Aunque hay una diferencia entre pensamiento, emoción y conducta, son tres aspectos psicológicos íntimamente relacionados, de tal manera que un cambio en alguno de ellos producirá cierta modificación en los otros dos. Se dice que el pensamiento es más importante que las emociones, ya que es decisivo en el cómo nos sentimos y en el cómo actuamos.

Con el pensamiento damos sentido e interpretamos el mundo que nos rodea. En función del sentido -o interpretación- que le demos al mundo, y sus acontecimientos, crearemos nuestra realidad de una forma u otra. De modo y manera, que corremos el riesgo, y de hecho muchos caemos en eso, de ser reehenes de las emociones, perpetrando pensamientos del pasado que se trocan en trastornos, sufrimientos y malestares; que, de no hacer algo para remediarlo, podemos enfermar, gravemente incluso.

Sobre este tema, el Dr. David Hawkins escribió, en su libro “Dejar ir” un interesante y eficaz método para empezar “El camino de la liberación” (sic) Traigo a cuento lo que escribió el Dr. Hawkins, en lo relativo al manejo que comúnmente hacemos de las emociones negativas, pero que si acaso tan sólo atenuamos sus efectos perniciosos.

Ante una emoción negativa, con su frecuente malestar, reaccionamos de tres maneras:

– Expresando el sentimiento; ya sea quejándonos, compartiéndolo con alguien, llorando en hombro ajeno o hasta agrediendo al otro, verbal o físicamente.

– Suprimiendo la emoción; es decir, callarla, llorando por dentro, tragarse el sentimiento y/o…

– Evadiendo el sentir; ya sea “olvidando” (y muchas veces no hay tal olvido) cambiando de pensamiento o -lo menos deseable- fugarse por medio de evasiones dañinas, como las drogas o el alcohol.

Cualquiera de las tres reacciones no corrigen realmente el malestar emocional y corporal, cuando mucho -usando alguna de las tres o una combinación de las mismas- se “le bajan rayas” al problema de manera momentánea, pues las emociones y sentimientos raíz seguirán ahí, con el caudal de pensamientos asociados a ellos. En otras palabras, puesto que las emociones persisten, por más que las expresemos, suprimamos o evadamos, los pensamientos asociados seguirán en el programa mental correspondiente, por la presión acumulada de las emociones. Pondré un ejemplo: el sentimiento de tristeza, por la muerte de un ser querido, está generado por el recuerdo que tenemos en la mente de esa persona.

¿Qué hacer entonces? ¿Para soltar, dejar ir, liberarse de las emociones y sentimientos que producen malestar?, pues ya he relatado que no basta con expresar, reprimir o escapar, hay que cavar hondo e ir a las emociones recónditas, que están profundamente ocultas en el subconsciente.

La propuesta del Dr. Hawkins va en un sencillo pero poderoso mecanismo, que lo titula “Dejar ir”…

“Dejar ir implica ser consciente de un sentimiento, dejarlo crecer, permanecer en él y permitir que siga su curso sin querer que sea diferente ni hacer nada con relación a él. Significa, simplemente, dejar que el sentimiento esté ahí y centrarse en dejar correr la energía que tiene detrás. El primer paso es permitirse sentir la sensación sin resistirse a ella, sin expresarla, temerla, condenarla ni aplicarle un juicio moral.

Abandonar el juicio y ver que solo es una sensación. La técnica consiste en estar con la sensación y entregar cualquier intento de modificarla. Soltamos la resistencia a ella. Es la resistencia la que alimenta la sensación. Cuando dejas de resistirte o de intentar modificarla, pasas al próximo sentimiento, que vendrá acompañado de una sensación más llevadera. Una sensación a la que no te resistas desaparecerá a medida que se disipe la energía que la sustenta. Al comenzar el proceso, te darás cuenta de que sientes miedo y culpa por tener ciertos sentimientos; en general, habrá resistencia a sentirlos. Es más fácil permitir que surjan los sentimientos si primero se abandona la reacción a tenerlos. El miedo al propio miedo es un claro ejemplo de esto. Suelta el miedo o la culpa que tienes con respecto del pensamiento”

Como todo proceso de sanación, requiere de práctica y disciplina, incluso a lo largo del día y no nada más de vez en cuando, lo que requerirá de nosotros que pasemos a ser observadores de nuestros acontecer cotidiano, de lo que sentimos, pensamos y hacemos.

Algunos de nosotros pensamos que al aferrarnos nos hacemos más fuertes, pero a veces es el dejar ir lo que nos fortalece”

Herman Hesse

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