“Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” Génesis 19:26″

El  el sobrino de Abraham, vivía en Sodoma: una ciudad llena de pecado. Y Dios decidió destruirla y también a la vecina Gomorra. Tan sólo se salvarían Lot, su mujer y sus dos hijas. La mujer de Lot fue ordenada que no mirara hacia atrás; pero lo hizo y se convirtió en una estatua de sal, al voltear a ver la destrucción de las ciudades pecaminosas”. 

El pasaje bíblico puede ser más una alegoría, que un relato histórico. Aun así, el mensaje insertado sigue siendo totalmente válido a pesar de los siglos transcurridos desde su escritura. Desde entonces, se nos decía que mirar hacia el pasado – especialmente a las cosas negativas o que representan apegos inútiles o cierres de capítulos – nos conduce a inmovilizarnos, como estatuas de sal, como a la esposa de Lot. 

Voltear al pasado tiene importancia y ventaja si lo aprovechas como lección sobre lo acontecido, ya sean episodios propios o ajenos. Pero, vivir en el pasado – de las experiencias amargas – te petrifica, te inmoviliza e impide que disfrutes del presente, que es el único momento real que tienes. El pasado no existe, más que en la medida en que lo tengas en los pensamientos. El futuro tampoco; no ha llegado, y no sabes cuánto de él te tocará vivir.

Entonces, ¿qué tiene de malo recordar los buenos momentos? Nada de malo tiene si te produce bienestar, reflexión, aprendizaje y hasta cambios en la química cerebral y física: está comprobado que los pensamientos positivos mejorarán tu salud mental y corpórea. 

Olvida el paradigma de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Y aunque lo haya sido, si antes eras rico y ya no; si tenías salud y estás enfermo; si había cariño en tu vida y ahora existe el desamor, de nada te servirá vivir en tiempo pasado, pues no existe más que en tu mente, si así lo permites. 

Procura, pues, cambiar tu presente y ser una persona más brillante. Cierto es que la capacidad de maniobra y de cambio se dificultan con la edad, pero echa mano de tu voluntad, de la energía de la Creación, y decídete a ser lo mejor que puedas con lo que tienes, con lo que eres y con quienes tengas a tu lado. Insisto en que nunca es demasiado tarde para cambiar.

Desafortunadamente las imágenes que más nos jalan hacia el pasado son las de la negatividad, básicamente las de odio, enojo o culpa, y que son destructoras de la salud. Hay médicos que afirman que muchos tipos de cáncer provienen de esos resentimientos que están atorados en algún lugar de tu mente y de tu cuerpo.

Habitar en el pasado hará que te pierdas del ahora y a desperdiciar la oportunidad de construir un mejor futuro para ti y, como consecuencia, para los que te rodean.

Es casi obligado, es como una responsabilidad social: que no contamines el ambiente con tus rancios pensamientos de lo que ya pasó y que no tienen remedio. Es tan absurdo como conducir un automóvil con la vista volteada hacia el cristal trasero: descuidarás el camino por venir, es decir, el futuro; no disfrutarás del viaje – que es el ahora – y muy probablemente te accidentarás en el trayecto.

El odio, la ira y el apego, sobre asuntos o personas que ya no están en tu vida actual y que, sin embargo, insistes en traerlos al presente, dañarán, amargarán tu existencia y acortarán tus años, si no en la cantidad de años, sí en la calidad de vida.

Te propongo que olvides lo que pasó. Regodéate, si quieres, y de cuando en cuando, en los momentos felices de tu ayer, pero evita viajar al pasado a revolcarte en el lodo de las emociones negativas. Para borrar de la memoria tu negativo pasado, el remedio es el perdón: perdona a los que te lastimaron, perdónate a ti mismo y líbrate de las culpas; así, desintoxicarás tu mente y tu cuerpo. Piensa que ésos, que consideras como culpables de lo que te pasó, ni siquiera se acuerdan de ello…Entonces, ¿por qué insistes en recordarlo? 

– “¡Ah!, ¿pero cómo los voy a perdonar?, si lo que quiero es ¡que sufran!…” podrías refutar. Olvidas que ellos no lo recuerdan; y a veces ni saben que te causaron un daño, o que simplemente ni les importa. Van por la vida y tan campantes. Es, por tanto, que el único que sufre ¡eres tú!

El perdón, en el fondo, es un regalo para ti. Es para que, al perdonarlos y perdonarte, te sientas mejor, a menos que quieras seguir en un atasco emocional que raye en el auto flagelo.

“Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá” Maurice Harold

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