“Nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira”
William Shakespeare

 

El ingrediente principal en la toma de decisiones de negocios es la información que recibimos de la realidad. En la medida en que esa información sea fiel a lo que sucede en nuestro exterior, en ese orden ayudará al decisor a hacer mejores juicios.

Pero, ¿cuál es la realidad?… La verdadera, no la que nos formamos en nuestras mentes. ¿De dónde y cómo se obtienen los “datos duros” de lo que sucede en el interior de la empresa y fuera de ella?, que es la información que nutrirá nuestra percepción de lo que indudablemente es real.

La realidad, lo que ciertamente es innegable, está afuera de nuestro cerebro. Es lo que tiene existencia efectiva y verdadera. Y, ¿cuál es La Verdad? Todos creemos poseerla y, seguramente, todos también – si acaso – tenemos trozos de ella.

La Verdad es la cualidad del juicio que no se puede negar racionalmente. Sin embargo, la razón se alimenta de percepciones; las que, a su vez, provienen de las impresiones que nuestros sentidos nos transmiten del mundo externo, lo que finalmente nos concede un “conocimiento” del mismo. Y que puede estar deformado por la alteración o defectos en nuestros sistemas sensoriales, entre otras muchas causas de distorsión.

A más de que esas impresiones luego pasan al cerebro que los filtra y los procesa cuadrándolos en nuestros viejos – y supuestamente probados – marcos de referencia y paradigmas. Es decir, que corremos el riesgo de creer como verdadero sólo aquello que mental y anímicamente nos acomode.
Incluso el conocimiento de algo no es suficiente. No basta con saberlo, hay que sentirlo, puesto que los sentidos son los conductos que llevan la información al cerebro. Tomemos por caso el que todos tenemos la noción de que la tierra es redonda, pero… ¿realmente así lo sentimos en nuestra vida cotidiana?

En el viaje de la información, del exterior a los sentidos y a la razón ― para complicar más el asunto ― pueden existir diversos intermediarios que, “de mano en mano y de boca en boca”, van traspasando y desfigurando más aún el contenido informático, premeditadamente o no, en su trayecto hacia los círculos de poder en donde se toman las decisiones trascendentales.

Si a eso le añadimos las aludidas barreras y obstáculos de la comunicación interpersonal, como lo son: los arquetipos religiosos, los valores o antivalores individuales, la semántica, los prejuicios raciales, sociales y culturales, las emociones como el miedo o los sentimientos negativos como la soberbia, resulta evidente que los líderes de la empresa deben de estar desprovistos de erróneos sentimientos y negativas emociones, frente la multitud de datos que reciben.

Se debe, también, tener una buena apertura de mente, para escuchar a todos, y el juicio bien equilibrado, para no creerse de lo malo y para quedarse con lo bueno. Esto es lo que evitará que caigan en el encapsulamiento de no recibir información, o de recibir sólo la que a sus subalternos les conviene que tomen.

El tener la mente alerta les ayudará a tomar mejores decisiones… si es que sostienen en equilibrio su juicio, para discernir lo que es real y lo que no. Además de la humildad suficiente como para aceptar que nadie es el dueño de la Verdad Absoluta… ¡nunca!

Razón de más para que el Director sea hábil para trabajar en equipo y de rodearse de gente que le ayude a percibir, lo más fidedignamente posible, una realidad más completa.

Si estas ideas sobre lo que es la percepción de la realidad, las llevamos al espacio del personal que labora en la empresa, de los accionistas, los proveedores, las autoridades y – muy en especial – de los clientes, habremos de aceptar la gran trascendencia que tiene el saber el qué, cómo, cuándo y a quién enviar información.

Consideremos, finalmente, la gran responsabilidad que tienen ― frente de sí ― los medios de comunicación en general, de cara al público que los lee, los escucha y los ve.

 

“Percepción mata realidad”, dice un refrán popular.

 

 

 

Por: Rubén Manuel Sañudo Gastélum
Coach y Consultor de Empresas.
manuelsanudog@gmaill.com
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