“Nadie sufre dolor salvo cuando él mismo así lo decide. Nadie puede estar afligido, sentir temor o creer que está enfermo a menos que eso sea lo que desea. Jamás ocurre nada que no sea una representación de tus deseos, ni se te niega nada de lo que eliges”
Fragmento de UCDM

 

Casi siempre culpamos a los demás, a lo de afuera, al entorno, y hasta la mala suerte, de las enfermedades y dolencias que nos afligen. No obstante, es conveniente saber que la causa de la mayoría de los padecimientos de la vida moderna proviene de lo que pensamos… Vivimos en la Era del Estrés.

Seguramente el lector pensará que hay plagas, hambrunas y pobreza que mucho tienen que ver con los padecimientos. Sin embargo, si miramos la historia de la humanidad, veremos que muchas de ellos ‒ con excepción de la pobreza ‒ han desaparecido, al menos en los países desarrollados o en vías de serlo. Cuando en el pasado reciente ha habido ciertas pandemias, como la “Gripe Española” que surgió en 1918, la tasa de mortalidad alcanzaba el 2.5% de los que se afectaron, y 40 millones de personas de todo el mundo perdieron la vida. No hay que olvidar que en ese entonces no se contaba con antibióticos y que, a raíz del descubrimiento de éstos, en la actualidad no muere tanta gente por una gripa. Lo dramático del caso es que, sin tenerlo muy presente, el estrés mata más personas de las que imaginamos. A nivel mundial, la sola hipertensión arterial, cuyo origen principal es el estrés, causa la muerte de 7.5 millones de personas por año ‒ y que representan casi el 13% del total de las muertes ‒, de acuerdo a los datos de la Organización Mundial de la Salud. Uno de cada tres adultos tiene la presión alta.

El estrés es una invención nuestra, es nuestra propia epidemia moderna y ha sido asociado con casi todas las enfermedades de la sociedad actual. Es sorprendente la lista de dolencias y malestares producto de esta nueva plaga, como son las afecciones del corazón, el cáncer, la presión arterial elevada, el asma, lupus, artritis, fibromialgia y un largo inventario de achaques. Ni qué decir de los múltiples hábitos negativos que utilizamos como “medicina” anti estrés: excesos en la comida, la bebida, el tabaco.

Muchos científicos pregonan que, si han logrado vencer a la polio, la viruela y otras enfermedades contagiosas y mortales, ¿por qué no han podido acabar con el llamado estrés? Y la respuesta, afirman ellos, es que eso está en la forma en cómo nos relacionamos con el mundo desde dentro, y no en cómo el mundo externo se relaciona con nosotros. Cuando el médico controla una infección con un antibiótico, está atacando un invasor que vino de fuera del cuerpo; pero, en el caso del estrés, los efectos son fundamentalmente auto infligidos.

Tampoco es del todo seguro que se vayan a solucionar nuestros problemas y no tengamos situaciones desafiantes que enfrentar; pero, en realidad, el estrés es algo que nosotros mismos generamos dentro de nuestra propia mente. Para controlar los estragos del estrés es preciso que te comprendas mejor y no que – inútilmente, por cierto – trates de cambiar tu entorno.

En esencia el estrés en sí mismo no es tan malo. Se requiere de una cierta dosis energética de éste, puesto que es una especie de combustible para luchar o huir de situaciones ásperas; el exceso prolongado de este miedo intenso es lo que puede enfermar e incluso llevar a la muerte. Por ello, hay quienes dicen que existe el “Eustrés” (con el prefijo “Eu”, de la raíz griega que significa “bueno”), y que es positivo ya que sus sensaciones son de alegría y satisfacción, que es algo que nos permite enfrentarnos a nuestras tareas con regocijo.

Finalmente, a sabiendas de ser repetitivo, traigo de nuevo a cuento la famosa frase del filósofo griego Epícteto, quien dijo: “No son las cosas lo que inquietan al hombre, sino las opiniones de las cosas” … Una vez más, todo está en nuestra mente.

 

Por: Rubén Manuel Sañudo Gastélum
Coach y Consultor de Empresas.
manuelsanudog@gmaill.com
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