La vida está llena de pérdidas de todo tipo, materiales, de salud, trabajo, autoestima, divorcio, etc., pero la más dolorosa es cuando muere un ser querido. 

Ese ciclo de vida que nos han enseñado no es real porque la muerte llega a nuestra vida desde abortos espontáneos  y en cada etapa de ésta.

Nos da miedo hablar sobre la muerte como si no tocáramos el tema no fuera a llegar, es como mantenerla lejos pero no es así. Llega algunas veces inesperadamente y otras después de alguna enfermedad.

No importan las circunstancias, el dolor se presenta y nos desgarra el alma, todo duele, hasta respirar duele.

Dicen que la pérdida más dolorosa es la muerte de un hijo, yo la considero una de las más dolorosas porque para mí si hay otra como cuando desaparece un ser querido y no volvemos a saber de él.

Pero hoy quiero hablar sobre la muerte de un hijo y el dolor de su trascendencia que es tan fuerte que nos volvemos sobrevivientes. Cuándo nos vamos  a imaginar que un hijo nuestro va a morir antes que nosotros si a los hijos les toca vernos partir.

Les quiero compartir un texto que en algún momento me mandaron, desconozco al autor que nos describe perfectamente.

CUANDO MUERE UN HIJO…

“Se siente enloquecer. Los amigos se vuelven extraños y los extraños amigos. La familia incluso, parece distante. 

La religión, las creencias, todas tus ideas, todo tu mundo se replantea.

A veces nos podemos acercar, a veces simplemente decidimos alejarnos.

Tus emociones son una montaña rusa.

Al recordarlo, puedes reír y llorar en cuestión de segundos.

Aprendes a valorar cosas que antes no te importaban.

Puede que aprendas a hacer cosas nuevas.

Puede que cambies tus prioridades, tu trabajo, tus amigos, todo.

CAMBIASTE TOTALMENTE, es una profunda transformación, ya no eres el mismo.

Y NUNCA MÁS SERÁS EL MISMO.

Ningún consuelo es suficiente, olvidar, no es un camino, superar, no es un camino, ¿aceptar lo que no tiene remedio? –QUÉ DURO… ¿NO?

Re- aprendes a sonreír, re-aprendes a vivir, re-aprendes a soñar, re-aprendes a creer, re-aprendes quién eres y poco a poco el rompecabezas de tu vida toma forma, pero ten presente que cuando termines de armarlo, siempre, SIEMPRE, faltará una pieza, que no está perdida, que forma parte de ti y tiene nombre y apellido.

Eres un ser nuevo, todo el que realmente quiera conocerte habrá de aceptarte con esa pieza faltante, que ha sido responsable de en lo que te has convertido. Tu hij@, sin duda estará orgulloso de ver que de tu transformación ha surgido una mejor versión de ti mismo, de modo que no tengas miedo, lo que vives es normal, todos los padres de ángeles pasamos por eso, se indulgente contigo mismo, TU ANGEL TE COMPRENDE Y TE AMA, cree lo que quieras creer, siente lo que quieras sentir y ORGULLOSA DE TU ÁNGEL, a todo el que no te comprenda deséale que JAMÁS PUEDA COMPRENDERTE.”

Si tú perdiste un hijo te identificas con este texto y si no lo has vivido y tienes a algún ser querido cerca que ya lo vivió podrás comprenderlo mejor.

Los padres que hemos vivido ésta terrible experiencia nos toca el corazón y el alma pero no termina ahí, nos toca aprender a vivir sin ese hijo, vivimos una transformación, no volvemos a ser los mismos y aunque pase el tiempo porque no importa si ya murió desde hace un año o veinte, siempre los recordaremos.

Si escuchas que nombro a mi hijo no pienses que no lo he superado, hablar de él y sus recuerdos es sentirlo vivo y tampoco tengas miedo de hablar de él, es un bálsamo al alma, una melodía para el corazón, es sentirlos vivos y presentes en los corazones.

El amor por un hijo es tan grande que trasciende dimensiones y tiempo, el amor es espiritual y es eterno, ellos son amor.

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