contagioso, si yo veo que sufres, me duele entonces hago algo para distraerte y no contactes con tu dolor. Esa distracción me ayuda a mí también y es porque no sabemos qué hacer con el dolor.

Yo trabajo con padres en duelo por muerte de un hijo y una característica en común es que ha habido familiares y amigos cercanos que se han alejado tras la pérdida del hijo. Esto ocasiona un peso más a ese dolor porque lo que esperan esos padres es esa cercanía, ese abrazo. Pongo este ejemplo, pero sucede también ante cualquier pérdida.

Yo trato de hacerles comprender, no se trata de justificar, que no sabemos qué hacer con el dolor, nos han enseñado que no debemos sentirlo como si fuera malo o nos hiciera daño. El dolor es parte de la vida, si te caes te puedes raspar o no duele, si hay algo mal en tu cuerpo, el dolor te avisa, si perdiste un ser querido duele el corazón y el alma.

No sabemos qué hacer con el dolor, si no sé qué hacer con el mío propio, cómo voy a cargar con el de la persona que quiero y está sufriendo. Lo que puedo hacer para no sufrir también es alejarme o porque no tengo las palabras para ayudarles.

Cuando hay dolor no hay ninguna palabra que mitigue el dolor, pero simplemente la presencia, abraza, ayuda, reconforta.

Hay que abrazar al dolor porque tiene un sentido, si sufres porque alguien a quien amas ya no está significa que amaste, por supuesto que hay dolor, es incómodo, pero está.

El dolor dura un tiempo y no podemos quitarlo de la noche a la mañana, es un proceso que vaya disminuyendo y es a través de permitirte sentirlo y es cuando vas a contactar con tus emociones: el enojo, la tristeza, el llanto, la culpa, la soledad, el miedo, etc. Reconoce tus emociones, vívelas y libéralas.

Recuerda, el dolor es parte de la vida, si haces una revisión, siempre ha estado en tu corazón. Si no te has permitido sentirlo es probable que haya situaciones dolorosas ahí guardadas que silenciosamente cargas. Nunca es tarde para sanarlas y resignificarlas.

El dolor cura el dolor, es incómodo, pero es la manera en el que lo liberas.

Hay una frase de Susana Roccatagliata que dice: “El dolor es como una piedra, o decides cargarla o decides hacer una escultura”.

¿Qué eliges?

Bendiciones

Por: Yvonne Bulnes

Tanatología

yvonnerosadecristal@gmail.com

Grupos de ayuda mutua Alejandra Renacer

 

  

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