Los niños pueden estallar en rabietas cuando menos lo esperamos, sobre todo cuando son pequeños y su capacidad de verbalizar lo que sienten es todavía reducida. Todos sabemos que las rabietas son una parte normal de su desarrollo, pero lo cierto es que a veces puede resultarnos muy complicado manejarlas.

 

¿Qué es el frasco de la calma?
El frasco de la calma no es más que tarro de cristal lleno de agua con brillantina. Pero a efectos prácticos es mucho más, pues se trata de una herramienta que, bien empleada, puede ayudar al niño a calmarse y relajarse cuando lo necesita.
Aunque resulta especialmente útil para niños pequeños, el frasco de la calma podría ayudar también a los adolescentes con ansiedad o estrés, y a los adultos, como lo haría cualquier otro recurso de meditación o relajación.

 

¿Cuándo se utiliza?
Es muy importante señalar que esta herramienta no debe utilizarse jamás como un castigo o dentro de ese marco, sino que es un recurso basado en el respeto y el acompañamiento emocional.
De este modo, se le ofrecerá al niño cuando estalle en rabietas o en un enfado incontrolable. En esos momentos, el pequeño es incapaz de razonar o de escuchar, por lo que se requiere que previamente tome conciencia de su estado emocional, y a continuación se relaje con una herramienta que le ayude a canalizar su frustración.
El frasco de la calma también nos ayudará a los padres a relajarnos, además de permitirnos un acercamiento respetuoso a nuestros hijos en ese momento de tensión.

 

¿Cómo se utiliza? 
Rabietas
Cuando nuestro hijo esté nervioso o haya explotado en una rabieta o enfado difícil de controlar, agitaremos el frasco de la calma y se lo mostraremos con un doble objetivo:
Por un lado, le explicaremos que las emociones que en ese momento está sintiendo (miedo, rabia, ira, frustración, ansiedad, nervios, tristeza…) son como la purpurina que se mueve de manera incontrolada dentro del frasco tras agitarlo.
Son emociones normales que todos tenemos derecho a sentir en un momento determinado, pero que es necesario que poco a poco vayan volviendo a la calma para sentirnos bien y mantener el equilibrio (como hace la purpurina a medida que el agua se va calmando).
De este modo, el niño tomará conciencia de sus propias emociones y entenderá que no hay ninguna que deba reprimir o esconder porque todas forman parte de la esencia del ser humano. Pero sí es importante que no nos dominen y saber cómo controlarlas y gestionarlas.
Por otro lado, el efecto hipnótico de la purpurina moviéndose a través del agua y depositándose suavemente en el fondo, ayudará al niño a concentrarse, favoreciendo la relajación y su respiración profunda.
El niño nunca debe utilizar el frasco de la calma solo, pues cuando son pequeños necesitan el acompañamiento respetuoso de un adulto que les haga entender lo que están sintiendo. Y mientras acompaña y guía al niño, el adulto también podrá beneficiarse de los aspectos positivos de esta herramienta.
Una vez que el niño y el adulto se hayan calmado, podrán retomar la conversación que dejaron pendiente antes del enfado, y buscar soluciones a lo ocurrido desde la serenidad.

 

¡El frasco de la calma no es un castigo!
Tal y como hemos mencionado anteriormente, es muy importante recalcar que el frasco de la calma jamás debe ser utilizado como un castigo, o como una herramienta mientras el niño está apartado en “la silla o el rincón de pensar”.
Igualmente, incidimos en la importancia que tiene que los adultos actuemos desde la mayor serenidad y concienciación posibles, porque todos sabemos que los chantajes, gritos y amenazas no solo no ayudan a solucionar el problema, sino que son muy perjudiciales para el desarrollo del niño.

 

Cómo hacer tu propio frasco de la calma
Fabricar nuestro propio frasco de la calma no solo es algo muy sencillo, sino que es una manualidad fabulosa para hacer con niños. Eso sí, es muy importante realizarlo con mucho cuidado y extrema supervisión en todo momento, pues los materiales que vamos a utilizar son tóxicos.

Vamos a necesitar:
• Una botella de plástico transparente
• Agua templada o caliente
• Pegamento líquido transparente
• Brillantina del color que elijas
• Colorante alimentario para teñir el agua y silicón caliente para sellar el tapón y que el niño no pueda abrirlo.

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