Asi como las personas vamos cambiando, nuestras relaciones también, algunas se fortalecen, se intensifican o incluso terminan. Si algo nos cuesta a las personas es la relación con los demás, las emociones juegan un gran papel y las decisiones se van dando a veces maduramente, otras de forma impulsiva.

Si mantenemos buenas relaciones familiares y de amistad no hay ningún cuestionamiento, pero ¿qué pasa cuando estas terminan? Nos asaltan las culpas y las dudas, ¿Por qué han dejado de funcionar? Hay ocasiones en que nos esforzamos al máximo y buscamos las formas de rescatarlas, sin embargo se cierran los ciclos sin poder dar marcha atrás.

Es fundamental conocer las causas para encontrar respuestas, así se sufriría menos; hay frases como “cuando los problemas entran por la puerta, el amor sale por la ventana”, pueden ser relaciones de hermanos, pareja, amigos, padres, cuando se multiplican las fallas entre las partes involucradas las oportunidades para recobrar la estabilidad y la calma disminuyen. Por lo tanto se hace más difícil recuperar la confianza, los afectos y las fisuras emocionales se pueden convertir en fracturas complicando la reconciliación.

Es de todos bien sabido que todas las relaciones tienen sus retos, uno y muy importante es la forma de comunicarnos; no somos perfectos, es común y natural tener diferentes puntos de vista y es la manera en que manejamos estas diferencias las que conducen al conflicto. La actitud, las reacciones, las suposiciones, el tacto con el otro, marcan la diferencia. Los problemas de pareja en un alto porcentaje no se resuelven, aceptar que los retos cotidianos son parte integral de la relación puede ayudar al dialogo descubriendo las causas que podría haber detrás del enojo, el llanto, la agresión o la reclamación.

SI bien no es fácil encontrar las causas que podrían ser la soledad, el rechazo o la indiferencia por ejemplo ya puestas las cartas sobre la mesa pueden llegar los tiempos de los acuerdos, la reflexión, el análisis de la conducta y poner remedio a lo que tanto duele.

Uno de los caminos que ayuda pasado el conflicto es hablar desde el corazón, de los sentimientos, mirando a los ojos, abriendo la conexión emocional que ayuda a reafirmar nuestra condición de humanos que se equivocan, que sienten, crear atmosferas de empatía que calme los ánimos y abra frecuencias de confianza y sobre todo de perdón.

Comunicar lo que sentimos con honestidad da un profundo bienestar en lugar de repartir culpas, victimizar la situación o tener actitudes justicieras o arrogantes que no nos conducen a suavizar, resolver y responsabilizarse de las circunstancias adversas que de alguna manera incluso inconscientemente hemos creado.

Cuando en las relaciones se incluyen la gratitud, el afecto y el respeto hay más resistencia a las adversidades, se vive más sano, más feliz y es por último la mejor inversión que se puede tener para relacionarnos con lo demás. Si mínimamente lo hacemos por conveniencia propia para crear ambientes agradables ¿cuanta más ganancia si lo hacemos por convicción de hacer vidas más resilientes y asertivas? Ánimo estimado lector que una de las grandes riquezas de la vida es mantener relaciones bellas y duraderas que enriquecen nuestros días con su compañía.

Namaste

Por: Paty Maytorena

Yoga Terapia

patymaytorena@hotmail.com

Cel. (667) 751-2884

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