He descubierto cuanto trabajo me cuesta hacer cosas diferentes en mi rutina diaria, me considero un espíritu aventurero, un factor de cambio, pero como me ha costado sentarme a escribir estas líneas, veo que tiene que ver con el hecho de reunir la valentía suficiente de encarar todo lo que estoy sintiendo, esto nos pasa a todos en alguna forma o sentido.

El gran problema de resistirnos al cambio como humanidad no solo tiene que ver con nuestros sistemas de creencias donde sin darnos cuenta siempre estamos buscando lo conocido que nos hace sentir seguros (aunque no sea así), porque en realidad no sabemos lidiar con nuestras emociones.

A nivel colectivo el hecho de sentir se relaciona con un acto de vulnerabilidad, desde un sentido negativo, dime que de malo tiene sentir, si en tu humanidad viene incluido un paquete de emociones.

Que no te das cuenta de que cuando te niegas a sentir, estas negando una parte de ti mismo, es un auto rechazo, estás  dejando de amarte, de reconocerte.

Aferrarse a lo malo conocido supone renunciar de antemano a lo bueno, a lo distinto por llegar.

Es dejar que el miedo sea el conductor de mi vida, el organizador de mi cotidiano es permitir que el miedo sea el techo que no me deja crecer, aferrarse a lo conocido, aunque sea malo, es conformarse y es renunciar a lo posible, es encerrarse y tirar la llave, es renunciar a la aventura, es dejar mi vida a merced de los demás.

Si te despiertas todos los días en la madrugada y no sabes porque es, lo más probable es que tu SER te está pidiendo que conectes contigo mismo, que conectes con tus dolores y los sientas, que conectes con tu grandeza y la asumas, que hagas frente a todo lo que está dentro de ti que no te das permiso, ni a ver ni reconocer, cuando te das permiso a sentir, a sentirte, vas así abriendo paso a una versión maravillosa mejorada y desconocida para ti.

Dime cuantas  veces haces lo mismo, piensas, comes, hablas de lo mismo, reaccionas de la misma forma siempre, te pones el mismo estilo de ropa, que te intoxicas de lo mismo y a esto me refiero a que te sometes a relaciones infelices, a trabajos que matan a tú espíritu, a pretensiones superficiales, a comer comida vacía.

Y cómo no estoy dispuesto a vivir nada de lo que sucede dentro de mí, pues hacer esto significaría avanzar, seguir, prosperar, hasta incomodarme un poco para estar mejor, más eso sería cambiar y abrirme a lo desconocido.

Dice un viejo dicho “más vale malo por conocido que bueno por conocer” tremenda creencia colectiva que nos impide crecer.

A veces, cuando nos aferramos a una relación de pareja que para nada nos compensa, cuando creemos que mas vale sentarnos al lado de alguien, que quedarnos con uno mismo, cuando tratamos de convencernos de que mas vale mal-acompañado que quedarnos, por un tiempo, solos, estamos viviendo con la luz interna apagada.

El miedo es tan humano, tan radicalmente humano que está presente en nuestra vida desde el minuto uno hasta el último. El miedo es inevitable, no te avergüences ni pretendas vivir sin él, es parte de tú humanidad.

Tienes miedo porque eres real, tienes miedo porque estas vivo, tienes miedo ¿y qué? Se consciente de ello y vívelo, siéntelo. El miedo es una experiencia humana que nos conviene ir aprendiendo a gestionar, a torear, a enfrentar, a sobrellevar unas veces mejor y otras peor.

Tenemos toda la vida para aprender a tolerarlo como presencia no muy grata pero inevitable; aprendamos a aceptarlo como compañero de viaje, como un gran maestro, pero no dejemos de viajar la vida, no apagues tú luz.

Si no sabes como gestionar tus emociones, hay muchísimas herramientas y ayuda, ábrete a las nuevas oportunidades.

Te invito a mis sesiones privadas y talleres.

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Con amor Karla Rochín.

Por: Karla  Rochín del Rincón

Lic. Ciencias de la Comunicación, Psicoterapeuta Gestalt, Instructora Certificada Thetahealing.

Info. (668) 832-9863

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