La vida humana empieza desde la concepción, se gesta la creación del ser vivo más maravilloso del planeta y de la maquinaria más perfecta del universo; es desde mi humilde opinión el regalo más grande que puede tener una mujer. Desde ése mágico momento inicia un lazo único entre dos seres humanos: la madre y su bebé. Nadie ni nada suple un amor tan grande como el amor maternal, el más desinteresado e incondicional que existe.

La maternidad es un fenómeno sociocultural complejo que trasciende los aspectos biológicos de la gestación y del parto, pues tiene además componentes psicológicos, sociales, culturales y afectivos del ser madre que se construyen en la interacción de las mujeres con otras personas en escenarios particulares, es un proceso de distintos matices y construcción de vínculos.

Cada experiencia de maternidad es única y puede significar algo diferente para cada persona, no todas las mujeres desean ser madres, otras no pueden serlo, algunas más lo conjugan con el trabajo y habrá quienes solo desarrollen ese rol lo cual es cada vez menos común. La maternidad en sus principales etapas que son 6 marca la relación entre madre e hijo y dan la pauta para las bases de la formación de la futura persona, estas son:

La preconcepción, el embarazo, el parto, el posparto, el recién nacido y la lactancia. La maternidad es una época maravillosa que implica grandes retos para los involucrados. Es una etapa de cansancio, desvelo, molestias físicas, readaptación y lo que vaya surgiendo, el desafío hormonal para la madre es inédito y cada historia es diferente, desde la depresión posparto hasta quienes presentan una asombrosa recuperación dependiendo de diversas circunstancias o si ha sido parto natral o cesárea.

Por otro lado, las sorpresas cotidianas de esta nueva personita para su madre le dan un brillo inigualable a cada día de quien amorosamente le cuida: los gestos del bebe, sus reacciones al sonido, a las voces, a la luz, su expresión gutural, cada despertar trae una nueva experiencia en la cual el desarrollo del pequeño se da a pasos agigantados.

Soy partidaria de vivir los primeros años del niño lo más cerca posible, de experimentar en plenitud sus avances, logros, retos, pérdidas y ganancias. Cuando sembramos desde la infancia un enlace amoroso y de comunicación clara y asertiva podemos en la edad adulta tener una cercanía con los hijos natural y espontanea para beneplácito de nosotras las madres quienes cuidamos de ellos, los fuimos formando y educando,  los guiamos hasta su adolescencia y los acompañamos en su madurez, consejeras cuando lo piden, escuchantes cuando lo necesitan, pacientes el mayor tiempo posible y amorosas hasta el último momento de nuestras vidas. Ser madre es uno de los privilegios más grandes en la vida y el mayor regalo que Dios nos da.

Namaste

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