Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”

Mark Twain

La contabilidad -o llevar registros estadísticos- es una actividad tan antigua como la propia Humanidad. En efecto, desde que el hombre es hombre, y aun mucho antes de conocer la escritura, ha necesitado llevar cuentas, guardar memoria y dejar constancia de datos relativos a su vida económica, su patrimonio, los acontecimientos sociales, de negocios, guerras, accidentes, enfermedades y cuanto asunto sea posible de medir. Hasta récords mundiales, que por absurdos que nos parezcan, muchos están compilados en el famoso Libro de los récords Guinnes.

Se cree que la historia de la estadística comienza alrededor de 1549, aunque con el tiempo ha habido cambios en la interpretación de la palabra “estadística”. En un principio, el significado estaba restringido a la información acerca de los estados, luego fue extendido para incluir toda colección de información de cualquier tipo, y más tarde fue agrandado para incluir el análisis e interpretación de los datos. La estadística reúne, clasifica y recuenta todos los hechos que tienen una determinada característica en común, para poder llegar a conclusiones a partir de los datos numéricos extraídos.

Han pasado casi cinco siglos desde ese comienzo y las herramientas de medición han sido perfeccionadas y automatizadas, pero no por ello necesariamente reflejan la verdad de lo que sucede, de lo que se pretende medir, y a las conclusiones que nos quieren inducir a llegar.

Imaginemos, por un momento, que las estadísticas, los números, que nos sirven para estar informados y tomar decisiones, son reales y muestran la verdad de lo que sucede en el mundo, en el país, en la empresa o en la familia, pero aún así encuentro una deficiencia informática.

El gran público somos “informados”, de fuentes oficiales, como la OMS, la ONU, la FAO, el FMI, el INE, el INEGI y un sinnúmero de surtidores de información (de las que se nutren las noticias fake) que llevan un propósito específico: envolvernos en su relato que, en buena medida, está manejado por los grupos de poder que quieren influir (“informar”) en la población, por no decir al gran rebaño.

Desde principios del 2020, la mayor cantidad de datos estadísticos que se publican han girado sobre, el tan traído y llevado, tema del COVID-19, de los contagios, confinaciones, defunciones, número de vacunados, y por vacunar, en un relato mono temático que ha generado más muertos en vida, por depresiones, pérdidas de trabajo, estrés, hambre y problemas sociales. Y sin profundizar en los trasfondos políticos e ideológicos, que influyen en la difusión y manejo de esa comunicación… “Los otros datos”

Llama la atención que varios periódicos ofrezcan, reiteradamente, un recuento de los contagios, defunciones y vacunados, como si fuera el único indicador del acontecer nacional y mundial. En ese relato predominante, se olvidan de los otros números que hablan de tragedias y fallecidos, que son mucho más grandes que las del COVID-19… Veamos unos pocos:

– La peste negra: 200 millones, en el siglo XV

– La Gripe Española: 50 millones, en 1916-1920

– La Segunda Guerra Mundial: 60 millones (más de la mitad eran civiles)

– Muertes por hambre en el mundo: 9 millones, según proyecciones de la FAO para el 2021

– El mayor genocidio de la historia: 70 millones, por Mao Tse Tung (de 1949 a 1976)

– Muertes por cáncer: 10 millones, en el 2020

– Niños desparecidos en el mundo (con siniestros propósitos): 13 millones, en el 2020

– COVID-19 (18 de junio del 2021): 4 millones en el mundo, de los cuales 230 mil en México.

En un vistazo rápido a los números se desprende lo obvio -y no por ello menos triste y deprimente-, que 4 millones de muertes por COVID son el 0.00052 por ciento de la población mundial y que, en el caso de México, 230 mil fallecidos equivalen al 0.0018 por ciento del total de mexicanos.

Duele aceptar que haya tantas muertes provocadas por enfermedades y asesinatos, pues detrás de cada número hay una persona, y sus familiares, con desventuras muy profundas.

Esos otros datos, al menos del 2020 a la fecha, han quedado en el olvido; no sugiero estar recordando tragedias, pero sí debemos tener una visión más global, con perspectiva histórica, y no estar atados a un único tema que, por razones políticas, económicas, religiosas y seudo científicas, nos lo endilgan diariamente con el, no tan velado, propósito de causar miedo en el rebaño.

La multitud es un dócil rebaño, incapaz de vivir sin amo”

Sigmund Freud

Por: Rubén Manuel

Sañudo Gastélum

Coach y Consultor de Empresas.

manuelsanudog@gmaill.com

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