Tus sentimientos te hacen sentir apetito por ciertos alimentos. Saberlo te ayuda a conocerte y también a elegir los ingredientes que te hacen sentir bien.

¿Alimentas tus emociones o los alimentos crean tus emociones? Si analizamos la gran cantidad de publicaciones científicas que hay sobre este tema encontramos que la relación entre lo que como y lo que siento es bidireccional.

Esta relación en ambos sentidos es una “bola de cristal” que, por un lado, nos muestra lo que realmente sentimos observando qué comida nos pide el cuerpo, y por otro, nos ayudará a sentirnos mejor si comemos cierto tipo de alimentos.

¿QUÉ EMOCIONES TE LLEVAN A COMER LO QUE COMES?

  • Lácteos: El deseo de leche, yogur cremoso, helados, batidos y quesos sugiere, por ejemplo, que se anhela calma y confort. Son alimentos que se asocian a lo que siente el bebé al estar en los brazos de la madre. Este afecto adictivo y relajante se debe a que la leche contiene péptidos con efectos opioides como la casomorfina. Estos péptidos tienen una estructura muy similar a la de las endorfinas, que se encuentran en la leche materna y son producidas por el propio organismo, y que generan una sensación de bienestar.
  • Azúcar o alimentos dulces. Se asocian al deseo de tener amigos, amor y sentir más amabilidad. Los efectos emocionales del azúcar están reflejados en múltiples publicaciones científicas. Es de sobra conocido el efecto adictivo,debido a su acción sobre el sistema opioide endógeno que produce una sensación temporal de bienestar. El incremento de los niveles de glucosa en sangre también se relaciona con la sensación de disponer de más energía.
  • Alimentos con harinas. El deseo de bocadillos, pizza y pasta indica que los sentimientos que predominan son soledad, tristeza o incluso depresión. Esta relación se basa en un efecto similar al del azúcar: son carbohidratos de cadena simple que acaban aumentando los niveles de glucosa en sangre. Pero, como en el caso anterior, eso provoca una sensación de bienestar y energía que es solo temporal. Además, el gluten de estos alimentos tiene un efecto depresivo, según un estudio publicado en Alimentary Pharmacology & Therapeutics.
  • Alimentos crujientes. Sean saludables (manzanas) o no tanto (patatas fritas), el apetito por ellos refleja frustración, enfado e ira, emociones muy ligadas al estrés. Al masticar alimentos crujientes se desbloquea y relaja la mandíbula, una zona que acumula muchísima tensión cuando estamos estresados, enfadados o rabiosos. Esta distensión va acompañada de una sensación emocional de relajación.

TU APETITO REVELA TUS SENTIMIENTOS

En ocasiones podemos pensar que hemos superado una emoción porque no la expresamos. Pero esta falta de expresión, sea porque preferimos disimular o porque pensamos que es negativa, hace que quede bloqueada y, de forma inconsciente, condiciona nuestra forma de vivir. Los antojos irrefrenables que experimentamos son nuestro aliado para descubrir qué se esconde en nuestro inconsciente.

Cuando no sabemos qué sentimos o nos sentimos en un caos emocional, una buena manera de obtener información es parar un momento, respirar y ver qué nos apetece comer. Porque ese antojo hacia cierto tipo de alimentos seguro que nos está dando una idea de qué emoción es la que está encubriéndose y dominando la situación que vivimos.

 

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